Entre el DRAE y el DA, el DPD representa una tercera posición, favorable desde el punto de vista de la América hispana: El DRAE, o sea el Diccionario de la Real Academia Española, implica una visión de la lengua común desde la perspectiva de la Península Ibérica, no obstante la considerable cantidad de americanismos que su última edición (de 2001) incluye. El DA, o sea el Diccionario de americanismos -en preparación- contendrá, en cambio, el acervo de lo que hoy algunos llaman español meridional (no sé qué de meridional puedan tener, por ejemplo, países como Méjico o Cuba).
Dijo Jean Cocteau: «Nuestra época es letrada pero inculta». Haber adquirido el dominio de los signos del lenguaje, saber escribir palabras y oraciones no determina el nivel de cultura de una persona ni sus verdaderas competencias lingüísticas y sociales.
Los amantes del idioma ven con perplejidad como desaparecen los artículos determinados que preceden a algunos nombres propios. El de las Naciones Unidas es uno de los casos más sorprendentes: «El presidente Bush discrepa de la línea de Naciones Unidas». La caída de estos artículos se producía ante los nombres de empresas y ante las siglas, pero no era habitual en el caso de organismos. Decimos Planeta, Gas Natural y Seat sin artículo - aunque la fábrica siga siendo la Seat y el coche el Seat-, pero usamos el artículo ante la UAB, la Generalitat o el Cesid.
Cuatro jinetes tiene la lengua, nuestra lengua materna: el verbo y el adverbio; el sustantivo y el adjetivo; los dos primeros sirven para la narración, los otros dos para la descripción y, los cuatro, sirven para la argumentación, que es saber codificar y decodificar. En estos procesos está la lengua viva, la de la comunicación.
Una mañana de noviembre del 2001, Andrés Trapiello se embarcó en uno de esos proyectos que le han dado fama de trabajador infatigable. Durante todos los días de un año, escogió al azar cinco páginas de su viejo Diccionario ilustrado de la lengua castellana de Saturnino Calleja (1919) para extraer las entradas que, por algún motivo, le llamaban la atención y después glosarlas en una serie de aforismos que fueron apareciendo semanalmente en el diario La Vanguardia bajo el epígrafe El arca de las palabras.
Ya no se oye tanto, ya no se dice tan a menudo, ya no lo leemos como hace un tiempo. A lo mejor es porque uno se acostumbra a todo, aunque sea una clara y absurda cacofonía, y entonces sería más grave. Pero, sí es cierto que desde hace unos años, demasiados ya, existe una absurda tendencia en el uso del lenguaje, oral y escrito, que pretende no discriminar por razones de sexo el contenido gramatical del hablante o escribiente. Absurdo.
Lo que empezó como una forma de comunicación entre jóvenes, se ha convertido en una herramienta cada vez más usada en el mundo ejecutivo. En 1997 en Zacatecas, y durante la realización del Primer Congreso de la Lengua Española, profético, el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, habló en su conferencia magistral que fue incendiaria, de «jubilar la ortografía», por considerarla obsoleta y ya rebasada por otros lenguajes que hoy desgraciadamente, están más vivos que nunca. La propuesta de García Márquez fue tomada a «vacilada» y estuvo un tiempo en el candelero periodístico; luego, fue condenada al olvido.
El secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, el puertorriqueño Humberto López Morales, apeló al «liderazgo cultural» de España para que el castellano crezca y lo hable «dentro de tres o cuatro generaciones» el 10 % de la población mundial.
Han pasado 130 años desde que Graham Bell, legó al mundo la comunicación por teléfono, desde entonces la evolución ha recaído en los celulares, hasta el contacto por internet; herramientas que han facilitado la vida de todos.
La invasión del lenguaje deportivo en diferentes áreas de la sociedad, básicamente la economía y política, acreditó en Valladolid el filólogo Jesús Castañón durante su participación en una conferencia organizada por la Fundación del Español Urgente (Fundéu), auspiciada por la Agencia Efe y el BBVA.
Si la pasión por el béisbol no se despierta en nuestra infancia es muy difícil que sea adquirida después. Quizás el deporte más complicado en cuanto a reglas tenga que ser recibido de manera paulatina, cuando nuestro disco duro está casi vacío. Diferenciar entre un batazo fair y un foul, entre un strike y una bola no es algo muy claro para quien jamás ha tenido relación con el juego.
Hay veces que dos grandes significados están representados por dos palabras que se parecen mucho. Hoy nos fijaremos en dos palabras que, de hecho, son familia, pero que su significado para nuestra vida diaria es muy diferente y que muchos de nuestros problemas más comunes provienen de no saber establecer con claridad esa diferencia.
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