Noticias del español

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| Yanet Aguilar Sosa
El Universal (México)
Lunes, 29 de enero del 2007

UNA GRAMÁTICA PARA LOS NUEVOS TIEMPOS

Más de 40 lingüistas trabajan desde hace siete años en la actualización de las características del español; la edición estará lista en el 2008.


Si hasta hace 75 años los escritores que influían en la gramática de la lengua española eran Lope de Vega y Miguel de Cervantes Saavedra, hoy en día las voces que infieren en esa ciencia son las de autores como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Octavio Paz, así como las expresiones inspiradas en la ciencia y la tecnología.

Así será en la Nueva Gramática de la Lengua Española, obra en la que han trabajado a lo largo de casi siete años más de 40 lingüistas y gramáticos, y que quedará concluida a finales del año.

La tardanza se debe al reto que se impuso la Asociación de Academias de la Lengua Española de hacer «una obra completa, grande, profunda, que no fuera facilona, sino una buena gramática, científica, seria, acorde con los tiempos modernos», como explica en entrevista el presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, José G. Moreno de Alba.

Dado que habían transcurrido 75 años desde la última edición —en 1931— del texto de consulta, las 22 academias que conforman la asociación, optaron por trabajar «con rigor y a detalle» una nueva edición que conjuntará las características gramaticales de la lengua española a lo largo y ancho de su territorio, no sólo del español de Madrid como se hacía antes, sino que incorporará los rasgos de los hablantes de América Latina, Filipinas y ahora incluso de los hispanos en Estados Unidos.

«La lengua cambia y había que respetar esos cambios, sobre todo en la gramática, pero también actualizar su estudio porque no es el que tenía en el siglo XIX, el que aprendimos en la escuela o trataron de enseñarnos y no aprendimos, reglas de memoria que no entendíamos, todo eso ya no existe en la nueva gramática. La nueva gramática no podía ser a la antigua, no podíamos estar preparando una gramática que tuviera un olor a siglo XIX».

Del material habrá una presentación preliminar, como texto semiconcluido, en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española que se realizará del 26 al 29 de marzo en Cartagena de Indias, Colombia. La publicación de la obra total se realizará en la primavera del 2008.

La Nueva Gramática de la Lengua Española tendrá dos formatos: el primero será una versión básica que alcanzará unas 2 mil páginas, minuciosa, pensada para el especialista, el lingüista, el filólogo. La segunda será una versión abreviada, apenas superior a las 700 páginas, dirigida al público culto, curioso de la lengua.

En sus dos formatos contendrá una descripción de áreas dialectales, niveles de lengua y registros. También incluirá la descripción de las principales variedades americanas del español, ejemplos y recomendaciones de uso. La obra de consulta contendrá 50 capítulos, índice temático y glosario de voces técnicas.

El académico señala que una de las mayores dificultades ha sido conciliar las normas establecidas con las nuevas teorías gramaticales, porque a veces las bases científicas son demasiado formales y técnicas. Las academias querían un texto legible por todos, sin notas al pie de página. «La nuestra no pretende ser una gramática técnica que se use sólo en las universidades, pero a la vez no podemos tampoco hacer a un lado las aportaciones de la lingüística contemporánea».

Su propuesta no es por una obra erudita, sino una gramática que a la vez sea un texto científicamente sustentable pero legible por una persona culta. En ese proceso encontraron otra dificultad: conciliar las normas locales con las normas generales del español, por ejemplo los modismos y formas de hablar en México, que son una manera diferente al español de Madrid.

El proceso de la nueva gramática fue muy complicado: un grupo de académicos en Madrid en la comisión redactora se encarga de redactar un borrador de cada capítulo, que tiene más o menos unas 100 páginas. Ese proyecto de borrador lo revisa una comisión de expertos de diversas partes del mundo, ellos corrigen y envían sus opiniones de vuelta a Madrid, de donde sale un nuevo texto que hacen llegar a los miembros de la comisión interacadémica de la que Moreno de Alba forma parte.

Esa comisión que tiene representantes en las siete áreas lingüísticas —México y Centroamérica, Antillas, Caribe continental, área andina, Río de la Plata, Chile y Estados Unidos» revisa de nuevo el texto, vuelve a anotar, corregir y anotar y lo regresa a la comisión redactora en Madrid de donde sale un capítulo concluido.

«De estos capítulos concluidos tenemos ya 80 %, y ahora está circulando todavía 20 % de los capítulos, yo estoy en el de las preposiciones, debo terminar en este mes de enero. Es un trabajo de todas las academias e incluso participan gramáticos y lingüistas no académicos, sino de diversas universidades del mundo, aunque la responsabilidad es de los académicos».

Moreno de Alba reconoce que no es una obra para el público en general, pero sabe que es uno de esos trabajos con efecto de cascada, que influye en profesores de universidades y, por lo tanto, la influencia se extiende a estudiantes, niños y jóvenes, que no la van a leer pero les llegará.

Esa es la misión de las academias, al menos así la concibe el presidente de la Academia Mexicana de la Lengua cuando dice que han dejado de ser una reunión de señores que parecía no tenían nada que hacer y se ha convertido en una institución con una razón social: «darle a la gente lo que sabemos hacer, la academia se dedica a ayudarle a la gente a usar su lengua mejor y a conservarla mejor, creo que ese es un servicio social».

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