Estas palabras no siguen un orden concreto ni tratan un tema específico, y el propósito es, simplemente, recopilarlas, sin que ello implique necesariamente una aceptación o una censura.

⇒ Aunque los bibliocaustos se asocian a la Alemania nazi, probablemente por la similitud con holocausto, la quema de libros ha sido habitual en otros regímenes autoritarios. Está formada mediante la adición a la voz griega kaustos, que significa ‘quemado’, del elemento biblio, también griego.

⇒ La hafefobia es un temor irracional ante el contacto físico con otras personas, que se ha intensificado con la pandemia y el mandato del distanciamiento físico. Es una de las muchas fobias existentes, a la que también se llama quiraptofobia, afenfosfobia y haptefobia.

⇒ El ismo en esta edición del oteador, pues en casi todas lo hay, es el nopasanadismo. Se refiere a la actitud de considerar que no pasa nada, normalmente vinculada a la idea de que, por tanto, tampoco hay que hacer nada.

⇒ Parece que se extienden postear y posteo para la publicación de mensajes y artículos en los foros de internet y redes sociales. No es una formación muy distinta de chatear (de to chat) o, fuera del ámbito informático, boxear (de to box).

⇒ Se sigue hablando de la foto de una supuesta trampa vietnamita en Chile. Se llama así a un hoyo escondido bajo la hojarasca en el que hay pinchos hacia arriba.

⇒ Las elecciones estadounidenses nos trajeron muchas expresiones, como muralla roja o espejismo azul, con usos figurados basados en los colores que se asocian a los dos principales partidos políticos: el rojo para los republicanos y el azul para los demócratas. La identificación de las ideologías mediante colores es habitual.

⇒ Y también metafórica y de ese mismo país es la denominación de cinturón del óxido, que alude a las zonas industriales del noreste de los Estados Unidos cuya pujanza ha declinado. El verbo oxidar, de hecho, se emplea a menudo para aquello que ha dejado de funcionar correctamente.