Noticias del español

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| Francisco A. López Cabello
diariodeamerica.com
Martes, 16 de octubre del 2007

UN FUTURO PARA EL ESPAÑOL EN FILIPINAS

La actualidad de Filipinas para la Hispanidad, no es otra que la intención de su presidenta, Gloria Macapagal, de potenciar el español en las islas.


Estas fechas de la Hispanidad nos hacen fijarnos en un país que por derecho propio debiera estar en vanguardia de ella, e inexplicablemente parece haberse alejado del mundo hispano. Me refiero a Filipinas.

Parece que el archipiélago se halla apartado de la comunidad hispánica a la que sin duda pertenece. Ello ocurre especialmente en el terreno de la lengua, ya que la comunicación es la principal vía de compartir un destino entre naciones.

La actualidad de Filipinas para la Hispanidad, no es otra que la intención de su presidenta, Gloria Macapagal, de potenciar el español en las islas. Tal hecho ha sido conocido en agosto de este año 2007, con una petición al presidente español, Rodríguez Zapatero, de quien se espera colaboración [1]. El éxito de la empresa podría significar la «reoficialización» de la lengua de Cervantes en el archipiélago. Veamos cuáles pueden ser los puntos de apoyo para que esto pueda suceder.

En primer lugar podemos acudir a la Geografía. Filipinas, sobre el mapa, es una especie de gigantesco portaaviones hacia la China Continental y así lo vieron los norteamericanos con MacArthur. Tenemos un continente que parece «adelgazar» hacia formas angostas y sinuosas y luego «disolverse» en archipiélagos cada vez más pequeños hasta regar de atolones el Pacífico. En dicha situación, creemos que las Filipinas tienen un lugar privilegiado, a medio camino entre Indonesia y China, a las que conecta, siendo casi un ariete hacia el floreciente sureste chino. Nuestras queridas islas también están muy cercanas por su norte con Formosa (Taiwán) y no demasiado lejos de Japón, país con el que se produce gran parte de su tráfico comercial.

En cuanto a la Historia de Filipinas, si bien se sabe relativamente poco de lo ocurrido antes de la llegada de España, al menos desde el siglo IX habría existido una penetración malayo-indonesia procedente de Sumatra. Ya en la época, chinos, japoneses y musulmanes visitaron y comerciaron con Filipinas. Es lógico que un archipiélago de más de siete mil islas tenga un vigoroso contacto con el exterior, y desde el siglo XVI, aparece España con vocación de permanencia y merced al interés de Felipe II en cristianizar las islas que en justicia llevan su nombre. La presencia hispana en Filipinas es realmente configuradora del ser nacional «pinoy». Fue entonces cuando además se vivió una edad de oro para las islas con su inserción por vez primera en el comercio global a través del “galeón de Manila”[2]. Los siglos han hecho de Filipinas una nación hispánica pese al interés de Estados Unidos por borrar dicha influencia por cualquier medio, incluido el derramamiento masivo de sangre [3]. España y la Hispanidad tienen una identidad común que puede y debe potenciarse para beneficio de más de veinte naciones.

La demografía y la economía de Filipinas nos muestran también grandes posibilidades. La renta per cápita filipina es baja comparada con países de su entorno como Japón, sin embargo, el tradicional rol comercial filipino podría recuperar su pujanza vital si se sabe aprovechar la situación del país y el inmenso potencial humano de un colectivo de más de noventa millones de habitantes. España, como uno de los países más dinámicos de la Unión Europea [4], debe buscar la penetración en Extremo Oriente a través de las Filipinas y lo ha de hacer fomentando todo cuanto nos es común.

La primera sede del Instituto Cervantes en Asia se radicó, con muy buen criterio, en Manila. Parece que ya hay un buen número de estudiantes de español y la propia presidenta Macapagal [5] es miembro entusiasta de la Academia Filipina de la Lengua, institución que mantiene viva la llama del hispanismo. Aún más, existe un pequeño núcleo de escritores y poetas filipinos actuales en español, como Edwin Agustín Lozada, Edmundo Farolán o Guillermo Gómez Rivera, que conforman un núcleo de la elite cultural de gran interés.

Queda por ver si la visita de la presidenta filipina a España, prevista para diciembre del 2007 tendrá acogida en los políticos españoles [6] para favorecer la difusión y enseñanza del español en la «tierra adorada, hija del sol de Oriente», como la llamó en su himno el poeta José Palma Estrada.

Referencias

[1] Sin embargo y hasta ahora la enseñanza del español en Asia se ha centrado en China y no en Filipinas, pese a las posibilidades que el archipiélago ofrece como puerta de Extremo Oriente, como veremos.

[2] Una recientísima reseña la tenemos en El Manifiesto, de la mano del periodista José Javier Esparza Torres, La fantástica aventura española del galeón de Manila, en El Manifiesto.

[3] Gómez Rivera, Guillermo. Texto clásico: el idioma español en Filipinas, en Revista Arbil, nº 74. http://www.arbil.org/(74)fili.htm

[4] El PIB de España supera al de Rusia o Canadá, países miembros del G-8, y su crecimiento económico anual (un 3 % aproximadamente) es bastante alto en comparación con el resto de la Unión Europea. No olvidemos además, que la Unión es la principal área comercial mundial por su volumen de negocio.

[5] Vemos pues un clima muy favorable al español en las altas esferas de la nación de Rizal. La presidenta Macapagal ha mostrado su intención decidida por el español y su ascendencia personal (su ya fallecido padre Diosdado Macapagal) y familia política (el empresario filipino de ascendencia española Miguel Arroyo) la vinculan a la cultura e identidad hispánicas.

[6] Podemos asegurar la intención de su señoría D. Gustavo de Arístegui, de promover en las Cortes españolas una moción no de ley en apoyo de la iniciativa de la presidenta Macapagal.

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