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| Claudia Mezones Rueda, profesora del Área de Lengua y Literatura de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de PiuraCorreo - Lima, PerúLunes, 8 de junio del 2009

Una dosis de distinción léxica

Los hablantes de español formamos un grupo lingüístico de más de trescientos cincuenta millones de hablantes, repartidos entre España y la América hispanohablante. Nos entendemos gracias a la homogeneidad lingüística del español, pero, aún así, no dejan de llamar la atención las variedades con que lo hablamos.

 

Nos damos cuenta de que —según la zona geográfica— los hablantes se distinguen: unos pronuncian la «z» y la «c» distintas de la «s», otros, en cambio, las igualan a «s»; hay también los que utilizan el «vos» en vez de «tú» o los que usan el «ustedes» frente a los que prefieren el «vosotros»; etc. A esta perceptible heterogeneidad fónica y gramatical se une también la léxica, que es en la que existen mayores posibilidades de incomprensión o malentendidos cuando se encuentran hablantes de dialectos o variedades diferentes: peruanos, cubanos, argentinos, bolivianos, mexicanos, españoles, etc. Bastará con poner los ojos en solo unos cuantos términos para dar prueba de ello, como por ejemplo: medias, piyama, calzón y poto del español peruano en comparación con el español peninsular.

En España los hombres no usan «medias». Y es que «medias» solo usan las mujeres, así lo aclaran ellos: «las medias son los pantis de mujer, los hombres usamos calcetines». En cambio, los peruanos llamamos «media» a la ‘prenda de punto, seda, nailon, etc. que cubre el pie y la pierna hasta la rodilla o más arriba’ (Diccionario de la Real Academia Española, 2001), palabra formada de la expresión «media calza» que designaba las «medias» para distinguirlas de las «calzas» enteras que cubrían desde la pierna hasta la cintura (María Moliner, 2007). Así nos referimos a todo tipo de medias, aunque en algunos casos lo especifiquemos, como en «medias pantis» (o simplemente con género femenino «las pantis» o las formas «panti» o «panty», pero nunca escrito *pantys ni *panties). Así que cuidado con esta pequeña dosis de distinción entre «medias», «calcetines» y «pantis», más aún si está en España.

¿Por qué nos distinguimos de los españoles cuando decimos «piyama» (pronunciada con ye)? Pues, porque ellos dicen «pijama» (pronunciada con jota); con este término han adaptado a nuestra lengua la palabra inglesa «pyjamas» (tomada del hindi y este del persa ‘prenda de pierna’) al castellanizar la grafía y la pronunciación, mientras que nosotros escribimos «piyama» y mantenemos la pronunciación inglesa con «y» (es incorrecto escribir «pijama» y pronunciar «piyama»). Además, los peruanos, al igual que los mexicanos, la usamos en femenino (la-s piyama-s), mientras que ellos le han asignado el género masculino (el-los pijama-s). En este caso, la distinción léxica ha afectado solo a la forma del nombre porque con ambas palabras se hace referencia a la ‘prenda para dormir, compuesta en general de dos piezas’ (Diccionario panhispánico de dudas, 2005).

Hay otras palabras que pueden resultar en algunos veces graciosas y, otras, muy chocantes, según sea el caso, así que no nos alarmemos con la dosis léxica de lo que explicaré a continuación. A un español, por ejemplo, le causa mucha gracia que a la ropa interior femenina le llamemos «calzón» y no «braga», que es como llaman a la ropa interior que cubre desde la cintura hasta el inicio de la entrepierna o bragadera. «¿Acaso las mujeres en Perú los usan hasta las rodillas?», dijo alguno, prueba de que ellos asocian «calzón» con «grande», «largo» o «enorme» por su terminación en -ón, como aumentativo de «calza» (prenda de vestir que, según los tiempos, cubría de manera holgada o ceñida todo o parte de los muslos y las piernas), y porque, además, en determinadas zonas es el nombre, sobre todo, de los calzoncillos largos.

Como ve amigo lector, la heterogeneidad léxica nos podría poner en más de un aprieto o crear alguna confusión, por lo que es preciso conocer y estar enterados de algunas cuestiones generales sobre el habla en otros lugares y adquirir al menos una pequeña dosis de cultura léxica.

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