¿Qué fue de los ojeadores y analistas?  (CRÓNICA)

Foto: ©Archivo Efe/Alejandro García

Un amigo, cansado de reuniones de trabajo en las que se hablaba mucho y se decía poco, decidió amenizarlas pactando con un compañero el siguiente desafío: aquel que a lo largo de una sesión repitiera más veces el circunloquio nada más lejos de mi intención sería invitado por el otro a comer.

Las reuniones, hasta entonces de duración insufrible, pasaron a alargarse inexplicablemente para el jefe, que asistía receloso al súbito interés de dos trabajadores que no cesaban de disputarse la palabra, no ya por la sustancia de cuanto exponían, sino por crearse oportunidades de emplear la muletilla y superar al compañero en su concurso diario.

De manera parecida, como si lucirse incluyendo en el discurso extranjerismos en boga importase más que el fondo de lo que se pretende expresar, cada vez son más las ocasiones en que se oye el término scouting, hasta la fecha innecesario, pero que empieza a colarse en los medios de comunicación a toda pastilla, como Gareth Bale por la banda de Bartra en la final de la Copa del Rey.

Por poner un caso, Luis Enrique, él mismo formado en la Escuela de Fútbol de Mareo, defendía recientemente el valor de la cantera blaugrana, forjadora de talentos como el mismísimo Messi: «Tras un gran trabajo de scouting —ha afirmado—, se apostó fuerte por él y ya veis el resultado final».

Asimismo, en referencia al tino en los fichajes croatas del Atlético de Madrid (Mandzukic), del Real Madrid (Modric) y del Barcelona (Rakitic, ex del Sevilla), un redactor escribía hace pocas fechas lo siguiente: «Tienen un scouting de CIA o KGB, porque aciertan con todos los futbolistas, no solo por sus cualidades, sino también por su personalidad».

Probablemente, el trabajo de scouting al que apuntaba el entrenador azulgrana en el primer ejemplo no difiera en exceso del tradicional trabajo de (captación/análisis de) cantera. Por su parte, el scouting de la CIA o la KGB no será más que un ojeador de los de toda la vida, con independencia de que se apoye en medios más o menos sofisticados y de que se ocupe de recomendar fichajes estudiando las divisiones inferiores del propio club o a los jóvenes talentos de otros equipos.

No es este, sea como fuere, el único sentido con que se está empleando el término: «El pasado mes de junio los rojiblancos vieron cómo José Manuel Trueba, uno de sus responsables del scouting del primer equipo, abandonaba el club rumbo al Elche» o «La tarde en la que hasta el “scouting” se atrevió a dar instrucciones en el vestuario».

En estos casos, el scouting no se encarga de buscar incorporaciones para un equipo, sino simplemente de examinar a los adversarios valiéndose de vídeos y toda clase de tablas, gráficos y estadísticas. En español, el profesional que se dedica a este estudio de los rivales (a hacer scouting, dirán algunos) puede recibir el nombre de analista técnico o analista técnicotáctico. 

Por cierto, que esto de estudiar a los rivales aún da lugar a una nueva reflexión lingüística: a diferencia de lo que ocurre con el verbo jugar en frases como «Simeone dice que su equipo jugó bien y solo le faltó el gol», donde la palabra se utiliza con su sentido habitual de ‘tomar parte en un juego o deporte sometido a reglas’, cuando se quiere hacer hincapié en que el esquema táctico se adaptó acertadamente a las características de un contrario al que se ha estudiado a conciencia, aparece de pronto un pronombre le, como en «Diego Simeone tiene la clave para jugarle al Real Madrid».

Jugar jugarle, por tanto, encierran matices distintivos. La clase de diferencias sutiles que se ven arrolladas por extranjerismos como scouting.

Y es que ahí está la cosa: mientras que los términos y expresiones españoles mencionados son específicos, precisos, conocidos y transparentes, novedades como el scouting se utilizan de repente para todo, como las navajas multiusos de los escultistas, y rasgan valores semánticos, oscureciendo el significado y empobreciendo el idioma. Espero no sonar tremendista. Nada más lejos de mi intención.

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