Noticias del español

| | | | |

| Luis Mateo Díez
diariodeleon.es, España
Martes, 14 de diciembre del 2010

VALENTÍN DECÍA QUE LA PALABRA DEFINE AL HOMBRE

Lo primero que debe destacarse de Valentín García es su condición de erudito. El era un gran erudito, una palabra que remite a su especialidad en la filología y en las lenguas clásicas.


Fue un hombre con una mirada muy intensa acerca del amparo de lo clásico sobre el propio español. Y en esa línea hay que contemplar su labor en las aulas, en los institutos, en la universidad y luego en la Academia en la que hizo un trabajo muy intenso a lo largo de los muchos años que estuvo en la institución en la que había ingresado en 1985. A esta faceta del erudito, del profesor y del académico habría que unir otra importantísima en un ámbito en el que, probablemente, ha sido una de las figuras más sobresalientes del último siglo y que es la traducción. Traductor cuidadosísimo de los grandes clásicos griegos y latinos. Un trabajo que inició desde muy joven y que prosiguió toda su vida.

Yo veo en la figura de Valentín García Yebra una muestra de esa herencia cultural irrepetible que se nos va yendo irremediablemente. Esas figuras que, como sucede en él, unen la sabiduría con la ejemplaridad. Sabiduría como aportación fundamental del trabajo personal, del estudio, de la dedicación, y además con ejemplaridad. Algo que desgraciadamente en nuestra sociedad no suele ser habitual ni todo lo valorado que merece pero él era así. Recuerdo que cuando le presenté el libro «El buen uso de las palabras» hablaba de la -˜expresión vital de la inteligencia-™. Es decir, esa inteligencia que tiene su expresión en la vida y en la que estriba precisamente esa ejemplaridad.

Él era, desde luego, un hombre obsesionado por el buen uso de las palabras. Trabajó mucho en los medios de comunicación, era un lingüista muy cuidadoso y en sus trabajos se detecta su esfuerzo por ser extremadamente didáctico. Por eso más que de divagaciones teóricas, él hablaba de la práctica de la lengua, del buen decir, de cómo había que utilizar las palabras y las frases. Y también solventaba muchas dudas que la gente le requería.

Era también un hombre muy atado a su tierra, a Lombillo, y recuerdo muchas conversaciones en las que disfrutábamos de su gran memoria de la infancia lo que se unía a una vivacidad expresiva verdaderamente preciosa. A veces yo le incitaba a que escribiera algunas cosas de aquellos años.

Recuerdo que una frase que le gustaba repetir era que «lo que de verdad define al hombre es la palabra». Sobre esa convicción, y sobre todo lo que supone esa idea, está construida la vida de Valentín. Y a eso se dedicó: a indagar en la palabra que es lo que define al hombre.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: