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Un investigador de la Universidad de Málaga (España) analiza las palabras tabú de las sociedades

Cada sociedad cuenta con un sistema de censuras de distintos tipos: censuras de costumbres, de usos, de leyes... Para algunos antropólogos el asunto de la censura, de lo políticamente correcto, es un signo de hominización y varía de una sociedad a otra y de una época de la historia a otra.

En el caso de la lengua también existe esta censura social. Este último fenómeno se denomina interdicción lingüística o tabú lingüístico, de acuerdo con el cual se nos indica, explícita o implícitamente, qué está permitido decir o no dentro de la sociedad en la que nos encontramos.

El profesor Pedro J. Chamizo, miembro del grupo de investigación Ciencias Cognitivas del Departamento de Filosofía de la Universidad de Málaga, trabaja desde hace años en la evaluación y análisis teórico de la interdicción lingüística. «Es evidente que desde el punto de vista científico este fenómeno existe y es necesario darle un tratamiento teórico. En la actualidad hay varios diccionarios de palabras tabú pero apenas se ha abordado el fenómeno desde el punto de vista teórico», explica el profesor Chamizo.

Para Chamizo el análisis de este fenómeno es fundamental «para empezar a entender la realidad lingüística que nos rodea, para no temerla. No hay que asustarse de las palabras ni de su poder, pero el peso de las palabras es incalculable», argumenta. «No hay nada en una palabra que la haga tabú por sí misma, sino que es la intención en su uso por parte del hablante o de la sociedad la que le proporciona una carga de significado u otra».

Y aporta algunos ejemplos. «Una palabra tan malsonante hoy como follar, en origen significaba soplar con un fuelle y solamente está documentada con el significado de tener un coito en fecha tan reciente como es el siglo XIX; y en esa época tenía un registro eufemístico a pesar de que en la actualidad sea una de las palabras más malsonantes de la lengua castellana». A veces este proceso de cambio semántico es incluso más acelerado. Así, por ejemplo, en la película Aventura para dos (Spanish Affair), 1958, la actriz Carmen Sevilla utilizaba el modismo hacer el amor con el inocente significado de tirar los tejos, significado que muy probablemente no entienda nadie en la actualidad, aunque lo mismo ese significado que el actual estén recogidos en el DRAE: Hacer el amor: 1) «enamorar, galantear»; y 2) «copular (unirse sexualmente)».

Los medios de comunicación suelen ser espejo de estos cambios en el uso de las palabras. Este es, por ejemplo, el caso del término intolerante. «Su significado referencial es simplemente falta de tolerancia y sin embargo, se ha cargado de connotaciones tan sumamente negativas como para que se evite de forma sistemática», apunta el profesor. «El resultado es que no se puede ser intolerante ni siquiera con el terrorismo o el maltrato y se habla de “tolerancia cero”. Igualmente no resulta políticamente correcto en la actualidad decir gitano, sino que hay que decir de etnia gitana, si uno quiere evitar ser censurado socialmente; o ciudadano chino en vez de chino simplemente».

Entendimiento entre culturas

Estos conocimientos no son simplemente un acercamiento a la realidad. «Son fundamentales para la comprensión entre distintas sociedades. Son conocimientos relevantes para evitar la mala interpretación», argumenta Chamizo. «En México, por ejemplo, no se debe utilizar los sustantivos madre o padre para designar a los progenitores, sino mamá o papá, ya que las primeras resultan ofensivas». «O el adjetivo small (en inglés significa pequeño), que en las cartas de los restaurantes del mundo anglosajón no se utiliza porque tiene connotaciones negativas, mientras que eso no sucede en el español, lengua en que es ampliamente usado el adjetivo pequeño en cualquier restaurante que pretenda estar à la page». Otro ejemplo podría ser el sustantivo foca «que ha desarrollado el significado de persona obesa mientras que su cognado francés (foque) se usa como término despectivo para las personas homosexuales».

De hecho, el profesor Chamizo mantiene abierta una línea de investigación relacionada con los «falsos amigos» de las lenguas que pueden generar conflictos de entendimiento. Asimismo ha comenzado a estudiar la relación entre el tabú lingüístico y el poder, con el ánimo de verificar si el éxito de los grupos sociales se puede medir, entre otras variables, por su capacidad para imponer términos eufemísticos y relegar palabras al territorio tabú.

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