Noticias del español

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| Edwin Sánchez
El Nuevo Diario (Managua, Nicaragua)
Miércoles, 15 de Marzo del 2006

ÚLTIMO AJUSTE A NUESTRO IDIOMA

* Francisco Arellano destaca el «Cuarto Código de la Lengua Castellana»


* «No se trata de uniformar el idioma, sino de darle salida teniendo en cuenta los aspectos creativos de las comunidades lingüísticas»


* Se oficializa que contamos con 29 letras y no con 27 como aseguran otros, al expulsar la «ch» y la «ll»


Podría considerársele como el diccionario de la revolución del lenguaje castellano: si usted escribía antes 7 mil, debe corregirse y escribir «siete mil» o únicamente 7,000.

O si todavía pensaba que su idioma contaba con 27 letras, deje de comerse la «ch» y la «ll» y reconozca 29.

Es el Diccionario panhispánico de dudas, una monumental obra que no nació en la mesa de la Real Academia Española, sino que es el resultado del trabajo de las 22 academias existentes en el mundo hispanoparlante, organizadas en una asociación. Semejante equipo de expertos en el arte del buen decir nos dejan, sin embargo, con una salida honrosa: ya no podemos ser tan drásticos y dispuestos a descalificar a alguien con «estás en un error».

Las palabras que se han arraigado en una nación, por muy pequeña que sea, son incluidas, porque pertenecen, al fin y al cabo, a la misma comunidad idiomática.

Por eso, hoy los académicos mejor prefieren señalar de «no correcto» o «no recomendable», determinado vocablo.

La obra, presentada el miércoles 15 de marzo en la Biblioteca del Banco Central, nace de las múltiples consultas que hacían los usuarios de la lengua a la Real Academia Española y a las academias en general, informó el licenciado Francisco Arellano.

De ahí viene la inquietud de reunir las dudas generales y más frecuentes y presentarlas en un diccionario, el cual es el Diccionario panhispánico de dudas, expresó el Secretario de la Academia.

«El nombre panhispánico es porque ha sido hecho por todas las academias. Y porque se ha guardado el desarrollo o definición de lo correcto y menos correcto o no recomendable».

Lo que no queremos decir es «éste es un error». De acuerdo con el licenciado Arellano se observa la norma del español de España y la norma del Español de América; la norma de los países que como México o Argentina tienen muchos habitantes, y la norma de países pequeños.

«Están los que han luchado por mantener la unidad dentro de la diversidad lingüística. No se trata de uniformar el idioma, sino darle salida teniendo en cuenta los aspectos creativos de las comunidades linguísticas».

Es un diccionario, entonces, que aborda las dificultades que presentan los extranjerismos, los neologismos, la ortografía, en su aspecto de uso de las letras y acentuación, subrayó.

La doble acentuación

Trata de las construcciones verbales, de la doble acentuación de algunos verbos y palabras como béisbol o beisbol, licúa y licua.

La escritura de topónimos. Por ejemplo, hay palabras como Pekín y Beijín. En aspectos como éste el diccionario presenta la norma, da recomendación de qué debe seguirse, qué debe usarse correctamente.

También presenta recomendaciones para la escritura de los numerales, como, por ejemplo, cómo se escribe 25. El diccionario dice: «Se escribirán preferentemente con letras: a) Los números que pueden expresarse en una sola palabra, esto es, del cero al veintinueve, las decenas (treinta, cuarenta) y las centenas (cien, doscientos, etc.)».

«Los números redondos que pueden expresarse en dos palabras (trescientos mil, dos millones…); c) Los números que se expresan en dos palabras unidas por la conjunción "y" (hasta noventa y nueve)».

«No es recomendable mezclar en un mismo enunciado números escritos con cifras y números escritos con letra…».

Arellano señala que a partir del 30, se escribe treinta y uno, dos…

35,000: «No es válido poner 35 en número y mil en letras, pero podés poner 37 millones. Ahí sí». Recomendación: Hay que estudiar la escritura de los numerales, ahí vienen las normas al respecto.

De las siglas

El secretario de la Academia también nos dice: «Te da norma para escribir las siglas. Por ejemplo, los acrónimos se forman de cuatro letras, se pueden poner todas en mayúsculas, y cuando sobrepasan las cuatro letras, como Upanic, así debe escribirse, no UPANIC».

Además, precisó que el libro de 848 páginas contiene una serie de normas y criterios bien claros sobre el comportamiento de los extranjerismos, y señala pautas para el uso correcto y te da explicaciones de por qué debe usarse eso.

«No es que eso dice la academia y así se hace, sino que te da las recomendaciones y explicaciones de por qué debe usarse tal norma».

Se establece que las letras del alfabeto son 29, aunque muchos piensan que son 27, pues para ellos la «ch» no existe, solo que la «h» ordena con la c; «ll» se ordena con la «l».

«Algunas personas dicen que son 30, no hay tales».

La «rr» es una letra: «r».

Arellano definió el diccionario como «el cuarto código de la lengua española: el primero es el diccionario grande, el segundo la gramática. Desde 1931 no se publica una nueva, pero ya está en construcción y posiblemente saldrá en el 2007 y «con criterio panhispánico», y el tercero, la ortografía.

El Diccionario panhispánico ayuda a resolver las dudas de siempre, dijo el académico, quien destacó que las lenguas son dinámicas y están en construcciones.

Mientras haya dudas sobre un nuevo término se podría incorporar a la lengua; el diccionario está resolviendo estas dudas e indica qué camino tomar, de acuerdo con los cauces.

Detalló que hay una novedad en este diccionario: la pluralización de algunas palabras extranjeras terminadas en consonante, añadiendo simplemente «s».

La novedad es que se ha separado de una tradición, por ejemplo: déficit ahora queda pluralizada la palabra como déficits.

Habitat, habitats, tedeum, tedeums.

«Esto fue muy polémico porque muchos preferirían que no se tocara, que quedara así, pluralizando sólo con el artículo. Algunas palabras como curriculum, auditorium, ahora se oficializa como currículo, auditorio».

No obstante, los académicos al parecer cuidándose de críticos mordaces como Gabriel García Márquez o de la sentencia dariana: «De las academias líbreme Dios», no quieren decirlo abiertamente: «No es que esté malo, pero el diccionario, basado en una tendencia que trae la lengua respecto a palabras que terminan en um, del latín, convertidos en “o” a empujado a esa secuencia. Ejemplo: se prefiere adenda, (addendum) en vez de adendum».

La obra ha despertado un enorme interés, tanto, que el propio Rey de España recibió a los académicos.

Lo mismo hicieron las altas autoridades.

Arellano expresó que es muy importante que las autoridades lean el diccionario, porque, por ejemplo, el alcalde debe ver cómo se lastima el idioma con los rótulos que afean la ciudad. No llevan acento porque dicen que los letreros van en mayúscula. El diccionario sostiene que debe colocarse la tilde. Las faltas de ortografía son motivos suficientes para mandar a quitar esos rótulos.

«Hay que cuidar la lengua, es el don más preciado de nuestra cultura», sostuvo.

¿Para quién es recomendado?

«Para todos los usuarios de la lengua española, desde los profesionales hasta los mismos académicos, pasando por la gente más sencilla y los niños en las escuelas».

¿Sustituye al diccionario de la RAE?

«No, no, el diccionario tiene ochenta y cinco mil entradas. Éste tiene siete mil entradas y tantas».

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