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| Joaquín Badajoz. Especial/El Nuevo Herald
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Domingo, 19 de septtiembre del 2010

UNA CELEBRACIÓN DEL ESPAÑOL AUTÓCTONO

El español de América navega en el caparazón de un armadillo, resuena rapsódico con la cadencia de Adiós Granada, entonada por un cuarteto andino de charangos. Parte de un tronco común, puede decirse que importado, pero como un río caudaloso, revuelto, vital, impuro, se ha ido enriqueciendo a través de los siglos por sus múltiples afluentes, hasta convertirse en un idioma autóctono, desbordante de giros propios. Eso viene a demostrarnos la primera edición del Diccionario de americanismos, un libro de 2.333 páginas preparado por una comisión interacadémica dirigida por el reconocido lingüista de origen cubano Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), en la que colaboraron más de 300 lexicógrafos y académicos de las 22 corporaciones que la conforman.


La obra, de carácter más descriptivo y referencial que normativo, recoge aproximadamente 70,000 voces, lexemas complejos, frases y locuciones, con sus respectivas marcas diatópicas (regionales), que ilustran minuciosamente las peculiaridades del español hablado en esa franja de 14,000 kilómetros que se extiende desde la península de Boothia, en Canadá —hay que destacar que incluye, por primera vez, giros del español hispanounidense, que es expresión de esos casi 50 millones de hispanohablantes distribuidos a lo largo de Norteamérica— hasta la Patagonia chilena.

Casi ninguna epopeya intelectual de tal envergadura se forja, por regla, sobre una tribuna de aire. En este caso tampoco. Es el resultado de una empresa soñada desde hace más de 100 años, cuando se constituyeron las primeras ocho academias correspondientes de la Lengua Española en territorio americano. En aquel entonces ya se avizoraba la necesidad de describir y normar los aportes transculturales del español criollo de América; sin embargo, los diversos intentos se vieron sucesivamente postergados por la lejanía geográfica, la deficiente infraestructura para desarrollarlo, e incluso la visión obtusa de los que veían las relaciones académicas como una nueva forma de dominio hegemónico, en vez de una manera de salvaguardar un patrimonio común. Como recuerda Víctor García de la Concha, director de la RAE y presidente de la ASALE, «la constatación de las deficientes fuentes informativas y la limitada posibilidad de comunicación [de la época] dejaron el ambicioso proyecto en el limbo de las buenas intenciones».

Lo que a fines del siglo XIX era apenas una fantasía con pocas posibilidades de realización fue el caldo de cultivo de un proyecto que, hay que reconocer, se volvió factible gracias a la sociedad de la comunicación y las nuevas tecnologías. Para los que trabajamos en la ardua tarea de revisar y corregir entradas desde este lado del Atlántico, parecía poco menos que una epopeya panglosiana el trasiego de documentos digitalizados que viajaban a la velocidad del éter hacia el equipo de redacción en Madrid, donde por causa del volumen de trabajo algunas academias tuvieron representantes permanentes —en el caso de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), el profesor y académico Orlando Rodríguez Sardiñas—. Marca sobre marca, cada una registrada en una plantilla que permitía rastrear los cambios y su autor, durante varios años de reescritura electrónica se fue construyendo este palimpsesto digital que ahora vemos convertido en un tomo fundamental para la lengua española, de dedicada edición y moderno diseño, publicado bajo el sello Santillana.

Esa exhaustiva labor de académicos y editores, fue la que permitió que esta obra no sea un libro de consulta más, sino el diccionario más completo del léxico panhispánico en más de medio milenio de presencia española en América, que recoge entradas de los casi 150 glosarios y diccionarios de americanismos (generales y nacionales) publicados desde 1975, como apunta López Morales en su introducción. Así como los vocablos registrados en el programa informático ARU, de la RAE, y otros que se fueron añadiendo o modificando por los equipos de las propias academias, en el proceso de elaboración y revisión documental del proyecto.

Además de las voces alfabéticas, el Diccionario de americanismos incluye un índice sinonímico y apéndices sobre las etnias indígenas vivas de Hispanoamérica, y su ubicación geográfica, gentilicios americanos por países, hipocorísticos (diminutivos o apodos familiares) más usados, un registro alfabético de lenguas indígenas vivas por regiones, las nomenclaturas gubernamentales, militares y monetarias usadas en las naciones del área, así como las siglas hispanoamericanas de mayor uso.

Como en todo proyecto lingüístico, cuya materia prima es la lengua viva, nos encontramos ante un catastro perfectible, que se irá reelaborando con sus sucesivas ediciones, pero que ya es, de facto, una herramienta referencial fundamental que cubre ese vacío lingüístico y lexicográfico del habla particular de un continente donde residen más del 87 %o de los hispanohablantes del mundo.

La obra, que lamentablemente no pudo ser lanzada, como había sido previsto, en el marco del V Congreso Internacional de la Lengua Española de Valparaíso, el pasado mes de marzo, debido al terremoto chileno, es de cualquier modo la más importante aportación de las Academias de la Lengua a la conmemoración del bicentenario de la independencia de las repúblicas iberoamericanas y una excelsa muestra de la importancia de América en la lengua española.

Pocas veces, como lectores, tenemos la oportunidad de añadir a nuestra biblioteca personal, un libro de valor referencial, histórico y simbólico como este Diccionario de americanismos, resumen de nuestra identidad y de ese imaginario americano que concreciona en la palabra, expresión concentrada de la fisonomía de una región con un pasado multicultural que se manifiesta sobre todo en su gran riqueza lingüística.

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