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Agencia Efe

Martes, 15 de marzo del 2011

UNA BIOGRAFÍA ARROJA LUZ SOBRE MARÍA MOLINER


María Moliner se dedicó durante quince años a preparar su Diccionario de uso del español, obra fundamental de la cultura en español del siglo XX, pero hay otras muchas facetas de la vida de esta mujer que se ignoran y sobre las que ahora Inmaculada de la Fuente arroja luz en una biografía.


El libro se titula El exilio interior. La vida de María Moliner y en él la autora huye de los estereotipos que rodearon la trayectoria de esta gran lexicógrafa y recrea las distintas etapas vitales de quien fue condenada al ostracismo durante el franquismo y quizá por eso «tuvo tiempo» para sacar adelante esa magna obra que es el Diccionario.

Como señalaba De la Fuente al presentar el libro, editado por Turner, María Moliner tuvo siempre fama de «ama de casa» y de «persona abnegada» porque consagró buena parte de su existencia a las palabras, pero también fue «una mujer con una gran ambición intelectual y con afán de superación».

En realidad, es «una figura clave del siglo XX, una autora que escribe un diccionario que actualiza ella sola todos los términos del de la Real Academia Española (RAE)», institución que en 1972 no respaldó con los votos suficientes la candidatura de María Moliner, y sí apoyó la de Emilio Alarcos, que competía con ella por la misma plaza.

Inmaculada de la Fuente cree que la Academia no tenía especial interés en que Moliner entrara en la Academia, dado que «la veían como una intrusa».

Esta mujer había estudiado la licenciatura de Historia en Zaragoza «y no estaba considerada filóloga», a pesar de que demostró sus grandes conocimientos de lexicografía en su monumental Diccionario.

Y sin duda, en el rechazo de la RAE «también influyó el hecho de que fuera mujer» y el que su obra «cuestionara» el Diccionario académico. «Fue admirada por algunos académicos, pero en cierto modo no fue valorada», añadió De la Fuente, periodista del diario El País y autora de los ensayos biográficos Mujeres de la posguerra y La roja y la falangista.

A la hora de acreditar sus méritos para ser académica, Moliner solo aportaba el Diccionario. «Si el Diccionario no les parecía bastante a los académicos, ¿para qué buscar más?», decía De la Fuente.

«Con el paso del tiempo, no haber entrado en la Academia no le resta nada a María Moliner, y acaso sí a la Academia», comentaba la autora.

«Puntillosa y prolija», Moliner se planteó el Diccionario como una obra personal y, a medida que iba avanzando el proyecto, se dio cuenta de que cada vez era «más apasionante» y de que necesitaría «un siglo» para acabarlo. Por eso buscó colaboradores ocasionales, pero con una labor «muy secundaria».

«La que tenía en su cabeza el diccionario era ella pero necesitó ayuda porque, si no, se hubiera vuelto loca», aseguraba la autora de El exilio interior. La vida de María Moliner, una obra que, como recordó la editora Pilar Álvarez, ve la luz cuando se cumplen treinta años de la muerte de la gran lexicógrafa.

Moliner empezó en 1952 con su titánica obra, cuyo primer tomo apareció en Gredos en 1966. Un año más tarde vería la luz el segundo.

Fueron Dámaso Alonso y Rafael Lapesa los que convencieron a la editorial Gredos de que «el proyecto merecía la pena», pese a que la presentación del mismo, en «cajas de zapatos llenas de centenares de fichas», no era demasiado buena.

«Quizá fue el pudor, o la necesidad de proteger su pasado republicano, lo que la llevó a minimizar su trayectoria anterior, porque Franco estaba aún en el poder».

Pero María Moliner era también bibliotecaria y desempeñó una importante labor en este campo durante la República. Diseñó un plan estatal de bibliotecas y fue directora de las Misiones pedagógicas.

Inmaculada de la Fuente ha hablado con familiares de Moliner y ha investigado en diferentes archivos para reconstruir la vida de esta mujer que vino al mundo en 1900 y cuya infancia no fue fácil porque su padre se fue a Argentina y abandonó a su familia en España.

Tras la guerra civil «fue depurada y sancionada, y fue degradada 18 puestos en el escalafón». «El franquismo frenó su carrera como bibliotecaria pero, indirectamente, aquello fue como una invitación para embarcarse en su gran obra», afirmó la autora.

Al dibujar el exilio interior de Moliner, Inmaculada de la Fuente esboza también en su libro el de otras mujeres de esa generación que en los años 30 «empezaba a brillar y a sentirse cómplice de los cambios colectivos». 

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