Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Revista Pionero, Cuba
Miércoles, 12 de noviembre del 2008

TRES ERAN TRES…

Así decía la canción tema de unas famosas aventuras muy populares por los años cuarenta o cincuenta del pasado siglo: me refiero a Los tres Villalobos; pero hoy no vamos a hablar de personajes, sino de tres palabras, cuyo origen resulta interesante.


Si has visto la película El jorobado de Nuestra Señora, recordarás las gárgolas; pues bien, existen varias versiones acerca del origen de esta palabra. Según la más aceptada, gárgola y gárgara proceden de gargouille, que significa «gaznate, garganta». Un antiguo mito francés del siglo XVII, cuenta que un dragón salió del río Sena y, en vez de lanzar fuego, echaba agua y así inundaba los pueblos de los alrededores de París, hasta que, enfrentado y domado por el obispo de Rouen, fue muerto y quemado. Antes le cortaron la cabeza y la colocaron en el frente de una casa. Muchos edificios antiguos están adornados con figuras de criaturas que dan miedo y que, generalmente, tienen un tubo para verter el agua: se les llama gárgolas en recuerdo de Gargouille.

Por su parte, el término villano originalmente significó «habitante de casa de campo, labriego»; al surgir en los siglos XII, XIII y XIV las villas, alrededor de los castillos feudales, se llamó así al «hombre de baja clase social, no hidalgo», que servía a los señores y realizaba diversos oficios. Hoy significa «malvado, ruin, indecoroso». Lo mismo ocurre con burgo —nombre dado a esas villas—, procede del latín burgus, «arrabal, ciudad pequeña»; sin embargo, ahí esta el origen del término burguesía, clase social que, como sabes, ha sido la gestora de las grandes urbes modernas.

En cuanto al caguairán (Guibourtia hymenaeifolia) es el nombre de un árbol endémico de Cuba, hoy bastante escaso, que crece en los bosques de todo el país. En la región occidental, se le conoce como quiebrahacha, en alusión a su dureza y resistencia. Pertenece a la familia botánica de las Cesalpináceas. Llega a alcanzar más de diez metros de altura y sus hojas son compuestas, con dos foliolos oblicuos, lustrosos, reticulados, de color verde brillante, terminados en una fina punta, de entre cuatro y ocho centímetros de largo. Su tronco es liso, alto, robusto y su madera es de color rojo vino. El sabio cubano Tomás Roig, en su Diccionario botánico, lo describió como «incorruptible, compacto, de una dureza extraordinaria». El caguairán se incluye entre las más duras y valiosas especies maderables de Cuba, apropiada para construcciones duraderas.

Quizá por eso, don Ángel Castro construyó con esa madera la casa de Birán, donde nacieron sus hijos. Quizá de este árbol provengan la fuerza y la firmeza de principios de nuestro invencible Comandante en Jefe. Quizá del caguairán haya herdado el pueblo cubano su energía, su abnegación y su resistencia.

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