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| Ana Mendoza (Agencia Efe)

La RAE reivindica la vuelta del «Quijote» a los planes de enseñanza

El escritor Arturo Pérez-Reverte ha leído el Quijote con la mirada de un joven de quince años antes de adaptar la gran obra cervantina para la edición escolar que ha publicado la Real Academia Española, que considera esta novela «fundamental para todos los estudiantes de habla hispana».

donquijoteLa Academia «reivindica la vuelta del Quijote a los planes de enseñanza» y lo hace desde la autoridad que le dan sus trescientos años de existencia, afirmaba el secretario de la RAE, Darío Villanueva, al presentar en la sede de esta institución la edición popular y escolar de esta obra, publicada por Santillana en todo el ámbito hispanohablante.

El Quijote, decía Pérez-Reverte, «es un factor de unidad a ambas orillas del Atlántico, y, por desgracia, su lectura sólo es obligatoria en seis de los países de habla hispana».

Esta edición popular del Quijote puede ser «una magnífica herramienta de trabajo en la enseñanza», aseguró Pérez-Reverte, que ha respetado «al máximo» el texto de Cervantes, si bien, para facilitar su lectura, ha eliminado «todo aquello que no fuese estrictamente narrativo y que rompiera la línea argumental principal».

«Un maestro lúcido y competente puede pasarse un año entero hablando del Quijote», siempre que cuente con una edición adecuada para jóvenes. Y hablar del Quijote es «hablar de ética, de moral, de solidaridad, de compasión, de dignidad en el fracaso, de historia, de memoria», añadía el autor de El club Dumas o El tango de la Guardia Vieja.

Pérez-Reverte dejó muy claro que la edición popular del Quijote «no sustituye» a la versión íntegra de esta obra, pero sí «es una puerta para posteriores lecturas, facilita el tránsito».

Como recordó Darío Villanueva, la Academia recibió en 1920 el encargo del Gobierno de hacer una edición escolar del Quijote, cuya lectura era obligatoria en las escuelas españolas de entonces.

Ha pasado casi un siglo desde aquel encargo, y es ahora cuando la Academia ha podido realizarlo.

La RAE publicó también en el 2004 una edición erudita y crítica de esta obra, dirigida por Francisco Rico, y será este gran cervantista quien saque en el 2015 otra nueva edición del Quijote dentro de la Colección de Obras Clásicas de la Academia.

La edición escolar incorpora los bocetos originales e inéditos que se hicieron para los grabados del Quijote académico de 1780, entre ellos, una ilustración de un joven Francisco de Goya que  —«paradojas de la vida»— no llegó a incluirse en aquel libro.

Pérez-Reverte ha procurado que «la poda» que ha realizado para la edición popular «no se notara» y que el lector no percibiera en qué momentos se había cortado el texto. Y ha utilizado «siempre lenguaje de la época cervantina» cuando ha tenido que sustituir algunas palabras, «nunca lenguaje moderno».

La edición del Quijote de la RAE ha contado con la supervisión del filólogo Carlos Domínguez Cintas, que ha colaborado también en la dirigida por Francisco Rico.

«La Academia considera fundamental el Quijote. Hay una patria, la de la lengua española, que comparten 500 millones de personas, y la bandera de esa patria vieja, nobilísima, es el Quijote», subrayaba hoy Pérez-Reverte.

El novelista cree que la lectura de esta obra puede ser importante «en un momento en el cual asistimos a una pérdida de valores éticos, morales y de todo tipo, que también afecta a los planes de enseñanza, y en una época en la que desde la Unión Europea se están desmantelando tres mil años de memoria y de cultura europeas.

Por eso, considera «un crimen que esta obra se vaya alejando del horizonte escolar español, porque es el libro que más posibilidades educativas tiene. El Quijote crea buenos ciudadanos, hombres decentes», aseguró Pérez-Reverte.

Para Darío Villanueva, «es un error» que en los planes educativos prime «la urgencia de lo pragmático» y que la educación se conciba para formar personas «en función de las necesidades productivas y más inmediatas».

Él, como profesor, sabe que con esos criterios la literatura «sale siempre perdiendo», pero en la batalla de reivindicar la lectura de los clásicos la Academia «no se da por derrotada».

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