Noticias del español

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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Lunes, 30 de noviembre del 2009

LETRA PEQUEÑA: EL SECRETO DEL BOCA-OREJA

Cuando oyen boca a boca, no pueden dejar de ver torsos húmedos y bañadores rojos.


Los correveidiles han sido los tradicionales portadores de chismes, especialistas en susurrar al oído indebido el secreto que no debía oír. En cambio, cuando una noticia tiene relevancia social, decimos que se propaga de boca en boca. Esa, y no otra, es la expresión que se emplea en castellano para nombrar la difusión de las nuevas que se limitan al ámbito de las relaciones sociales y que no llegan a los medios de comunicación.

El diccionario académico también da carta de naturaleza a otra forma: a boca, con el sentido de oralidad, verbalmente o de palabra. Y añade, con el mismo significado, boca a boca. Sí, cierto es que el boca a boca es también una de las prácticas básicas de los primeros auxilios. Pero también es verdad que cuando las novedades se difunden de boca en boca es que funciona el boca a boca.

Los escépticos lo niegan, porque cuando oyen eso del boca a boca no pueden dejar de ver esos torsos húmedos y esos bañadores rojos emergiendo del mar en la playa californiana de Santa Mónica. (Cuánto han dañado el subconsciente esos flotadores con forma de supositorio…)

El mundo de la farándula es proclive a celebrar el triunfo de las pequeñas cosas. Entiéndase por ello aquellas producciones modestas o de pequeño formato que se mantienen largo tiempo en cartel porque los espectadores informan de su cualidad a su círculo. La calidad de la obra gana el favor del público gracias a haberse sabido de boca en boca. Es el caso de la sugerente La forma de les coses, de Neil Labute, por ejemplo, que estuvo en el Espai Lliure y ahora sigue en el Capitol. O en cine, el ejemplo clásico de Bagdad Café,que moró en el Casablanca un año largo. Más allá del coste de la producción, ha funcionado el boca a boca.

Es entonces cuando algunos se erigen en acérrimos defensores del invento del boca-oreja. «Ha funcionado el boca-oreja», proclaman a los que les quieran oír (por el oído) que no orejar (por la oreja). Como hablamos por la boca y escuchamos por el oído, en otra vuelta de tuerca hay quien afirma que lo correcto sería boca-oído. Pero para ese cometido, no vale ninguno de los dos.

Llámese boca-oreja, llámese bocaoído (también con preposición: boca a oído), la información que sigue este camino, de la boca al oído, ahí se queda: es un secreto, es una confidencia susurrada a media voz. Y por ello no puede tener el significado que se le quiere dar. Para que las buenas nuevas se conozcan han de ir de boca en boca, ha de funcionar el boca a boca, y no quedarse en el oído, encerradas, como si fuéramos el padre confesor.

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