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| Emilio Gancedo
www.diariodeleon.es, España
Miércoles, 14 de julio del 2010

VIEJAS CANCIONES, VOCES NUEVAS

Uno de los grandes benefactores del Valle de Laciana, Juan Alvarado (1865-1914) escribió en su día un libro en el que reunió cerca de 700 cantares de boda usados en la Montaña Occidental. Ahora, la editorial Piélago del Moro y el Club Xeitu lo reeditan acompañado de un cedé con el que «resucitan» esos antiguos cantos.


Juan Alvarado y Albo (1865-1914) no sólo fue el introductor en el Valle de Laciana de técnicas pioneras para la fabricación de mantequilla, el promotor de empresas relacionadas con la inmensa riqueza ganadera de la zona y el impulsor de innovadoras experiencias pedagógicas, sino que también mantuvo intensos contactos con algunas de las personalidades intelectuales más señeras de su tiempo, entre ellos los miembros de la filantrópica saga de los Sierra-Pambley y el filólogo Ramón Menéndez Pidal.

Fruto de esas inquietudes culturales fueron tres interesantes trabajos de investigación: una recopilación del derecho consuetudinario del concejo lacianiego; un amplio vocabulario del patsuezu, la robusta variedad del asturleonés que es propia del Alto Sil; y una magna Colección de cantares de boda de Laciana, Babia y Alto Bierzo. Por desgracia, los dos primeros manuscritos parecen perdidos, pero el último tuvo la fortuna de ver la luz, pues fue publicado de manera póstuma en 1919.

Libro extremadamente raro, del que hoy sólo sobreviven unos pocos ejemplares, ahora ha «resucitado» con nueva vida y nuevo vigor gracias a Piélago del Moro, activa editorial montañesa que esta misma semana pone a la venta una reedición del libro en la que a las páginas en facsímil de la citada joya bibliográfica se une un estudio en profundidad sobre la figura de Juan Alvarado y Albo, sus logros y su tiempo, así como anotaciones etnográficas acerca de los cantares de boda que recogió.

Y es que entre estas páginas aparecen costumbres y palabras que han desaparecido del todo con el paso del tiempo y el cambio en las costumbres, como indica el editor, Víctor del Reguero.

Arrupañar a la novia. Así, por ejemplo, a la salida del baile, el mozo «echaba por encima de la moza parte de la manta con que se abrigaba, aurupañándola en esta forma hasta su casa».

Una palabra, aurupañar, esconder la novia bajo la manta o la capa, que se ha volatilizado y no aparece en vocabulario alguno.

En cuanto al cedé que acompaña al libro, Del Reguero observa que se eligieron unos cincuenta cantares, de entre los setecientos que consignó Alvarado, para ser entonados en él.

Otra edición, ésta en solitario, del disco, se entregará durante la celebración del próximo Mercáu Tsacianiegu de Villablino.

«Vimos que, sin la música, el libro quedaba cojo, era necesario escuchar los cantares como tales», expresa Víctor del Reguero.

El libro Colección de cantares de boda, que incorpora además una treintena de sugerentes fotografías antiguas y modernas de bodas lacianiegas, inaugura la colección Cuadernos del Pustoiru (nombre de una popular plaza de Villager), dedicada a temas etnográficos.

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