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| Agencia Efe

Urueña, un pueblo medieval guardián de libros y de la tradición oral en castellano

La pasión del etnógrafo Joaquín Díaz por conservar la tradición oral en castellano ha dado lugar a la idea de convertir el pueblo español de Urueña, cerca de Valladolid, en la Villa del Libro, un oasis para los nostálgicos de los romances, los músicos o bibliófilos.

Joaquín Díaz, un investigador del folclor, profesor universitario y cantante de romances antiguos, se dio hace años —él tiene hoy 60— a la tarea de recorrer los campos de Castilla y León en busca de mujeres y hombres que le pudieran transmitir los versos y las canciones aprendidas de sus antepasados.

Su propósito, convencido de que «la voz transmite sabiduría», era recuperar y preservar toda la informacicn posible antes de que los lugareños más viejos murieran y se perdiera para siempre con ellos la memoria oral.

Joaquín Diaz, consultado por Efe, defiende su labor frente al rápido cambio en la mentalidad de la sociedad actual, que conlleva, dice, el olvido de las «fórmulas antiguas de expresión».

El etnógrafo cree fundamental que la nueva sociedad tenga presente que «no es incompatible el conocimiento y la aceptación del pasado con las nuevas tecnologías, pues su unión es enriquecedora».

El fruto de las andanzas de Díaz es una Fundación que lleva su nombre y que desde hace casi tres lustros tiene su sede en Urueña, un pueblo medieval, otrora plaza fuerte romana, que conserva un castillo que mandó edificar Fernando I y su muralla del siglo XIV.

La casona que la provincia de Valladolid cedió a la Fundación sirve de museo expositor para la vasta colección reunida por Díaz y que él mismo describe: pliegos de cordel -«precursores de la prensa escrita»-, coplas, romances (como el de la mujer descuartizada y arrojada al río Duero), pregones, leyendas urbanas (El bandido tripalarga), y también grabados de trajes de época.

El patrimonio de la Fundación (www.funjdiaz.net) incluye una enorme cantidad de instrumentos musicales antiguos, como los utilizados en las grabaciones de los discos de Joaquín Díaz, en la que hay flautas, dulzainas, tamboriles, castañuelas, acordeones, panderetas, zambombas, carracas y matracas.

A la idea de Díaz, autor de medio centenar de libros y de una discograf¡a que recoge romances y cantes populares, canciones infantiles como Mambrú, Estaba el señor don gato o La pájara pinta, rogativas para pedir lluvia, sumaron luego un Museo de la Música, fundado por Luis Delgado (www.luisdelgado.net), uno de campanas y otro de exposiciones temporales como una dedicada a los juegos de la oca y otra a las tunas.

Y a la luz de estos atributos de Urueña, la diputacicn de Valladolid se lanzó al proyecto de dedicar también parte de la villa al libro, para lo cual, según explica el etnógrafo, ha restaurado diez casas repartidas por el pueblo que acogerán sendas librerias.

La infraestructura matriz de la Villa del Libro es una construccicn de planta baja ya terminada que, para uso pedagógico, dispondrá de un centro de investigacicn, biblioteca, salas de lectura y un jardín dedicado a la reunión de círculos literarios, presentaciones de libros, conferencias y coloquios.

Joaquín Díaz destaca el número de consultas en la página de Internet de la Fundación como muestra del interés creciente por el patrimonio oral, y cita también el máster de Musicología de la Universidad de Valladolid, que este año tiene entre sus asignaturas el patrimonio musical de España e Iberoamérica.

Con todo este bagaje, Urueña ha ido conquistando a gentes de oficios que tienen que ver con el libro y allí han asentado sus talleres algún encuadernador, un fotógrafo, un diseñador, y, como explica Díaz, en el futuro próximo podrá ser un lugar atractivo para otros artesanos, como ilustradores, calígrafos, impresores…

A la Villa del Libro le viene de antiguo el gusto por las letras, pues como dice el Parpala, el boletín que edita la Fundación, los de Urueña acostumbraban cantar los pajaritos en los banquetes de boda: «Una especie de pugilato entre los asistentes para ver quién tenía más ingenio en inventar letrillas bien rimadas».

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