Conviene distinguir entre dos clases de topónimos, a efectos de su escritura y pronunciación.

Por una parte, hay nombres de uso tradicional, y muy arraigado en español, que conviene conservar en su forma castellana: La Meca, Mequínez, Trípoli, Naplusa, Sidón, Fez, etc. Por otra, hay nombres que no tienen correspondencia castellana y que se aconseja transcribir hispanizando las grafías: Abiyán, Nuakchot, Abu Dabi, Yida, Uarzazat, Burch al Baráyina, etc.

Como norma general para la transcripción, se puede decir que en todos los nombres en los que aparezca una w (excepto en Kuwait) lo adecuado es cambiarla por una u, y en los que haya una h al final esta se suprime, pues son transcripciones ajenas al español (Anuar, mejor que Anwuar; Nasiriya, mejor que Nasiriyah).

Conviene recordar, por último, algunos de los topónimos más frecuentes del mundo árabe: Kuwait, Arabia Saudí (Riad, Yida, Dahrán, La Meca), Irak (Bagdad, Basora, Mosul), Irán (Jorramshar, Jurasán, Juzistán), Emiratos Árabes Unidos (Abu Dabi, Achmán, Fuyaira, Um al Qaiuain, Ras al Jaima, Sharja), Baréin, Qatar, Jordania (Amán).

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