Noticias del español

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| Magí Camps
La Vanguardia, España
Lunes, 18 de enero del 2010

UN SANTUARIO SIN SANTOS

El inglés ha conseguido que convirtamos los refugios de terroristas en lugares de culto.


En la evidente aportación del inglés a las lenguas occidentales hay, como todo en la vida, influencias buenas y malas. Por ello las lenguas se dotan de mecanismos para protegerse. Cuando algunos alzamos la voz frente al anglicismo innecesario, otros argumentan que lo que ahora sucede con el inglés, antes había pasado con el francés o el árabe. Es cierto, y de todo lo asimilado yo me quedo con ese matrimonio árabe-latino tan bien avenido: el aceite de oliva.

Pero volviendo al inglés y a sus falsos amigos, es preocupante la proliferación de santuarios por estos mundos de Dios. En inglés, sanctuary tiene el sentido de refugio.La fauna protegida vive en reservas o refugios, como los babuinos en Sudáfrica (sanctuary for baboons in South Africa).

Ante nuevas circunstancias, las palabras toman nuevos usos. Así, los grupos terroristas tienen sus escondites. Durante muchos años se habló de Francia como el refugio de los etarras, porque allí podían vivir y moverse sin tantas cortapisas como a este lado de la frontera. Hasta que un buen día algún sujeto falto de juicio lingüístico empezó a hablar de santuario:el santuario etarra en el sur de Francia, nada menos. ¿No es Lourdes el santuario por antonomasia del mediodía francés?

Por suerte, los mecanismos a los que aludía al principio detectaron al intruso y pusieron remedio. Pusieron remedio porque cuando lo analizaron se dieron cuenta de que era un falso amigo del inglés que, además, tenía palabra propia en castellano: refugio.Por ello era necesario erradicarlo. Cuando una palabra no tiene equivalente claro en nuestra lengua, es lícito tomar la foránea (punk, snowboard, leggings, por ejemplo). Y también lo es buscar una nueva que nos sirva para no tener que recurrir al extranjerismo crudo (asesor de compras en lugar de personal shopper o hipotecas basura en lugar de subprime).

Sin embargo, en muchos medios de comunicación se repite el despropósito del santuario.Hace unos días —ampliando fronteras— la propia ministra de Defensa hablaba del santuario de los talibanes en Afganistán.

El principal problema de aceptar el nuevo sentido de la palabra en castellano es que se contradice con su significado primigenio. Un santuario es un lugar de culto, un espacio público que atrae a los visitantes devotos. Un refugio, en cambio, es un lugar oculto, escondido, protegido de las miradas ajenas. Si damos a santuario el sentido de refugio estamos traicionando su esencia. Y de paso estamos santificando la labor de los que allí se encuentran.

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