Noticias del español

| |

| Pilar Gil Villar
Revista QUO, España
Nº 153, junio del 2008

ÚLTIMAS PALABRAS

El español del próximo siglo habrá erradicado 'cuyo' y tendrá menor riqueza de formas verbales.


Sin duda alguna, cantaremos, soñaremos, protestaremos y reflexionaremos. Pero ¿con qué palabras, con qué acento, con qué normas para construir frases?

La evolución de la lengua depende de tantos factores como aspectos puedan influir en sus hablantes. Por eso resulta tan arriesgado aventurar un pronóstico sobre el rostro que presentará el idioma dentro un siglo. Sin embargo, las transformaciones en sus rasgos no aparecen espontáneamente. Van surgiendo de procesos lentos que suelen tardar años en cristalizar.

A partir de las modificaciones que ya andan circulando por nuestras conversaciones, escritos y medios de comunicación, Francisco Moreno Femández, catedrático de Lengua Española de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), ha esbozado para Quo el retrato robot de un castellano con 100 años más: «En mi opinión, será parecido al español americano de las zonas del interior (área andina, mexicana), con incorporación de muchas voces procedentes del español de España y con más anglicismos. Será completamente yeísta [con el mismo sonido para y y ll] y con una ese final de palabra más erosionada. En la gramática, se simplificarán los paradigmas verbales [es decir, todas las formas que componen la conjugación de un verbo] y se perderán las preposiciones con los pronombres relativos, así como el uso de cuyo».

FUERZAS DE CAMBIO

Todo ello, teniendo en cuenta que no todos los módulos de la lengua se mueven al mismo ritmo. Los sonidos que pronunciamos tardan más en cambiar que los términos con los que denominamos nuestra realidad. Y dentro de estos, nos aferramos con más fuerza a los más usuales y cercanos: «Casa, padre, cielo, campo y nube evolucionan con más lentitud que el léxico de la agricultura y de la informática», precisa Moreno.

De hecho, su colega Antonio Narbona, de la Universidad de Sevilla, explica que la mayoría de los términos del Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía, publicado por su maestro Manuel Alvar entre 1961 y 1973: «Ya son desconocidos para la mayoría de la población, debido a que se referían al mundo rural y agrario. Hoy no necesitamos saber cómo se llaman las partes de un arado. A estas palabras se las lleva la vida misma».

Narbona considera que son dos movimientos que van cincelando nuestras forma de expresión: los que tienden a subrayar las diferencias entre distintas zonas, o centrípetos, y los que propician una lengua común cohesionada, o centrífugos. Si los primeros triunfaran, correríamos el riesgo de encontramos con un idioma fragmentado en el que dejaríamos prácticamente de entendemos.

Narbona pone un ejemplo que le resulta cercano: «En el Estatuto de Andalucía se establece que la radio y la televisión deben promover el uso de todas las variedades del habla andaluza. Si eso se llevara a efecto desde Almería a Huelva, cada uno hablaría como quisiera y se deterioraría la necesaria comprensión para los oyentes». Sin embargo, confía en que puedan más las fuerzas unificadoras. La mejor baza de estas es la lengua escrita, y el hecho de la creciente alfabetización en América Latina, donde proceden nueve de cada diezz hispanohablantes, ofrece un gran margen de confianza.

COMODIDAD Y ESFUERZO

La coincidencia de procesos a uno y otro lado del Atlántico es algo que también destacan Juana Gil y María José Albalá, investigadoras del Laboratorio de Fonética del CSIC. En su campo de trabajo, analizar cómo pronunciamos el español, han observado como cambio más notorio dentro de las consonantes el avance del seseo (la pronunciación como sonido /s/ de la zeta y de la ce delante de e, i), y el debilitamento a final de sílaba. «El español tiene una preferencia marcada por las sílabas con estructura de consonante más vocal», afirma Gil; «las consonantes a final de sílaba están en una posición más propensa a debilitarse o desaparecer». El ejemplo lo da el político Pepín Blanco: tal vez por su origen gallego, suele decir proyeto y corruto.

En cuanto a las vocales, nos estamos inclinando a crear diptongos donde no los hay: baul por baúl, e incluso tiatro, por teatro, algo frecuente en Latinoamérica. Por su parte, nuestras vocales sin acento se toman cada vez más «borrosas». «Sin llegar a las llamadas vocales caedizas de México, como en entons (entonces) o disque (dice que), están perdiendo características», asegura la filóloga.

La mayoría de estos procesos son habituales en nuestra lengua, aunque hay que tener en cuenta que muchos de ellos solo aparecen en situaciones de mayor relajación o confianza, en las que los hablantes se abandonan a la tentación del mínimo esfuerzo. «Es muy difícil predecir si van a pasar al habla muy articulada de situaciones más formales», opina Juana Gil, «aunque hoy abundan más porque se aprecia un grado cada vez menor de formalidad».

Las consecuencias de ese esfuerzo mínimo podrían avanzar hasta toparse con el hecho de que dejáramos de entendemos. Y habría que volver a cuidar la forma.

LOS PUNTOS SOBRE LAS íES

Un tema que preocupa también a otro investigador del CSIC, Leonardo Gómez Torrego, quien identifica ese desaliño como causa de diversas tendencias poco saludables para el idioma: las faltas de concordancia («se detuvieron a veinte personas»), la desaparición del relativo «cuyo» en la lengua hablada que han detectado todos los profesionales consultados y la enorme confusión en temas de ortografía y puntuación. En este último campo, el signo aquejado de un abandono en masa por parte de sus usuarios es el punto y coma.

