Noticias del español

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| Rafael Alcides
cubaencuentro.com, Cuba
Lunes, 3 de noviembre del 2008

UN NUEVO IDIOMA ESPAÑOL

Respetuoso de las tradiciones, el Hombre Nuevo distingue entre locución y escritura.


Hasta que una orquesta no tiene un sonido, un timbre, un sello que la identifique, no es una orquesta: es un grupo de músicos. Con las generaciones pasa igual: sin «la diferencia» que distinga a la actual de la anterior, no calificaría como generación. Y con las naciones. Más que el diseño de su bandera, identifica a una nación su idioma, y en el caso de pueblos que comparten una misma lengua, la forma de hablarla.

Cuba, donde ha aparecido una nueva civilización, la del Hombre Nuevo, no ha esperado a que ese cambio se produzca solo, empujado por el tiempo, sin que la Academia se de cuenta. No. Dispuesto a hacer sentir su impronta en un mundo que se muere de decadencia, el Hombre Nuevo está transformando a la carrera el español hablado, inyectándole nueva vida a algo que es muy viejo.

Él ya no dice dormir, como el hablante español corriente, sino donming, que es más sonoro; tampoco dice hablar, como la gente que nunca será nadie en este mundo, sino, con singularidad muy personal, hablal. Y así. Cuando no transforma la r final en ing, ang, eng, ong, ung, la convierte en una vigorosa y muy simpática l, que a menudo lo haría pasar por un democrático chino de fonda.

No es un empeño nuevo en América. Desde años atrás, los argentinos han venido trabajando en eso. Con interés los oímos decir sentate por siéntate, quedate por quédate, vení por ven, sabés por sabes, y así en películas y en la vida real los ve y oye usted tomando mate y martirizando cada uno de los verbos del español, desguasándolos sin piedad, tal vez creyéndose muy exclusivos (aunque ¿de qué?). Vienen escribiendo su nuevo español con olor a naftalina tal cual lo hablan.

El Hombre Nuevo, no. Respetuoso de las tradiciones, el Hombre Nuevo distingue entre locución y escritura. Lo oímos decir comel, o comeng, pero escribe comer. O hacén y haceng, pero escribir hacer. Decir cagnne, pero escribir carne.

Un timbre, una sonoridad, un sello

Por ahora, y en tanto no logre cambiarlo por completo, hacer otro de él (que mediante ejércitos de misioneros lo enseñaría gratuitamente por el mundo), el Hombre Nuevo respetará el español que ha venido usando; aunque, eso sí, rejuveneciéndolo a diario, adecuándolo, sobre todo en el habla, a las necesidades del Hombre lleno de prisas que es él, comprometido con la Historia a hacer, cada nuevo año, lo que a los argentinos y a los demás pueblos del mundo, por comunes, les llevaría un siglo.

De ahí la supresión de la s que en el plural ha hecho el Hombre Nuevo, quitándola del artículo si la pusiera en el sustantivo. A generales, ministros, boxeadores, peloteros, maestros… oirá usted diciendo en la televisión lo pollitos o los pollito, y así sin la s imperdonable en alguien con tan apretada agenda.

Resultante, asimismo, de esas muchas e históricas responsabilidades que su condición de Hombre Nuevo le impone, es la velocidad con que ya habla y en la cual he podido observar, reloj en mano, el magisterio con que logra este héroe hacer una palabra, una sola, de todo un párrafo compuesto por 42 oraciones.

El reaccionario, que nunca falta, por lo general maestros de escuela de la vieja época, dirá que eso no es hablar, que eso es hacer ruido; pero el Hombre Nuevo no se detiene a escuchar sandeces y sigue innovando lo que Cervantes dejó a medias y Fernando Lázaro Carreter vigila escrutante como un satélite.

Se equivocará quien piense que sólo la pronunciación y el enriquecimiento lexical, que incluye miles de voces nuevas ya en plan para exportar, le preocupan al Hombre Nuevo. También le ha interesado la emisión de la voz.

Los burgueses, por lo general (y antes los esclavistas y los feudales), lo hacían, erróneamente, por la garganta. El Hombre Nuevo, aunque el enemigo vea en esto avances de la cultura marginal, lo ha venido haciendo (con bastante éxito) con la nariz. Cada vez ha sido más nasal. Estudiantes, profesionales, altos cargos. Hasta en la televisión y la radio ya tenemos locutores y locutoras de una nasalidad magistral.

Según me han dicho, argentinos infiltrados han venido espiándonos. Pero Cuba está ya muy adelantada en eso. De cumplirse las secretas metas que al respecto parecen regir, en la siguiente década la nueva civilización fundada por el Hombre Nuevo será fañosa ciento por ciento, con lo cual se habrán conseguido dos cosas fundamentales, una política y la otra estética.

La primera, reivindicar al fañoso, ese infeliz que tan discriminado fuera en la vieja sociedad. La segunda, obtener, al fin, para el novísimo español cubano (mucho más estilizado y apropiado para su aprendizaje que el argentino) un timbre, una sonoridad, un sello, en dos palabras, que lo distinga a la legua tal cual se distingue en el mundo musical a la orquesta Aragón.

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