Noticias del español

| ISABEL IBÁÑEZ (Sur.es, Málaga)

La okupa del castellano

Ha sobrevivido bajo la supremacía de la ‘c’ y la ‘q’, pero la calle le insufla aire al elegirla como símbolo de rebeldía, de subversión... Y es la reina del WhatsApp.

La K de okupa«Ana María, hemos reservado para ti la letra más singular del alfabeto castellano, la gentil ka mayúscula, clásica y peregrina, distinta, pero, sin embargo, nuestra. Como tus libros siempre, como tú, por fin, en la Real Academia Española». Eran las palabras de bienvenida del escritor y académico Francisco Rico al desembarco de ‘la Matute’ en la RAE. Porque si hay alguien que encarnara ese espíritu original, rebelde, indomable de la ‘k’, era sin duda la entrañable autora de Olvidado rey Gudú, fallecida la semana pasada. Singular, rara, especial… Una letra que solo cuenta con un centenar de entradas en el diccionario de la Academia, apenas dos páginas y media frente a las 14 de la ‘q’ y las 350 de la ‘c’, las dos letras con las que comparte sonido en castellano. Si estuviéramos en un cuento, la primera sería Cenicienta y las otras, sus hermanastras.

La ‘k’ es una letra más del castellano, con todos sus derechos y deberes, pero suele ser sustituida por ‘c’ y ‘q’ cuando llega una nueva palabra que la contiene, en la mayoría de los casos proveniente de otros idiomas. En la calle, sin embargo, la ‘k’ experimenta un reinado marginal, outsider, fuera del sistema. Cuando los ciudadanos quieren expresar rebeldía, lucha… recurren a la ‘k’: okupas, anarkos, punkis… Así lo consideraba el también académico Rafael Lapesa Melgar (1908-2001) en el libro Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español: «La conciencia social de determinados grupos ha producido en épocas recientes movimientos de recuperación de esta grafía, considerada marginada. (…) Esto causa su presencia en términos como okupa (…) e incluso le permite dar nombre a movimientos más amplios que la utilizan como un moderno equivalente del escudo de armas, en lemas como ‘Vallekas por la kara’. (…) La ‘k’ ha mantenido su presencia en la escritura del español, tanto en los momentos de esplendor y preferencia en textos de notarios, religiosos o gramáticos, como en la morada más humilde de las pintadas callejeras, o en las señales de identificación de los marginados».

José Antonio Pascual, vicedirector de la RAE y ocupante del sillón de la ‘k’ minúscula desde 2002, reconoce que es la letra rebelde del alfabeto. De hecho, la RAE admitió el término okupa, así con ‘k’: «Ciertamente, se trata de una letra para mostrar la disconformidad y hasta la rebeldía. Precisamente es la rareza de su empleo la que le da esa posibilidad. Flaco favor le haría la Academia a la disidencia de los okupas institucionalizando su grafía e integrándolos así en el sistema».

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