A pesar de que no empiece por al, fulano viene del árabe fulān y se utiliza desde la Antigüedad para elidir el nombre real de alguien. Y no solo lo decimos nosotros: el Diccionario académico explica que se usa ‘para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar’, como en «Ha venido fulano preguntando por ti». También se emplea para designar a ‘una persona indeterminada o imaginaria’: «La Justicia debe intervenir para dictaminar si fulano tiene derecho a un tratamiento caro».

Una gran familia

Cuando se hace referencia a varios individuos, fulano lleva aparejada una retahíla de voces que casan con ella con idéntica rima: mengano, zutano, perengano y hasta perencejo, aunque este pariente lejano haga perder la musicalidad del conjunto.

Ante esta variada letanía, nos surgió la duda de si los hablantes aún empleamos esos nombres o los consideramos algo de otros tiempos. Y, ya puestos, si usamos unos más que otros. Así que decidimos hacer una encuesta y preguntar a nuestros seguidores cuáles forman todavía parte de su uso habitual y cuáles han pasado al baúl de los recuerdos. Como de costumbre, la respuesta fue increíble, ya que en menos de 24 horas obtuvimos cerca de dos mil contestaciones (¡muchas gracias por vuestra participación 😉!).

La primera conclusión es que fulano todavía puede presumir de buena salud, puesto que más de un 90 % de quienes respondieron a la encuesta la usa normalmente o la ha utilizado en alguna ocasión. La popularidad de megano es ya algo menor y, si seguimos avanzando en la lista, comprobamos que la fama de sus amigos va bajando por zutano hasta llegar a perengano y perencejo, los marginados de la pandilla, ignorados por un 42 % y un 79 %, respectivamente de cuantos han respondido.

Cuestión de edad

Nos interesaba también saber si el uso de estos sustantivos es cuestión de edad, así que incluimos ese dato en la encuesta. Y el resultado es revelador: en todos los casos estas expresiones son más conocidas y utilizadas entre las personas de más edad (lo cual, por cierto, no augura nada bueno para su futuro).

Fulano y mengano, las más conocidas del grupo, tienen más uso entre aquellos que superan los 31 años, llegando a alcanzar su máximo apogeo entre los fanes de entre 41 y 50 (61,82 %). Lo mismo sucede con zutano, que, aunque haya quedado un poco en la sombra, todavía tiene quien le sigue la pista, sobre todo entre gente que roza los 50 años (40,46 %). Por su parte, queda la esperanza (poco más que eso) de que perengano sea recordado en las historias que cuenten los mayores de 60 (30,56 %) a aquellos otros más jóvenes que apenas han oído hablar del personaje.

El siguiente cuadro muestra, por franjas de edad, el nivel de uso de fulano, el más conocido del grupo. Los demás, en su modestia, siguen un patrón de edad parecido.

Perencejo, el primo americano

De acuerdo con los resultados, no existen en general grandes diferencias en el uso de estas palabras en España y en América. En ambos lados del océano, fulano y zutano son los más conocidos y en las dos orillas se repite la tendencia a que sean los mayores los más familiarizados con estos términos.

Sí hay una diferencia llamativa, y es la que se refiere al uso de perencejo, que, aunque tampoco en América tenga una gran popularidad (la conocen o la usan apenas el 12,22 % de nuestros seguidores), en España es decididamente desconocida (0,39 %).

Otros «fulanos»

Muchos de vosotros nos habéis aportado otras formas de mencionar a alguien indeterminado, desde Pepito a Perico el de los palotes pasando por sultano, esperancejo y otros. Igualmente, hay quien pone apellido a estos «tipos» (Pepe y Juan de la familia Pérez) y muchos añaden el sufijo -ito (fulanito, menganito…).

Esperemos que estos personajes sigan dando que hablar, aunque, visto lo visto, parece poco probable que en algún momento fulano o alguno de sus parientes desbanquen a Antonio como nombre más común en el mundo hispanohablante.