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| Efraín Osorio
lapatria.com, Colombia
Martes, 22 de diciembre del 2009

UN TAL, NADIE, CUALQUIERA-CUALESQUIERA, LOCUCIÓN, COHONESTAR

Cuando uno se refiere a alguien más desconocido que el ‘sabio’ del padre Gallo, el de Oasis, e ignorado también por la mayoría de quienes reciben la información correspondiente, le aplica la locución un tal.


Hace dos martes, más o menos, califiqué de un tal al historiador Francois-Xavier Guerra, citado como autoridad por el doctor Rodolfo Segovia Salas, quien consideró ‘despreciativa’ la locución. No lo es, señor. Cuando uno se refiere a alguien más desconocido que el ‘sabio’ del padre Gallo, el de Oasis, e ignorado también por la mayoría de quienes reciben la información correspondiente, le aplica la, en mi caso, desafortunada expresión.

De ésta enseña el diccionario de María Moliner: «Se emplea, seguida de un nombre propio, para referirse a una persona de la que se ha oído hablar o con la que se ha tenido un encuentro casual sin conocerla antes y que es también desconocida para el interlocutor».

El de la Academia de la Lengua no la asienta, pero sí propone un tal por cual, ésta sí expresión despectiva. De cuando en cuando, escucha uno o lee la locución un tal, aplicada un personaje reconocido en todos los rincones de nuestro planeta, precisamente para expresar todo lo contrario de lo que ella significa, por ejemplo, «esa es la Novena Sinfonía de un tal Ludwig van Beethoven»; o «ese óleo es la Mona Lisa, de un tal Leonardo da Vinci». Sea como fuere, mi intención fue sana, y, si así no fue recibida, desde esta loma presento mis sentidas disculpas.

Nadie, considerado por don Andrés Bello como un sustantivo, es para la mayoría de los gramáticos un pronombre indefinido (‘ninguna persona’), que se formó del plural nati (nacidos) del participio pasivo latino natus (del verbo nascor = nacer). Nati se convirtió en nadi, y éste, en nadie, trasformación que requirió siglos (del XII al XV), según Corominas. Como carece de plural, es invariable, y concuerda con su verbo en singular. No sé si en España sea corriente hacerlo concordar con verbo plural, como lo hizo la columnista de El Tiempo, Salud Hernández, en esta oración: «No ignoro que en Colombia denunciar es un riesgo, que nadie nos fiamos de nadie…» (XII-13-09). «Nadie se fía de nadie», señora, no importa que seamos cuarenta y pico los millones que desconfiamos de todos.

Para muchos escritores es un dolor de cabeza el uso castizo del plural del adjetivo o pronombre indefinido cualquiera (cualquier, cuando se antepone al nombre, masculino o femenino: ‘cualquier hombre’, ‘cualquier mujer’). Su plural es cualesquiera. Así redactó el doctor Jorge Raad Aljure: «No es fácil asimilar que sea cierto que la calidad de la educación superior, o cualesquier otra, sea igual en Manizales y las tres otras ciudades» (LA PATRIA, XII-15-09). La forma correcta en esta frase es: «… o cualquier otra», porque es singular. Sirven de ejemplo del buen uso del plural cualesquiera esta oración: «Dios perdona a sus criaturas, cualesquiera (aquí, pronombre relativo) que fueren sus pecados»; y este pasaje de Don Quijote de la Mancha: «… y verdaderamente creyó que había acertado con el bálsamo de Fierabrás y que con aquel remedio podía acometer desde allí adelante sin temor alguno cualesquiera (adjetivo) ruinas, batallas y pendencias, por peligrosas que fuesen» (I-XVII).

Estas mismas enseñanzas se le pueden aplicar al pronombre indeterminado quienquiera, cuyo plural es quienesquiera. Notas: El plural apocopado cualesquier, que aparece de tarde en tarde en redacción culta, no es aconsejable. Y: Cuando con cualquiera se califica a una persona de poca importancia o indigna de consideración, su plural es cualquieras, verbigracia, «ese de allá es un cualquiera; y aquellos, unos cualquieras».

Gramaticalmente, locución es una 'combinación fija de varios vocablos que funciona como una determinada clase de palabras' (El Diccionario). No es, pues, apropiado llamar locución a una sola palabra, como lo hizo el señor Augusto Morales Valencia en su artículo de LA PATRIA: «El uso hoy de la locución administrado me sugiere un tratamiento despectivo…» (XII-16-09).

Más acertado hubiese sido llamarla palabra, término, vocablo, participio, adjetivo etc. Nuestra gramática habla de locuciones adjetivas (de primera); adverbiales (a priori); conjuntivas (con tal que); interjectiva’ (¡por Dios!); preposicionales (en pos de); sustantivas (un tal), etc. Por lo tanto, la locución, cuyos sinónimos son giro, expresión y modismo, consta siempre de dos o más palabras. ¡Palabra!

El verbo cohonestar, señor, es transitivo, es decir, que se construye con complemento directo, que sólo admite la preposición a (nunca con), aunque no siempre, por ejemplo, decimos «capturar un león», en forma indeterminada; y, en forma determinada, «capturaron a Melena, un león que se escapó del circo»). Razón por la cual, esta frase del editorial de nuestro periódico está mal construida: «… se hacen los de la vista gorda (algunos policías) frente a diferentes actos delincuenciales o hasta cohonestan con ellos…» (XII-16-09). La construcción castiza, señor, es ésta: «… y hasta los cohonestan». Además, el prefijo co-(con = reunión, cooperación, agregación) hace de cohonestar con un pleonasmo. Lo mismo que propender por. ¡Sí, señor!

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