Noticias del español

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| Alfredo Sainz Blanco
www.talcualdigital.com, Venezuela
Jueves, 14 de octubre del 2010

SI DE COGER SE TRATA

«¿Quieres que te coja en la parada del autobús?» es la cortés interrogación que podríamos escuchar en algún país de esta macrocomunidad que es Iberoamérica, porque «recoger» es uno de los posibles usos de «coger», la tercera de las treinta y dos acepciones de este verbo, según el Diccionario de la lengua española —de la Real Academia de la Lengua Española—, conocido como DRAE.


En nuestra gran literatura son frecuentes las referencias. Recordemos el diálogo en que don Lorenzo (en El Quijote) confiesa «que deseo coger a vuestra merced…», en el sentido, aquí, de «sorprender». Asimismo, el DRAE dice que se puede usar como «hallar», «encontrar» y agrega: «Me cogió descuidado».

A pesar de lo que asegura el legendario Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo (que este tipo de obras es un «Perverso artificio que paraliza el crecimiento de una lengua»), la principal fuente que utilizo en estas líneas es el DRAE, sin olvidar la expresiva invocación de Rubén Darío («¡De las academias líbranos, Señor!») y admitiendo que, como asevera Edgar Colmenares, el de la Academia Española está lejos de reflejar «la realidad léxica del habla» acá.

Acá, precisamente, solemos ser cuidadosos si de «coger» se trata. Esta voz suele sustituirse por un vocablo afín: «agarrar» (que en algunos países también tiene implicaciones eróticas, pues equivale a un excitado intercambio de besos y manoseo, sin llegar al coito). Pero, ante todo, es inevitable su vinculación con «garra», así lo reconoce de manera textual el DRAE: «agarrar», dice, «De garra» y no se define, simplemente, como «asir» o «tomar» —primera entrada—. Agarrar es asir pero «fuertemente», «Asirse fuertemente de algo». De manera que existe esa diferencia entre «coger» y «agarrar» y, claro, de alguna forma siempre puede establecerse la asociación de que el que agarra es porque garra tiene.

Pero «tener garra» es ser osado, decidido y capaz de ejecutar un empeño. Además, explica María Moliner en su Diccionario de uso del español, es «entusiasmo» y «energía». Con respecto al verbo que nos ocupa, la admirable filóloga afirma que es «aproximar las manos a algo y moverlo para retenerlo entre ellas», y puntualiza que cogerle a alguien «una cosa» es tomarle algo para darle uso (¿para «moverlo» será?) o para quedarse con ella. Otro significado es dar alcance o atrapar, y apunta: «Alcanzar a alguien y cogerle, por ejemplo jugando: '¡A que no me coges!'».

Añade que «Te he cogido» se usa cuando sorprendemos a alguien en una actividad oculta. Y «Ha cogido a un profesor de inglés» quiere decir que contrató a un maestro de esa lengua. Finalmente, en la acepción 21, expresa: «Tener relaciones sexuales un hombre con una mujer».

El machismo presente en la anterior oración (el mismo machismo peninsular que le negó a la Moliner su bien merecida silla en la Academia) lo hace a uno preguntarse: ¿Y si es la mujer la de la iniciativa? ¿Y si son personas de un mismo sexo? Entonces, en los dos casos anteriores, ¿el verbo no es aplicable? Si «cogido» es, por definición, «junto», «unido», tendremos que admitir que no se puede «coger» si no estás «cogido»; es decir, no puedes «agarrar», «recoger», «atrapar» o «asir», si no estas «junto», «unido».

De manera que «cogido» implica «contacto», pues estar unido es estar en contacto ya que este último es «Acción y efecto de tocarse dos o más cosas» y «Conexión entre dos partes de un circuito eléctrico». ¿Será que el riguroso DRAE habla en sentido figurado? Lo digo porque dos partes con corriente y una conexión —sobre todo si es horizontal— es construcción sintáctica que provoca suspicacia, sobre todo cuando comprobamos que «juntar o unir» es «copular». Y «copular», bueno, ya se sabe.

Sin embargo, hay que distinguir a «la cogida», la persona que disfrutó del sexo, de aquella que sufrió una «cogida trágica», acaso letal: la del toro, es decir, la corneada, que la puede recibir cualquiera, aunque por excelencia se refiere al torero, como ratifica el DRAE: «Acto de coger el toro a un torero». Lo anterior nos conduce a una obra maestra de la poesía, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, de Federico García Lorca, que en una de sus partes, «La cogida y la muerte», cuenta la embestida que hiere de muerte a Sánchez Mejía, el amigo de los integrantes de la Generación del 27: «cuando la plaza se cubrió de yodo / a las cinco de la tarde».

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