Noticias del español

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| Lucila Castro
lanacion.com.ar, Argentina
Míércoles, 11 de febrero del 2009

UNA GRAFÍA QUE SUENA COMO ARPA VIEJA

Uno de los placeres que el diario me brinda son los crucigramas. Lamento el alejamiento de su anterior creador, ya que desde entonces mi diccionario está más que usado... y encuentro que últimamente figuran en esos entretenimientos términos inexistentes.


Por ejemplo, en el autodefinido de la Revista del 18 de enero, a la definición de 'instrumento musical con cuerdas colocadas verticalmente' le corresponde la palabra arpa … pero escrita con h. ¿Harpa? ¿Se trata de alguna excepción? ¿Será un error? ¿O, como diría mi profesora de castellano, un horror?", escribe la licenciada Susana C. Fernández de Cánaves.

Concuerdo con la lectora en que se extraña al anterior autor de los juegos, el fallecido Stanko Jerebic, pero en este caso no se trata de un error ni de un horror, sino de una grafía anticuada. La palabra arpa viene del francés harpe y la h es etimológica (la palabra francesa proviene, a su vez, de una antigua palabra alemana, también con h). La forma harpa figura en todas las ediciones del Diccionario de la Real Academia Española y en la primera, de 1726, arpa remite a harpa. Pero la grafía con h, aunque sigue figurando en el DRAE, ha caído en desuso y el Diccionario panhispánico de dudas dice que debe evitarse.

Claro que, si el autor del juego necesitaba esa letra, podía hacerse el desentendido y considerar que, mientras figurara en el DRAE , tenía derecho de usarla.

No es este el único caso de una h etimológica que ha caído en desuso. La palabra armonía, por ejemplo, de origen griego, tiene la variante gráfica harmonía, con la h que se escribía en latín y que representa la aspiración que tenía esa palabra en griego. Las dos grafías figuran en el DRAE, pero el DPD dice que la variante con h, hoy desusada, es desaconsejable.

Pulpos con costra

Escribe Rodolfo Héctor Ciccarella, farmacéutico y bioquímico:

«En la sección Turismo del domingo 1º, se escribe sobre el plato más típico que hemos podido degustar en Galicia, el pulpo. La autora se explaya con mucho detalle sobre las pulpeiras, la ancestral Festa do Pulpo, las guarniciones que pueden acompañar el plato, etcétera. Lástima que empaña el artículo cuando dice: "Diferencias al margen, es decir, sin tener en cuenta si a la reunión acuden decenas o miles de personas o si el crustáceo es acompañado por pan, vino…". El pulpo no es un crustáceo, sino un molusco cefalópodo de la familia de los octópodos. Los crustáceos deben su nombre a que son animales que tienen costra, como el cangrejo, la langosta, la centolla, la cochinilla, etcétera.»

Esas infografías

«En la descripción de la Casa Blanca del lunes 2 ("La Casa Blanca por dentro", página 3), se menciona una sala que "las primeras damas usaban para guardar piezas de porcelana". Porcelana, en inglés, se dice china; sin embargo, de allí a llamar a ese lugar "Sala de China", tal como hace el diario, hay una gran distancia. The China Room en la Casa Blanca es la Sala de la Porcelana y no un lugar dedicado a esa nación del Lejano Oriente. Agradeceré la aclaración en beneficio de los lectores», escribe Juan Javier Negri.

Y Roberto E. Oltra observa otro error, también en una infografía, y recuerda lo manifestado por otro lector la semana pasada, a propósito de una falta similar: «En la página 39 del suplemento "Bienvenidos al futuro", en la infografía "Televisión analógica vs. digital", escribieron la palabra transmisión con c. Estoy de acuerdo con el señor Alfonso Reuther: debemos cuidar el prestigio de La Nación».

La gente y las personas

Escribe Francisco Llorens:

«En la página 16 del 2 de febrero, se lee: "Lo mejor fue la solidaridad de la gente; siempre me ayudaron". Si bien aparece entre comillas, ya que fueron palabras de un entrevistado, ¿no debería haberse corregido el número del verbo? Resulta, por lo menos confuso, creo yo. Ayudaron puede remitir a gente, por lo que debería ser ayudó. Pero mi duda es: ¿puede remitir también a un sustantivo tácito con el que concuerde en número, como por ejemplo personas? De esta última forma, no estaría mal enunciado.»

En efecto, la posibilidad que observa el lector es lo que ocurre en la segunda proposición, por lo que la concordancia es correcta. Un sustantivo colectivo en singular, como gente, lleva el verbo en singular. Por ejemplo, si decimos «Lo mejor fue la solidaridad de la gente, que siempre me ayudó», el singular ayudó es obligatorio, pues el sujeto es el pronombre relativo que, que representa al antecedente gente y por lo tanto vale por un singular. Pero cuando, después de haber usado un sustantivo colectivo, se pasa a otra oración o proposición, con sujeto tácito, puede admitirse el plural porque puede entenderse que el sujeto no es el colectivo, sino un pronombre o sustantivo en plural que designe los seres que componen ese colectivo (en el caso citado, ellos o las personas).

Períodos de años

«Los sustantivos que identifican un período de varios años derivan directamente del latín, como bienio, trienio, cuatrienio, quinquenio, sexenio, septenio y decenio. Sin embargo, octenio y novenio no aparecen en el DRAE y sí en otras lenguas latinas. ¿Por qué?», pregunta Osvaldo R. Agatiello desde Pays de Gex, Francia.

No todos esos sustantivos vienen directamente del latín. Cuatrienio, por ejemplo, viene de cuatro. En latín es quadriennium, que dio en español la variante cuadrienio. Y milenio es una creación moderna, sobre una forma latina millennium, que no se usaba en la antigüedad.

Si el lector necesita hablar de períodos de ocho o nueve años, puede usar las formas que propone. Posiblemente lo entiendan, porque esas palabras están formadas según el mismo procedimiento morfológico que las otras. Pero el hecho de que esas palabras estén bien formadas (con el elemento prefijo que indica el número, y la terminación -enio, del latín -ennium, derivado del sustantivo annus, 'año') no significa que el diccionario deba registrarlas si no están documentadas. Es lícito crear palabras según las reglas (de hecho, lo hacemos constantemente, aun sin darnos cuenta, con formas de flexión que no hemos oído nunca, y lo mismo podemos hacer con formas de derivación), pero esas palabras solo adquirirán el derecho de entrar en el diccionario si se hacen usuales para la comunidad hablante, si la comunidad hablante las acepta y las hace suyas. Si no, los diccionarios deberían incluir todas las formas posibles según las reglas, aunque fueran palabras que nadie hubiera usado nunca.

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