Su ausencia de las páginas, al parecer porque hemos olvidado cuándo resulta adecuado colocarlo, ha llegado hasta tal punto que la Fundación de Español Urgente (Fundéu) tiene prevista una campaña para rescatarlo: «Salvemos el punto y coma; lo necesita».

El coordinador de dicha institución, Alberto Gómez Font, asegura que la idea viene de Francia, donde se ha producido una situación similar. Habrá que comprobar si este empujón le sirve para pasar el siglo como algo más que los ojitos del emoticón pícaro: ;)

Un camino parecido llevan los símbolos de apertura de interrogación (¿) y admiración (¡) debido a la influencia del inglés. Sin embargo, «la curva melódica del castellano exige que haya un signo de interrogación al principio y otro al final», explica Gómez Torrego.

Aunque podríamos reescribirle las partituras al idioma. De hecho, este investigador ha observado otro territorio en el que se atisban cambios llamativos: la oratoria. «Cuando hablan en público, los políticos y los locutores de TV descuidan las inflexiones propias del lenguaje; hablan cantando. Además», añade, «hacen pausas donde no corresponde: 'Muy buenas tardes señoras y señores cansados, estamos de .. .' y enfatizan las palabras átonas: 'EN la economía DE este país y SUS alrededores .. .' Esto llega a millones de oyentes que pueden contagiarse de esa actitud».

DE AQUí Y DE ALLÁ

Sin embargo, Gómez Torrego se muestra mucho más despreocupado por los nuevos términos que irán haciendo su aparición, siempre y cuando estos vengan a cubrir «plazas vacantes» en el idioma.

En algunos casos, el proceso consiste en modificar la materia prima ya existente con elementos autóctonos: «Derechizar, por ejemplo, está muy bien; no teníamos verbo para eso. Sin embargo, culpabilizar es una versión seudoculta e innecesaria de culpar», explica. Otras veces los importamos: «Chatear, clicar o cliquear, que hemos adaptado del inglés, son muy adecuadas. Probablemente vamos a experimentar una avalancha de extranjerismos; y eso no es malo, siempre que tratemos de controlados y adaptados en lo posible al castellano», aclara.

En alguno de los frentes más propensos a la invasión han empezado a tomarse medidas protectoras. La consultora Accenture, a la vista de que sus empleados se comunicaban con una profusión de tecnicismos en inglés ininteligible para el españolito de a pie, acudió el pasado año a la Fundéu para que les gestionara una web destinada a depurar de anglicismos la comunicación empresarial. Por ejemplo la palabra call (leído col) se usaba para hablar de una «conferencia», y perfonnance en lugar de la española «rendimiento».

AMÉRICA, AMÉRICA

Pero también llegan palabras desde otros rincones. Alberto Gómez Font define como «interesante y muy moderna» la incorporación de americanismos. «El verbo ningunear», recuerda, "cuajó enseguida, procedente de México. Los jóvenes en edad de seducir hablan de un 'pibón', y mi hija de 14 años dice que un compañero no ha ido a clase porque está 'engripado', un claro colombianismo», Cree que «van a ir los tiros hacia un español cada vez más internacional».

Y observa también: «Por la calle se oyen los primeros rasgos de un español nuevo que se gestas en los Estados Unidos, el recién llegado al club de los hispanohablantes». De allí viene, por ejemplo, el adjetivo «regular», con el sentido de normal: «En Argentina me preguntaron si deseaba una Coca-Cola regular o de dieta, y en EE. UU. si quería el pollo regular o picante", comenta. Pero la expansión funciona también en la dirección contraria.

UNIR LOS ESTADOS

Una característica que puede definir al español del siglo próximo es su instalación en nuevos territorios. Humberto López Morales, secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española, destaca EE. UU. y Brasil como principales lugares de acogida.

Después de que el Gobierno de Lula aprobase la ley que declara obligatorio que se enseñe español en las escuelas, «el ministro de Cu1tura brasileño ha manifestado que dentro de diez años su país tendrá 30 millones de hispanohablantes como segunda o tercera lengua», comenta Morales. Pero aún más espectacular resulta la expansión en EE. UU., donde «según su propia oficina del censo, cada 2,5 minutos se incorpora una persona al caudal de hispanohablantes. Especialmente porque esos hablante s cada día estudian más y consiguen mejores puestos de trabajo».

Y explica el académico que: «La Universidad Nacional Autónoma de México acaba de abrir un campus en Los Ángeles. Primero reforzará el español de quienes lo deseen, y después ofrecerá titulaciones universitarias».

Como muestra del auge de nuestro idioma en ese país, el premio Pulitzer de novela 2008 ha ido a parar a Junot Díaz, un escritor de origen dominicano que intercala frases españolas en su inglés. En cuanto a la posibilidad de que esta estrecha convivencia desemboque en un triunfo del espanglish, Morales se muestra escéptico: «No tiene ningún tipo de criterios de corrección idiomática; no creo que llegue a codificarse, principalmente, porque carece de prestigio social, es rechazado en ambientes cultos»,

LA BUENA SALUD

Por su parte, Juana Gil matiza el optimismo sobre el halagüeño futuro de la lengua con la advertencia de que es necesario apoyarla en su flanco más débil: el sector científico y tecnológico. «Mientras el Ministerio recomiende publicar investigaciones científicas en inglés, en lugar de fomentar la divulgación de calidad en nuestro idioma, estaremos en desventaja. Este aspecto es clave», declara.

A pesar de ello, coincide con el resto de sus colegas consultados en que el castellano tiene unas características propias muy saludables: es la lengua materna del 80 % de sus hablantes, a diferencia del 19 % de nativos del inglés, y posee una ortografía extremadamente fiel a sus sonidos y una diversidad extraordinaria. Esmerémonos en que sea por muchos años.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: