Noticias del español

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| Lucila Castro
Lanacion.com (Argentina)
Lunes, 4 de setiembre del 2006

UN SÍ PARA EL NO

Escribe Catalina Mellibovsky: «El 28 de agosto, en su sección, aparecen oraciones con doble negación: "No hay nadie más en la habitación"; "No me voy a levantar nunca más". Yo creía que la doble negación era errónea y que debía decirse, por ejemplo: "No me voy a levantar más". ¿Podría aclarármelo, por favor?».


Los ejemplos que menciona la lectora no son míos, sino del Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española, que los cita para ilustrar no el uso de la doble negación, sino la posición del más con negación. Pero son ejemplos correctos. La doble negación no es incorrecta en español: puede ser necesaria según la posición en que se coloquen las palabras negativas respecto al verbo. Por ejemplo, se dice «Nunca me voy a levantar», con negación simple, porque el nunca está antepuesto al verbo, pero «No me voy a levantar nunca», con negación doble, porque el nunca está pospuesto.

Pero el ejemplo que da la lectora, «No me voy a levantar más», también es correcto, porque la posibilidad de doble negación se refiere a la necesidad de agregar o no un no a nunca, nadie, nada, ninguno, no a la necesidad de agregar un nunca al no . Aquí nadie duda de la necesidad del no, pero el nunca es innecesario porque está el más.

Este tema de la doble negación ya fue tratado en la columna, el 30 de mayo («El juego del no») y el 7 de noviembre («La multiplicación de la nada») del 2005.

El nombre de una tierra

«Tengo el agrado de dirigirme a usted con el objeto de consultarla acerca de la forma correcta de trasladar a nuestro idioma la terminación -land del inglés, referida a regiones o países, cuyo significado es 'tierra'. Así, tenemos Holanda, Irlanda y Nueva Zelanda, que hasta no hace mucho era Nueva Zelandia. Simultáneamente, tenemos Finlandia, Islandia, Groenlandia, Swazilandia y algunas otras que pueden escapárseme en este momento. En caso de que ambas formas sean correctas, ¿por qué el cambio de Nueva Zelandia a Nueva Zelanda, vigente desde hace no mucho tiempo?», pregunta el ingeniero Andrés Milá Prats.

El elemento compositivo -land, propio no solo del inglés, sino también de otras lenguas germánicas, ha dado en español nombres terminados en -landa y nombres terminados en -landia , como bien dice el lector. En el caso de Nueva Zelanda y Nueva Zelandia, en realidad no ha habido ningún cambio: las dos formas fueron siempre y siguen siendo consideradas correctas, pero en España se usaba solo la primera, mientras que en América prevalecía la segunda.

Tal vez por haber visto en el Diccionario de la Real Academia Española la forma Nueva Zelanda (el DRAE es un diccionario lexicográfico, no enciclopédico, y no registra nombres propios, pero el nombre de los países figura, por ejemplo, en la definición de los gentilicios, en este caso en la entrada neozelandés), alguien se apresuró a concluir erróneamente que la Academia rechazaba la forma Nueva Zelandia. Y si ese alguien tenía algún poder en alguna editorial o en algún medio gráfico, de ahí no había más que un paso para que se inventara la norma interna de que había que escribir Nueva Zelanda porque esa era la única forma correcta.

Eso no es así, pero, si uno no tiene nada mejor de que enorgullecerse, no es de extrañar que se ufane de haber descubierto una norma que nadie conocía (lógicamente, porque no existía) y trate de imponerla. Y se impuso en ciertos medios, donde muchos creen que antes se decía mal y ahora por fin se ha hecho la luz sobre la forma correcta. Pero los hablantes, en la Argentina, siguen diciendo mayoritariamente Nueva Zelandia, y es importante que sepan que pueden seguir diciéndolo sin culpa, porque esta forma es tan correcta como la otra.

Frustración

«Refiriéndose al caso de la niña vienesa Natascha Kampusch, secuestrada en 1998 y aparecida después de 8 años de cautiverio, un periodista de una radio de la Capital dijo: "… el secuestrador, al comprobar que se había ido [la secuestrada], tomó el auto y salió en su búsqueda, la que resultó frustrada…», escribe desde Mar del Plata Fernando F. Funes.

«Mi pregunta es: ¿está bien usada la palabra "frustrada" en esta oración? Entiendo que frustrar significa impedir que un proyecto, una tarea o una idea llegue a su fin. Ese no poder hacer por parte de quien se lo ha propuesto está ligado necesariamente a la intervención de algo o alguien ajeno y externo a él, que precisamente hace que no se logre lo propuesto. ¿Es así o tiene otra acepción y aplicación?», finaliza.

Es así, y precisamente porque ese es el significado de frustrar, podemos decir que el periodista lo empleó bien. El agente externo que frustra un propósito no es necesariamente un objeto material: puede ser un hecho. La muchacha puede haber tomado por un camino y el hombre, por otro, o bien puede haber escapado mucho antes de que el secuestrador se diera cuenta, de modo que este no pudo alcanzarla, o bien puede haber encontrado un refugio donde ocultarse de su perseguidor. Una circunstancia como estas, o cualquier otra, puede haber sido la causa de que la búsqueda se frustrara. Claro que aquí podría decirse que, en realidad, lo que se frustró no fue la búsqueda sino la captura de la fugitiva, pero, como la búsqueda tenía como objetivo la captura, puede decirse que la búsqueda se frustró, porque el hombre la suspendió sin haber alcanzado ese objetivo.

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