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| Clara Hdez. (20Minutos.es)

Un diccionario para integrarse en el trullo

El glosario taleguero del ex presidiario Jorge de la Hidalga recoge el vocabulario que se habla en los patios de prisiones. La obra forma ahora parte del material didáctivo de un programa de formación que está dirigido a presos.

La iniciativa considera que conocer la jerga taleguera contribuirá a que los voluntarios conecten mejor con su alumnado.

«Él agarra un truja (…) Mientras termina de acicalarse, piensa en el vis ¿Querrá follar la gachí o solo parlotear? ¡Cómo me calce los cachos!».

Jorge de la Hidalga, ex empresario y ex presidiario, publica cada día en su blog un nuevo capítulo de El cielo desde un cubo, una obra que su autor define como «una especie de fascículo de Corín Tellado, pero taleguero (carcelario)».

Simultáneamente, hace crecer su Diccionario taleguero, un manual que recoge los términos propios de la jerga de las prisiones y que inició hace un año y medio con el fin de que sus seguidores digitales comprendieran sus textos. Hoy aumenta gracias a las aportaciones digitales de algunos de ellos.

Al margen de las palabras, lo importante en comportarse con naturalidad. El glosario ha tenido un éxito tal que incluso la Conselleria valenciana de Solidaridad y Ciudadania lo ha incluido como una de las herramientas didácticas del plan ENGAGE, un programa de formación que se dirigirá primero a los reclusos de Picassent y, después, a los de las prisiones de Alicante y Castellón.

Según dicha iniciativa, grupos de voluntarios procedentes de diferentes empresas instruirán a los presos en tareas como redactar un currículum o crear una empresa. Los voluntarios, además, tendrán a mano el diccionario de Jorge de la Hidalga para familiarizarse con el vocabulario carcelario y mejorar, de esta manera, las relaciones con sus nuevos alumnos.

Gichos y alemanitas

Entre los principales términos con los que los voluntarios lidiarán figuran machaca (el que realiza tareas para terceros por unos cigarrillos, un café o una papela), garibolos (garbanzos), pecera (garita), alemanita (combinación de ale y manita, significa masturbación), gichos (funcionarios), chopano (aislamiento), chinarse (rajarse la carne) o kie (el tipo más duro, el malamadre en Celda 211)

«Algunas de las palabras provienen del lenguaje romaní; otras, son específicas del antiguo vocabulario carcelario», explica De la Hidalga, «y hay otras, como guachimán (vigilante), que proceden de Sudamérica y fonéticamente son similares a otras inglesas».

Al margen de las palabras, el autor del diccionario ofrece consejos a los voluntarios que se introducirán en Picassent: «Lo más importante es comportarse con naturalidad. Si uno va con susto y con miedo, no conseguirá que los reclusos se sientan identificados con él». En resumen, «hay que ser uno mismo y no cohibirse».

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