Noticias del español

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| Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
El Tiempo.com(Bogotá, Colombia)
Lunes, 19 de marzo del 2007

TRAYECTORIA DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES DEL IDIOMA CASTELLANO, DESDE MÉXICO HASTA CARTAGENA

Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, comenta la importancia de estas reuniones.


Alberto Gómez Font, coordinador general de la Fundación del Español Urgente (Madrid), presenta las palabras de Humberto López Morales.


El congreso que se celebrará en Cartagena del 26 al 29 de este mes se conoce como IV Congreso Internacional de la Lengua Española, y no todo el mundo sabe que aunque se llame «cuarto» en realidad se trata del quinto. Algunos de los que asistiremos a los eventos de Cartagena podemos dar fe de lo acontecido en los cuatro congresos anteriores, y entre ellos estamos quien firma estas líneas y mi buen amigo Humberto López Morales, de la Academia Puertorriqueña y secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, quien además es desde hace ya bastantes años miembro del Consejo Asesor de la Fundación del Español Urgente, de la que ya hablé en estas páginas, organismo al que llegó en sustitución de un colombiano, tras su fallecimiento: don José Antonio León Rey, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, muy añorado por quienes tuvimos la dicha de conocerlo y de aprender de su sabiduría.

Como testigo y activo miembro de la organización de los congresos internacionales del español, Humberto López nos cuenta su visión de primera mano:

Asamblea del idioma

Los congresos internacionales sobre nuestra lengua nacieron, como se sabe, en Sevilla, en 1992, durante la celebración de un gran encuentro interdisciplinario que conmemoraba el V Centenario del Descubrimiento de América. Curiosamente, no fue ningún delegado español quien propuso lo conveniente que sería la instauración de una tradición de congresos de esta naturaleza, sino el mismísimo presidente de México, que nos acompañaba esos días con júbilo en la capital andaluza. No se trataba ciertamente de una palabras, bonitas y emotivas, pero sin base real, porque al mismo tiempo ofrecía una ciudad mexicana (en aquellos momentos sin determinar, por supuesto) y el consiguiente apoyo crematístico para realizar el primer congreso de la serie que entonces imaginaba, dado que aquel sevillano se catalogaba, en todo caso, de fundacional.

Aunque entre aquel encuentro sevillano y el primero de los congresos, que finalmente se celebró en Zacatecas, hubo que dar solución a algunos problemas, no todos de menor cuantía, (que obligaron a retrasarlo un año) pero al final de los contratiempos llegó la luz y el congreso se celebró. Este secretario general fue cordial y cálidamente invitado a participar en varios de sus actos, pero su organización fue asunto del Instituto Cervantes y de las autoridades mexicanas designadas para tal fin.

De aquella reunión, que tanto debió a José Manuel Blecua, entonces director académico del Instituto, (que nunca será vano repetir que obtuvo un éxito sin precedentes) salieron varias directrices que han vivido hasta hoy, una de las más importantes, el carácter temático, aunque con enfoque interdisciplinario, y en general, su estructura básica. En aquel momento se traba de ceder la palabra a todos para hablar sobre nuestra lengua y los medios de comunicación pública. A aquellos impresionantes volúmenes de actas, increíble cantera de información, es imprescindible volver y volver continuamente.

El segundo de estos congresos, abortada su realización en Colombia, se celebró en Valladolid, una vez que España recogiera el testigo. De nuevo el Instituto Cervantes se hizo cargo de su organización, esta vez con la ayuda de la Asociación de Academias de la Lengua Española. La organización sufrió algunos cambios de interés, casi todos positivos, aunque sin duda el más fructífero tuvo que ver con la cúpula de la organización. En esta ocasión, cada sección del congreso tendría un coordinador general, tanto de plenarias, como de mesas redondas y paneles. Esta nueva estructura probó sobradamente su funcionalidad y su eficacia. La especialización en las nuevas tecnologías y la lengua española fue altamente gratificante.

El tercero y último celebrado hasta la fecha (aunque el de Cartagena de Indias está en puertas) fue en cierto sentido, y desde mi punto de vista personal, un retroceso. Cambió completamente la estructura organizativa anterior y se hizo más improvisado, intuitivo y politizado aunque, por otra parte, se contó con la poderosa presencia en escena de la Real Academia Española, lo que además de añadir prestigio al encuentro, incorporó la feliz idea de ofrecer ediciones impecables pero económicas de autores destacadísimos, en aquella ocasión, nada menos que el Quijote. Pero en la Argentina, a pesar de que la ilustre Academia Argentina de Letras, la responsable local de las Academias, desarrolló un trabajo excelente, las posturas gubernamentales de ese país, que llegó incluso a hacer propuestas indecorosas y a imponer ciertos criterios cuestionables, impedían actuar con independencia científica. Por fortuna, los organizadores del próximo Congreso —el Instituto Cervantes y la Real Academia Española— han aprendido, y no poco, de los congresos anteriores.

Tenemos todos mucha alegría por que este IV encuentro se celebre en Colombia, especialmente en Cartagena de Indias, la puerta continental del sur que permitió la entrada de la lengua y la cultura españolas. En él se ha puesto entusiasmo, esperanza y cantidades importantes del trabajo de muchos. Estamos seguros de que su realización no nos defraudará.

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