Un empate es una derrota es una victoria es (CRÓNICA)

Foto: ©Archivo Efe/Lavandeira jr

La última jornada del campeonato liguero supone siempre mucho más que la simple suma de diez partidos. Aunque cada encuentro conste únicamente de sus habituales noventa minutos —más el tiempo añadido, de infarto en estos enfrentamientos—, las manijas inconmovibles del reloj no bastan para medir la duración pasional, el pulso frenético en la muñeca, el gesto desencajado.

Llegados a la recta final, casi todos los equipos pelean todavía por algún objetivo. Solo los más exitosos y trabajadores dependen exclusivamente de sí mismos o ya han alcanzado incluso su meta. Tal es el caso del Barcelona, que, deseoso de centrarse en la final de la Liga de Campeones, no ha esperado a la última cita del calendario para proclamarse justo campeón de la Liga BBVA.

Otros conjuntos, en cambio, no solo necesitan ganar sus partidos, sino también esperar el desenlace de segundos enfrentamientos. Sus jugadores se agarran al césped con los tacos de las botas, pero miran al cielo con una súplica en los ojos y un temblor en los labios, la plegaria silenciosa de que la lotería deportiva caiga este año a su favor y, contra todo pronóstico, se produzca el gran milagro.

La calculadora echa chispas: sucede entonces que el Almería se la juega contra un Valencia que aún aspira a la tercera plaza, mientras que el Eibar lo tiene todo a su favor para ganar al Córdoba, ya descendido. Eso sí, ambos necesitan la victoria sí o sí para apurar sus posibilidades de permanencia. Para ellos, un empate es una derrota, la consumación del descenso, el peor de los batacazos.

Por otra parte, en este azar de carambolas incontrolables un empate puede resultar una victoria si el reparto de puntos conviene a los dos equipos en duelo  (y no por ello habrá de hablarse de amaños, tongos o pasteleos). Sin ir más lejos, tanto el Atlético de Madrid como el Granada saldrían beneficiados si al concluir su partido de la última jornada hay tablas en el marcador.

¿Y qué ocurre con el Dépor? Pues que su misión no es fácil. Pese a que el reciente campeón estará más relajado tras la consecución del título, los de Luis Enrique no querrán aguar la celebración ante su público. Si los gallegos consiguen arañar un punto, tendrán razones sobradas para festejarlo y se dirá entonces, a buen seguro, que habrán logrado empatarle al Barcelona.

Se trata este de un uso curioso, pues, en principioempatar solo va seguido de la preposición para introducir el número igual de tantos marcados por los equipos: empatar a cero/uno/dos goles; mientras que el equipo con el que se empata se introduce con la preposición con: «España empató A un gol CON Corea», pone de ejemplo el Diccionario del estudiante, de la Real Academia Española.

Y, sin embargo, son numerosos los ejemplos en los que el rival se introduce con la preposición a, sobre todo en Hispanoamérica: «El Celta ya le fastidió media Champions al Sevilla la pasada jornada tras empatarle en Balaídos al conjunto nervionense», «Valencia le empató al Real Madrid y le sirvió el título al Barcelona» o «El Barcelona no tuvo el exceso de confianza que los dirigidos por Luis Enrique habían mostrado el año anterior, cuando el Getafe le empató en la hora».

Aunque no se trata más que de una intuición, todo apunta a que estamos ante un uso asimétrico, de modo que el débil o históricamente inferior le empata al poderoso o tradicionalmente superior, pero no al revés. Así, si en el próximo partido en el Camp Nou los puntos se reparten, ¿qué es más probable que se diga: «El Barcelona le empató al Dépor» o «El Dépor le empató al Barcelona»?

En caso de duda, lo más seguro será optar por el régimen habitual de introducir el adversario con la preposición con; pero, puestos a conjeturar, presumo que la mayor parte de los aficionados leería con más naturalidad «El Dépor le empató al Barcelona».

Incluso así, el Camp Nou será una fiesta. ¡Enhorabuena al campeón!

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