Xavi se va (CRÓNICA)

Foto: ©Archivo Efe/Alejandro Garcia

Xavi Hernández dice adiós. El capitán azulgrana se va del Barcelona, de la Liga BBVA, del fútbol de élite. Con un palmarés sin igual, el alma de los culés y de la Roja tricampeona puso el sábado punto final a una carrera de más de quince años desde que debutó a las órdenes del primer Van Gaal en 1998.

Antes de que Messi cambiara la historia del fútbol, antes incluso de que Ronaldinho pusiera en pie al Santiago Bernabéu y comenzase a convertir la madriditis histórica en la contemporánea barcelonitis de la era Guardiola, el dinosaurio Xavi ya estaba allí.

No todo fueron mieles. Pese a su trayectoria triunfal, Xavier Hernández Creus no siempre saboreó el éxito. Aun proclamándose campeón liguero en el año de su debut, a continuación sufrió la larga sequía del primer lustro del siglo, la gran travesía desértica de los blaugranas, los años de Gaspar como presidente y Serra Ferrer y Carles Rexach y el peor Van Gaal y tantos otros entrenadores rotando a la deriva en un tiovivo, un carrusel de técnicos fugaces para un banquillo sin dueño ni estilo propio.

Un dato: el Barcelona ganó el torneo de la regularidad en 1999 y no volvió a conquistarlo hasta 2005; Xavi Hernández fue el jugador revelación de la liga en 1999 y el mejor jugador de la liga en 2005. ¿Coincidencia? Y cuando España ganó la Eurocopa en el año 2008, ¿quién sino Xavi fue elegido mejor jugador del torneo? ¿Otra coincidencia?

«Muy buena loa —podrá pensar el lector—. Pero ¿no es este un rincón para hablar del lenguaje futbolístico?, ¿de qué va esta crónica desde el punto de vista lingüístico?». Y la respuesta es que los grandes jugadores merecen grandes despedidas y que la crónica va de la construcción irse de.

Según puede observarse en el primer párrafo, el complemento que acompaña al verbo ir(se) introducido por la preposición de suele aludir a un lugar, real o figurado, del cual uno se marcha: Barcelona, la Liga BBVA, el fútbol de élite.

No parece este el uso, sin embargo, aplicado en frases como «Xavi se va de uno, se va de dos, dispara y… ¡al palo!», «Se va de uno Bale y le regala un gran gol a Benzema» o «Iniesta se va de uno, de dos, de tres, se frena, arranca…».

Se trata, a buen seguro, de una peculiaridad del lenguaje futbolístico: en efecto, si uno va con prisas por la calle y se dedica a sortear peatones que se acercan en dirección contraria o que, aun yendo en el mismo sentido, caminan escorándose con derrotero incierto o se detienen por sorpresa a consultar el móvil o admirar un escaparate, rara vez diremos que nos vamos de ese viandante.

En el fútbol, en cambio, irse de equivale a zafarse de dribrarloEn el caso concreto de Xavi, puede que su mejor virtud sea el pase, junto con su capacidad para mantener la pelota y aguantarla, pero también regatea, más con el cuerpo que con las botas, esto es, amagando y fintando y dando la vuelta sobre sí mismo, esto sí, sin marearse ni emborracharse, sin llenarse de balón ni quitárselo de encima de mala manera, sino protegiéndolo siempre hasta encontrar a un compañero al que habilitar en condiciones favorables.

Xavi se va. Y aunque en sus primeros años cosechase pocos éxitos y no se caracterice por sus galopadas fulgurantes al contragolpe, su palmarés es tan dilatado y esplendoroso que, haciendo un juego de palabras entre gambetas y títulos, será difícil decir que alguien lo superará en carrera. Hasta siempre, un placer.

 

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