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| Ana Mendoza (Agencia EFE)

Llega el nuevo Diccionario de la RAE, renovado y con un léxico más actual

La publicación del «Diccionario de la lengua española» de la Real Academia Española (RAE) es siempre un acontecimiento cultural. Millones de hispanohablantes consultan con frecuencia esta gran obra de referencia que, en su 23.ª edición, ha renovado en profundidad el léxico.

El nuevo Diccionario ha sido presentado hoy a la prensa, en la sede de la RAE, en un encuentro en el que han intervenido, entre otros, el director de la Academia, José Manuel Blecua; el académico director de la obra, Pedro Álvarez de Miranda, y el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Humberto López Morales.

Foto: ©Archivo Efe/Alberto MartínLa editorial Espasa publica en todos los países hispanohablantes esta obra, que tiene 93 111 entradas, frente a las 88 431 de la anterior edición de 2001, y recoge 195 439 acepciones, entre ellas casi 19 000 americanismos.
En la 23.ª edición, de 2376 páginas, se han introducido cerca de 140 000 enmiendas que afectan a unos 49 000 artículos.
Todas las academias han contribuido a que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ofrezca «una visión mucho más moderna y dinámica del léxico español actual», le decía a Efe Blecua.
Y todas ellas le han dado el visto bueno a las novedades que se han ido acordando desde que en 2001 salió la anterior edición y han incrementado sensiblemente el número de americanismos.
No obstante, como afirma en una entrevista con Efe Pedro Álvarez de Miranda, «el sino de los diccionarios es quedarse anticuados enseguida», y en esta edición no ha dado tiempo a incluir ébola, ese virus que ha matado a miles de personas en África y que ha causado alguna víctima en España y Estados Unidos.
El propósito del Diccionario es recoger el léxico general utilizado en España y en la América hispanohablante, junto a «una nutrida representación de los usos específicos de cada país, convenientemente marcados».
Pero las palabras «no necesitan del marchamo de la Academia para existir. Los hablantes son muy libres de usarlas y no deben estar pendientes de si el Diccionario las registra», subraya Álvarez de Miranda.
«El Diccionario no es un código de la circulación, no se le ponen multas a nadie por emplear palabras que no estén», añade el director de la XXIII edición, en la que no figura, por ejemplo, el término escrache, de origen argentino y que «durante unos meses estuvo muy de moda en España» en las protestas contra los desahucios.
«La Academia decidió esperar un poco a ver si esa palabra cuajaba. A lo mejor nos hemos equivocado», admite Álvarez de Miranda.
El contenido del Diccionario se ha armonizado a la luz de otras tres obras de extraordinaria importancia: la Nueva Gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española y el Diccionario de americanismos.
Lógicamente, está última obra «no se ha volcado entera porque hubiera supuesto una invasión», afirma el director de la edición. Se han incorporado aquellas voces que «están documentadas como mínimo en tres países de América».
El Diccionario se publica simultáneamente en todo el ámbito hispanohablante. En España sale en un solo tomo al precio de 99 euros -además de una edición de lujo a 200 euros, que se venderá por encargo- y en América, en dos y costará el equivalente a unos 70 euros.
La 23.ª edición, explica Álvarez de Miranda, contiene «novedades tipográficas y se han cambiado algunos aspectos de la presentación de los artículos, como la información de tipo morfológico y ortográfico, que antes estaba diseminada y ahora aparece concentrada en un paréntesis que va a continuación del lema».
La marcación gramatical «es más rigurosa». Por ejemplo, los sustantivos comunes en cuanto al género, como taxista, ya no llevan la marca com. sino masc. y fem.
En la nueva edición hay también menos palabras de carácter machista, pero «seguirá habiendo casos que a algunos les parecerán ofensivos, machistas», señala Álvarez de Miranda.
«Hay verbos que, nos guste o no, tienen un componente masculinista, como galantear, que siempre se ha utilizado para cortejar a una mujer», comenta.
También «ha existido siempre« la definición de mujer pública como prostituta. «Puede que sea lamentable que así haya sido», señala este experto en lexicografía, antes de afirmar que el Diccionario «no es más o menos machista por reflejar los usos que están en la sociedad».
Tampoco se han atendido las protestas de quienes pedían que se quitaran las entradas de gitanada y judiada. Se han revisado, pero «no se han modificado mucho».
La nueva edición remite en gitanada a trapacería y esta, a su vez, lo hace a trapaza, definida como ‘artificio engañoso e ilícito con que se perjudica y defrauda a alguien en alguna compra, venta o cambio’.
Y judiada queda así: ‘mala pasada o acción que perjudica a alguien’.

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