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Víctor García de la Concha: El reformador de la RAE

Entrevista al director de la Real Academia Española.

Mientras se afinan los preparativos para el V Congreso Internacional de la Lengua Española que tendrá lugar en Valparaíso entre el 2 y el 5 de marzo, el director de la RAE entrega algunas luces sobre el trabajo de las academias. Gran gestor de estos congresos —que se realizan desde 1997—, García de la Concha también ha liderado la renovación de los académicos respecto del idioma, poniendo acento en estudiar el uso más que en establecer lo que está bien y lo que está mal.

Un lingüista dice que con García de la Concha la RAE pasó de ser una «Academia Real a una real academia». El piropo lo incomoda. Dice que él tuvo poco que ver, que sólo estaba allí cuando las cosas comenzaron a cambiar. Eso fue a fines del siglo pasado. En 1998 recibió el cargo de su predecesor, Fernando Lázaro Carreter, con el que había trabajado durante años. Lázaro le pidió que se encargase de América y después el rey Juan Carlos se lo repitió. «Me sorprendió la coincidencia», dice García de la Concha, y cuenta que él fue el primero en visitar todas las academias americanas. «Comenzamos una política panhispánica de la lengua», explica. Y subraya el fin: «Mantener la unidad». Cuando todo esto comenzó, en México se estaba planeando un diccionario del español hablado en América. La RAE, con su lema «limpia, fija y da esplendor», no resultaba muy simpática. Solía ser una institución que aplaudía el español de la península, ignorando los usos del otro lado del Atlántico.

García de la Concha fue el hombre que lideró la reforma. Coordinó los diccionarios con todas las academias, negoció una ortografía común. Ahora, a mediados de diciembre, lanzó su última gran obra: la Nueva gramática española, que pesa cinco kilos y medio. «Reúne los usos del español aquí y allá», dice él. El «allá» es Latinoamérica, aunque García de la Concha sabe explicar después que «Hispanoamérica no es un país, sino muchas realidades distintas».

¿Qué pasa con las otras lenguas que no tienen una academia, o que, como en la francesa, tienen una sola academia? ¿Se quiebra la unidad?

«Se quiebra o se resquebraja. Usted acaba de citar el caso de Francia: la falta de esa red ha hecho que se distancien los hablantes. Basta pensar en Canadá, por ejemplo. En portugués están tratando ahora de consensuar una ortografía lusa, con gran esfuerzo y gran mérito. Pero la existencia de esta red común es un instrumento formidable, y a eso yo he dedicado toda mi energía en los años que llevo de director de la academia».

¿Cuándo comenzaron a marcar palabras como españolismos?

«Se hacía antes, pero hemos empezado a hacerlo de manera sistemática cuando comenzó este movimiento. Pero hay que matizar una cosa. Más del 90 por ciento del léxico patrimonial del español es común: hay variedades en los nombres de plantas, animales, costumbres. Común además no digo a España y América, porque esa dicotomía lingüísticamente es falsa. El español del sur de Murcia y de Canarias es muy parecido al de las costas americanas y distinto al del norte».

¿Esos campos de variaciones —plantas, animales, costumbres, comidas, vestuario— son los mismos que en otras lenguas?

«Sí, son fundamentalmente los mismos. Y también en el lenguaje coloquial, donde se producen muchas frases, muchas locuciones y hay una enorme diversidad en cualquier región de cualquier país y de cualquier zona. El lenguaje sexual, por ejemplo, y no le digo a usted nada nuevo. La enorme riqueza y variedad de distintos países, en Cuba y Guatemala y Honduras».

Ahora han presentado la Gramática documentando usos en América y España. ¿Cambia tanto? Da la impresión de que lo que más cambia es el léxico.

«El léxico es más vivo, claro. Pero también cambia la gramática porque se traen modos de expresión; los culebrones traen expresiones americanas, por ejemplo. Hay construcciones que son muy frecuentes en América, como el uso de “detrás nuestro viene fulano”. Eso que en América es común en España hace poco tiempo era considerado incorrecto o semi-incorrecto. En cambio, ahora empieza a extenderse por el contacto América-España».

De las expresiones incluidas, ¿hubo alguna que a usted le pareciera a primera vista una aberración?

«Aberración es mucho, pero cosas chocantes sí. Hay una fórmula mexicana que dice “el comercio abre hasta las cinco”. Un hablante español entendería que ese comercio abre a las nueve de la mañana y cierra a las cinco de la tarde, pero en México significa que abre a las cinco».

Al presentar la Gramática, usted dijo: «El lenguaje está siempre en ebullición, pero no es tan grande su evolución». ¿Podría explicarlo mejor?

«La lengua está tan trabada en la unidad que la evolución es lenta. Se van produciendo cambios, pero no son cambios estructurales».

¿Cuándo se podrá tener acceso a esta información en internet?

«Debiéramos ponerla pronto, pero eso no es ponerla en PDF, que es igual, simplemente un cambio de soporte. Significa hacerla navegable, lo que es más difícil. Eso va a llevarnos un tiempo, sobre todo teniendo en cuenta que estos meses debemos trabajar en el manual de la gramática que vamos a presentar en Chile».

¿Por qué idiomas que tienen menos hablantes, como el alemán y el francés, nos ganan tanto en presencia en internet?

