Expresiones futboleras que tienen su origen en nombres propios


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Expresiones futboleras que tienen su origen en nombres propios

Pelé, Maradona, Di Stefano, Butragueño, Ronaldo, Messi, Cruyff o Zidane podrían ser parte de un once soñado por muchos aficionados al fútbol. Sin embargo, no de todos se puede decir que traspasaron la barrera de lo puramente deportivo y alcanzaron la portería de lo lingüístico. Esta hazaña solo está reservada para unos pocos que han conseguido bautizar con sus nombres jugadas o premios.

Como se verá a continuación, este deporte ha incorporado a la lengua española palabras o expresiones procedentes de nombres propios (no solo de antropónimos). El proceso por el que un nombre propio pasa a ser considerado común se llama lexicalización, y suele ser gradual.

El pichichi

A principios del siglo XX, el equipo bilbaíno Athletic Club contaba, entre sus jugadores, con el delantero Rafael Moreno Aranzadi, a quien llamaban Pichichi. El diario deportivo Marca creó en los años cincuenta el trofeo al máximo goleador de la liga española y decidió denominarlo con su apodo.

La voz pichichi entró en el Diccionario de la lengua española en la edición del 2014 con los siguientes sentidos: ‘en el fútbol, jugador que marca más goles durante la liga española y, por extensión, goleador’ y ‘en el fútbol, distinción honorífica que se concede al pichichi’.

Cabe recordar que se escribe en minúscula y pluraliza de manera regular: pichichis.

El panenka

Aunque la forma más habitual de referirse a esta jugada es mediante la construcción a lo Panenka, también se documentan casos de panenka como sustantivo.

En esta ocasión, su nombre se lo debemos a Antonín Panenka, jugador checo que, en la final de la Eurocopa de 1976, consiguió la victoria para su equipo con este lanzamiento peculiar de un penalti, que consiste en golpear el balón suavemente y elevarlo de tal manera que, en la trayectoria, hace una parábola hasta alcanzar el centro de la portería. Sale bien si el tirador consigue engañar al portero en la intensidad y la dirección del disparo, provocando que este se lance hacia uno de los laterales sin poder evitar el gol.

En cuanto a su escritura, si se opta por la expresión a lo Panenka, se mantiene la mayúscula del antropónimo. Sin embargo, si se considera que se ha lexicalizado y, por tanto, es ya un nombre común (como ha sucedido con celestina o donjuán), es adecuada la minúscula: un/una panenka. Por último, alterna su empleo como masculino y como femenino, en función del referente genérico en el que se piense (posiblemente penalti o jugada en este caso).

La chilena

Esta pirueta recibe varias denominaciones, pero la de uso mayoritario es la que procede de un nombre propio, en concreto, el de Chile, por el país.

Además de ser el gentilicio de este país de América del Sur, chilena es ‘en fútbol, remate o despeje de espaldas a la portería contraria, con los dos pies en el aire’, de acuerdo con la definición del Diccionario de la lengua española.

El Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, recoge como equivalentes chilenita (término usado en Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador, Bolivia y Chile) y chalaca (propio de Perú).

El cancerbero

En la mitología griega, un perro de tres cabezas llamado Cerbero custodiaba las puertas del infierno. De este nombre propio y de can, voz tradicional que significa ‘perro’, se ha formado en español el sustantivo cancerbero.

De manera metafórica, el jugador que tiene como función principal la de proteger la portería y evitar el paso del balón pasó a identificarse con este ser.

Este término cuenta con numerosos sinónimos: portero, guardameta, arquero

La zamorana

Bajo los palos se situaba, en las décadas de 1920 y 1930, el español Ricardo Zamora, quien popularizó esta maniobra que recibe el nombre de zamorana y que consiste en despejar el balón, en lugar de con los puños, con el codo o el antebrazo.

El cariotazo

Si a alguien teme el portero es al delantero, y posiblemente el salvadoreño Juan Francisco Barraza Flores, apodado como Cariota, fue el terror de varios de ellos. El nombre de este futbolista que jugaba a mediados del siglo XX figura en el Diccionario de americanismos en la etimología del sustantivo cariotazo, que aparece definido como ‘en el futbol, tiro a puerta muy fuerte’.

El maracanazo

Uno de los episodios más recordados de la historia del fútbol sucedió en el estadio de Maracaná, en Río de Janeiro, en la final del Mundial de 1950. Allí, la selección de Uruguay venció contra todo pronóstico a la de Brasil, un acontecimiento que quedó grabado en la memoria colectiva de los aficionados brasileños y uruguayos, y al que se le bautizó como maracanazo.

Hoy se emplea también para aludir, por extensión, a un desenlace inesperado de un partido, sobre todo cuando la victoria se la lleva el equipo visitante.

En cualquier caso, lo recomendable es escribirlo con minúscula inicial.

El derbi

Aunque en un mundial tiene poco uso, salvo para duelos como los de Argentina y Uruguay o los de España y Portugal, el partido que enfrenta a equipos con una rivalidad histórica y, por lo general, de la misma ciudad o región es un derbi. Esta voz procede de Derby, nombre de una célebre carrera de caballos creada por el conde de Derby. De la hípica saltó a otros deportes, como el fútbol.

En español, se desaconseja la forma inglesa derby, pues, de acuerdo con la Ortografía de la lengua española, la presencia de y a final de palabra precedida de consonante no es propia de nuestro idioma. Al tratarse de un nombre común plenamente adaptado, se escribe con minúscula, en redonda y forma el plural con s: derbis.

 

Vistas todas estas voces, solo queda esperar que este mundial deje no solo muchas jugadas maestras para la historia futbolística, sino también algunas dignas de pasar al repertorio lingüístico español. 

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