Noticias del español

| | | |

| Pietro Roca
eltiempo.com, Colombia
Viernes, 29 de enero del 2010

UNA CRUZADA PARA PROTEGER EL LENGUAJE

Convocatoria para condenar a los infiernos a aquellos que maltratan nuestra lengua.


Querido pueblo de Colombia. Quiero invitarlos a ustedes para que se sumen a una campaña liderada por mí, con el fin de proteger nuestro español de las amenazas que lo acechan desde varios flancos, mayormente desde el norte. Estamos en peligro inminente de perder el mote de «Atenas Suramericana» que tan meritoriamente nos hicieron ganar gigantes de las letras ya siglos ha.

¿Qué significo? se preguntarán ustedes con justificada razón. Pues bien, últimamente he realizado que buen número de paisanos empiezan a contaminar nuestra lengua con expresiones impregnadas de un sospechoso aroma extranjerizante. Y no significo llanamente el abominable spanglish de la troca y el lonche, sino algo más peligroso por ser menos advertido, pues es cierto que lo más camuflado lo más invasivo.

No quiero tomar el riesgo de parecerme a ciertos acomplejados culturales con su chauvinismo forzado que rechaza la influencia de todo lo que huela a norteamericano, pretendiendo artificialmente con ello que van a afianzar su propia cultura. Intentar oponerse a la marea indomable de la influencia cultural empujada por la media se me antoja un esfuerzo similar a intentar tapar el sol con una hoja de papel. Pero tampoco podemos rendirnos mansamente ante la indolencia de ciertos personajillos que habiendo tenido un contacto superficial con la cultura del norte pretenden hacernos creer que su espíritu cosmopolita se ha asimilado de tal manera, que a veces se les filtra en su charla uno que otro giro o palabra importado de mala manera a nuestra lengua vernácula.

Los más dignos de lástima pero también los más detestables son aquellos que apenas desembarcan en Miami empiezan a olvidar aceleradamente su español, y cuando vienen de para atrás a su Colombia, después de pasar un fin de semana en la capital de Latinoamérica, están supuestos a adoptar un vago acento con la R suavizada y se les traba la lengua ligeramente, y hasta llegan a tal un absurdo que ya no dicen «Ehhh, q'iubo mijo» pero algo como «Amm, hola».

Los invito a crear un frente común, y que nos apoyemos uno con cada otro para identificar esas lacras que amenazan con erosionar la lengua de Cervantes en su versión criolla colombiana. En la otra mano, es ampliamente conocido por los académicos que el lenguaje es un ente vivo y evolucionante y es inútil e indeseable conservarlo de los cambios.

Ciertamente, los vocablos nuevos son bienvenidos si irreemplazables y es cierto que enriquecen el acervo léxico del español. Este efecto saludable lo vemos mucho en el ámbito de la tecnología en donde nuevas realidades son aparecidas todos los días. Ya he visto puristas más papistas que el Papa que han intentado crear un equivalente en español de términos como software y claro, terminan haciéndose un ocho y pariendo vocablos que no hacen sentido para nadie.

Los que sí claman un rechazo decidido por atroces, son los neologismos que han dado en usar ciertos tecnólogos de la informática ya que son el resultado de una traslación chapucera y además innecesaria. Voy a mencionar algunos ejemplos. Incluyo entre paréntesis la palabra inglesa que los originó y la palabra equivalente en español para los que no están familiarizados con la tecnología: printear (to print, imprimir), bacupiar (backup, respaldo), inputiar (input, entrada de datos), escanear ( to scan, mmmmm… no se me ocurre).

En esto La Academia se muestra más bien laxa según muchos, entre los que me cuento yo mismo. Hay algunos vocablos bastante sospechosos que han entrado por la puerta grande al Diccionario, términos que yo aborrecía, tales como inversor por inversionista, suceso significando éxito, y otros. ¿Pero quién soy yo para juzgar severamente lo que no juzgó gente mucho más versada que yo?

Hace no mucho alguien me introdujo a una amiga recién llegada de Los Estados. Tuve un buen tiempo hablando con ella y realicé que ésta enfermedad de la contaminación se produce por carencia de una buena formación léxica y gramatical, pero también, como dije, por un deseo de aparentar «mundo», mayormente entre la gente joven que se las quiere tirar de muy «in».

Contra esta tendencia hay nada por hacer pero solicitar un mayor rigor en los responsables de la media, quienes son los que más contribuyen a la difusión de las malas costumbres en el habla. También podemos hacer nuestro aporte aquellos que nos preciamos de tener un manejo aceptable del lenguaje, pero sobre todo aquellos que nos hemos envuelto en esto de escribir para el público.

Fortunosamente con el arribo de La Red, contamos con una gran cantidad de ayudas de las que podemos tomar ventaja al alcance de un click. Hay varios diccionarios en línea soportados por eruditos en el tema del lenguaje. También en la Web hay un lote de expertos más que dispuestos a prestar sus buenos oficios para resolver las cuestiones de personas que tengan alguna duda.

Yo, como pichón de escritor sin audiencia, les confieso que se requiere una gran dosis de ingenuidad para salir con algún escrito que medio valga la pena, pero también un enorme sentido de responsabilidad es necesitado, pues no podemos convertirnos en propagadores de burradas idiomáticas.

En esto de copiar fórmulas de otros idiomas para adoptarlas en el habla informal, el inglés no tiene el monopolio. Hispanohablantes otros que el colombiano, tienen particularidades que a veces compatriotas nuestros acogen, repito, más por darse un aire interesante que por un influjo natural e inconsciente, como cuando emplean el muy argentino pero muy espantoso «yo pienso de que», o cuando usan el muy ibérico «pues nada», muletilla que a un originario de la Madre Patria se le oye simpático pero que a un colombiano le queda bastante artificial y pedante.

Esto me hace acordar que unos días hace, hablaba yo con un amigo que lleva viviendo varios años en EE. UU. y me describió un proyecto que él tenía en mente. Al final de la exposición, me dijo: «so, so… ¿qué opinas?», a lo que yo repliqué: «pues que tú eres un zo, zo… un zoquete y un zopenco».

Estimados lectores, si hay alguien que se quiera agregar a esta cruzada en pro de la protección de nuestra lengua, por favor hágamelo conocer. Por ahora les aconsejo que tanto en asuntos del lenguaje como de las personas, desconfíen de las construcciones espurias y de los falsos amigos.

EL FIN

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: