El femenino de cargos, puestos y profesiones

«La presencia de marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades desempeañadas por mujeres está sujeta a cierta variación. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios voces como "bedela", "coronela", "edila", "fiscala", "jueza", "médica" o "plomera", pero estas y otras voces similaes han tenido desigual aceptación, generalmente en función de factores geográficos y sociales, además de propiamente morfológicos». Gramática, RAE, 2009.

¿Cuántos géneros tiene el español?

El género es una propiedad de los nombres y los pronombres que tiene efectos en la concordancia con los determinantes, los adjetivos, los cuantificadores, etc. Los sustantivos en español solo pueden ser masculinos o femeninos, pero los demostrativos, los cuantificadores, los artículos y los pronombres personales pueden ser, además, neutros: esto, eso, aquello; tanto, cuanto, mucho…; lo y ello.

¿Existe una correspondencia estricta entre el género y el sexo?

No. El género de los sustantivos no siempre se corresponde con el sexo biológico del referente. Cuando el sustantivo se refiere a un ser animado, el género puede diferenciar el sexo (león, leona); pero en el resto de los casos es una propiedad gramatical independiente: la mesa es femenino, el tenedor es masculino.

¿Cómo se marca el género?

Para marcar el género hay distintas posibilidades:

  • Morfemas: terminaciones como la -a (niña), -esa (abadesa), -isa (poetisa), -ina (heroína), -era (cocinera), -ana (decana), - óloga (psicóloga), -ada (magistrada), etc.
  • Raíces distintas: caballo, yegua (son los llamados heterónimos).
  • Determinantes y otros elementos concordantes: el artista, la artista (se los conoce como comunes en cuanto al género).

Además, están los sustantivos ambiguos, que se pueden usar en femenino o masculino indistintamente (el mar, la mar), y los epicenos, que se refieren a un ser vivo de uno u otro sexo con un único género, como el mosquito (mosquito macho/hembra).

Existen ciertas correspondencias

  • La mayor parte de los sustantivos acabados en -a son femeninos: taza, silla, niña, pero no faltan casos como clima, día o mapa.
  • La mayoría de los acabados en -o son masculinos: cuaderno o puerto, pero también hay femeninos como mano.
  • Los acabados en consonante o en otras vocales pueden ser masculinos o femeninos.

Los sustantivos de persona comunes en cuanto al género

Términos como el cónyuge / la cónyuge distinguen el género por la concordancia y no mediante desinencias: su cónyuge está enferma/enfermo.

Los problemas se presentan especialmente con aquellos sustantivos comunes que denotan profesiones, cargos, títulos, empleos o actividades. En la evolución de muchos de estos nombres, el proceso habitual suele ser que los que tradicionalmente eran masculinos pasen a ser comunes y de ahí a tener una forma femenina plena, sobre todo aquellos que pertenecen a ámbitos a los que la mujer se ha ido incorporando paulatinamente (el socio, la socio, la socia; el juez, la juez, la jueza; el obispo, la obispo, la obispa, y muchos más).

Así pues, muchos de estos sustantivos que antes eran considerados comunes en cuanto al género y que hacían el masculino en -o presentan hoy el femenino en -a: abogado, árbitro, arquitecto, fontanero, ministro, etc.

La Gramática académica indica que «... se ha comprobado que la presencia de marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades desempeñadas por mujeres está sujeta a cierta variación, a veces solo desde tiempos relativamente recientes. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios voces como bedela, coronela, edila, fiscala, jueza, médica o plomera, pero estas y otras voces similares han tenido desigual aceptación en función de factores geográficos y sociales además de propiamente morfológicos».

En la Fundéu siempre hemos ofrecido la forma plenamente femenina de aquellos cargos y profesiones que, de acuerdo con la morfología de nuestra lengua, pueden tenerla. Recomendamos, por ejemplo, pilota, obispa o edila. Y lo hacemos siendo conscientes de que tienen una aceptación irregular. Sabemos que a muchas personas «les suenan mal», pero también sabemos que el hecho de que una palabra suene bien o mal no es en sí un criterio lingüístico.

Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden. En la Fundéu tratamos de que esa sea una decisión informada entre opciones gramaticalmente válidas, correctas. Nuestra labor es conseguir que la gente sepa que puede decir la juez y también la jueza, después ya es cada hablante quien finalmente emplea una palabra u otra. Las que triunfen, las que mayoritariamente se empleen, serán las que se quedarán y estarán vivas en el caudal léxico de la lengua; las otras caerán por su propio peso en la evolución del español.

El femenino que designaba a la mujer de...

La Academia indica que «han desaparecido casi por completo los sustantivos femeninos que designaban antiguamente a la esposa del que ejercía ciertos cargos (coronela, gobernadora, jueza), y se han impuesto los significados en los que estos nombres se refieren a la mujer que pasa a ejercerlos». Aun así, también indica que «se percibe todavía en algunos sustantivos femeninos cierta carga depreciativa o minusvalorativa que arrastran como reflejo de la cultura y de la sociedad en las que se han creado». Muchos de esos sustantivos aún conservan esa acepción en el Diccionario académico, pero suelen ir precedidas de una etiqueta que avisa de que hoy son poco usados.

En la Fundéu creemos que la mejor manera de que esas voces dejen de tener esa carga peyorativa es usarlas con naturalidad en los contextos adecuados, emplear árbitra cuando la jueza de un partido es una mujer, pilota cuando en el Dakar compite una mujer, presidenta, ingeniera, médica o arquitecta cuando estemos ante esas profesionales. Superar el chascarrillo fácil y emplear esos sustantivos femeninos con la misma naturalidad con la que se emplean sus equivalentes masculinos.

La escala militar

La Gramática académica indica que «suelen ser comunes en cuanto al género los sustantivos que designan grados de la escala militar». La RAE no recomienda la soldada, señala que es común emplear las mujeres soldados y las soldados. En América se documenta comandanta, generala, sargenta, tenienta, etc. Capitana es más frecuente para la mujer que dirige una nave y un equipo deportivo, y sargenta, por ejemplo, figura en el Diccionario académico con las acepciones de ‘mujer autoritaria’ y ‘corpulenta’.

Femeninos y nombres de disciplinas

Muchas personas sienten resistencia a formar determinados femeninos (música, química, jardinera); los motivos son diversos, pero en ocasiones se señala el hecho de que esas palabras «ya significan otra cosa». Música y química, en efecto, se emplean ya para denominar sendas disciplinas, y una jardinera es un tipo de macetero. Lingüísticamente, sin embargo, esto no es una objeción; la polisemia es un fenómeno normal en el léxico, sucede con muchas otras palabras: el frutero, sin ir más lejos, es tanto el señor al que le compramos la fruta como el cuenco en el que se almacena.

Más información

Tabla resumen

La norma Evolución Propuesta
La lengua ha acogido marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades desempeñadas por mujeres desde tiempos relativamente recientes, pero estas voces han tenido desigual aceptación en función de factores geográficos y sociales además de propiamente morfológicos. El proceso más habitual es que aquellos sustantivos que tradicionalmente eran masculinos pasen a ser comunes en cuanto al género y de ahí a tener una forma femenina plena, sobre todo en aquellos que pertenecen a ámbitos a los que la mujer se ha ido incorporando paulatinamente (el socio, la socio, la socia). En la Fundéu siempre hemos ofrecido la forma plenamente femenina de aquellos cargos y profesiones que, de acuerdo con la morfología de nuestra lengua, pueden tenerla. Somos conscientes de que las voces resultantes pueden resultar peculiares al principio, pero el hecho de que una palabra suene bien o mal no es en sí un criterio lingüístico. Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden. Las voces que se empleen mayoritariamente son las que se quedarán y estarán vivas en el caudal léxico de la lengua.