«Ya no nos ganan tanto. Eso tiene una explicación sencillísima: la renta pér cápita. Los países hispanohablantes no disponían de tantos aparatos, pero ahora la curva del acceso a internet se ha disparado».

Donde más se nota la poca presencia del español es en la cantidad de publicaciones científicas.

«Sí, pero eso ya no es presencia en internet pura. Ahí hay que ser realistas: la ciencia siempre tuvo una lengua de comunicación propia. Lo fue el latín. Cuando se extendió el romance, todos los documentos se seguían haciendo en latín. Después lo fue el francés y ahora lo es el inglés».

El castellano no sólo se modifica por la comunidad de hispanohablantes en Estados Unidos, sino también por la hegemonía del inglés «científico», ¿no?

«Sí, pero es un cambio en todos los sentidos. El español le presta palabras. Porque se cambia por la vía de la ciencia, la banca, el comercio. La influencia de los inmigrantes es muy pequeña comparado con esto. Voy a poner un ejemplo muy hispano: el fútbol, un deporte importado de Inglaterra. Al principio toda la terminología era importada. Se hablaba del árbitro como el referee y se hablaba de fault, mal pronunciado, como “faul”. De niño, al offside le decíamos “orsaid”. ¿Qué hizo el español? Fue tomando esas palabras y haciendo como lo que hace el río con las piedras. Ahora ya no es foot-ball, es fútbol o futbol».

¿Hay países donde se resista más al anglicismo? En España dicen ordenador, y en América se usa computador.

«A nosotros el ordenador nos llegó por Francia, es un galicismo. Ahora en el diccionario está computadora y después ordenador, porque se usa más la primera. Yo no creo que en España haya más rechazo a las palabras en inglés».

Pero al pendrive le decían lápiz. ¿Cómo le dice usted?

«Por el momento, le digo pendrive. Pero el ratón, en vez de mouse, entró bien en España. Y yo creo que es bueno tratar de hispanizarlas. En España, los ejecutivos si no meten un anglicismo en una línea se quedan insatisfechos, creen que valen menos. Mi hija mayor está en un bufete de abogados y habla muy bien el español, pero de pronto me dice: ‘Hoy venimos vestidos de casual’. ‘¿Qué es ‘de casual’, María? Irás vestida de informal, tú’».

Cuando hicieron el Diccionario panhispánico de dudas y ordenaron a los países en grupos —Estados Unidos, México y Centroamérica, Caribe, Zona Andina, Río de la Plata—, Chile quedó solo, como un país donde se habla otro tipo de español.

«Chile, tal vez por su naturaleza geográfica, es lingüísticamente muy especial. ¿Con qué lo podríamos juntar? Con el Río de la Plata, no. Con la región Andina, no».

Estamos convencidos de que maltratamos el idioma. Ahora que está de moda ir a países de habla hispana a aprender la lengua, había un foro en inglés que advertía que en Chile se aprendía un español muy distinto.

«Pensar así me parece un error. No hay países donde se hable mejor y otros donde se hable peor. Hay países donde hay una gran tradición de cuidar el idioma, como es Colombia, con la tradición de (Andrés) Bello y (Rufino) Cuervo. También se dice que el mejor español se habla en Valladolid, pero bueno, allí se habla bien y se habla mal. Cada modalidad tiene su propia norma. Lo que halláis estimado como correcto para Chile, es correcto para Chile».

«Más del 90 % del léxico patrimonial del español es común»

El CILE que se hará en Chile

Los Congresos Internacionales de la Lengua Española (CILE) se hacen cada tres años, desde hace poco más de una década. Partieron en Zacatecas (1997), con un García Márquez que proponía abolir la ortografía —«una provocación de Gabo», dice García de la Concha—, siguieron en Valladolid (2001), Rosario (2004) y Cartagena de Indias (2007). El próximo será en Chile, en Valparaíso, entre el 2 y el 5 de marzo. «Desde el primer momento quisimos que éste fuera un congreso marcadamente hispanoamericano. Coincide con el año de las celebraciones de los bicentenarios», explica García de la Concha. «La idea es hacer una crítica prospectiva y ver cómo el idioma puede ejercer una función en la movilización de una comunidad iberoamericana de naciones. La pregunta es cómo el español puede servir a la potenciación y cohesión de la unidad iberoamericana».

Esta edición será inaugurada por Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards y el filósofo español Emilio Lledó. También participarán José Emilio Pacheco y Juan Gelman, los dos últimos Premio Príncipe de Asturias, y el poeta chileno Óscar Hahn, quien tiene a su cargo la ponencia de clausura. Los homenajes partirán con la presentación de las ediciones conmemorativas de la obra de los Premio Nobel Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Dos gruesos libros que saldrán a precio comprable, con estudios críticos y notas de pie de página. El homenaje continuará con uno más amplio a «la poesía y los grandes poetas hispanoamericanos» —explica García de la Concha—, desde Rubén Darío a Nicanor Parra. Y también homenajearán a Andrés Bello, autor de la primera gramática de la lengua.

Para participar del congreso hay que matricularse —por 27 mil pesos—. Las actividades paralelas en la ciudad y teatros, serán gratuitas. Aunque no muy actualizada, hay más información en www.congresodelalengua.cl. Durante esta semana se entregará a la prensa el programa completo del Congreso y las diversas actividades asociadas, entre las que se cuentan la Fiesta del Libro, a realizarse entre el 27 de febrero y el 7 de marzo.

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