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| Agencia EFE

Trapiello: «Las palabras no se dejan amar por todos por igual»

El escritor Andrés Trapiello dijo a Efe que «las palabras no se dejan amar ni aman a todo el mundo por igual», con motivo de la publicación de El arca de las palabras, un particular diccionario «no alfabético, sino azaroso» que el escritor considera «uno de mis libros más importantes».

La nueva obra de Trapiello es, según su editorial, la Fundación José Manuel Lara, un libro original «jamás acometido en la historia de la literatura española», ya que el autor revisa las palabras del diccionario demostrando la capacidad que éstas tienen de seducirnos o sorprendernos, en unas páginas que tienen las posibilidades ilimitadas de un poema o una novela. 

«El libro se lee, no digo que como una novela, pero no aburre; es un libro que hay que tener cincuenta años para haberlo escrito y también cincuenta libros publicados; es un libro de madurez, no es palabrismo ni un sonajero, sino un libro que está hecho muy en serio y que por eso mismo es muy divertido», aseguró el autor.

Trapiello ha ido publicando por entregas diarias y durante un año completo el contenido de El arca de las palabras en el diario La Vanguardia, y ahora lo ha reunido en un volumen del que confiesa que ha tenido la fortuna de que «me han dejado hacerlo enteramente a mi gusto, desde la cubierta hasta la contracubierta», además de la tipografía, y acompañado de las ilustraciones originales de Javier Pagola.

«Me va media vida en este libro», aseguró el escritor, quien dijo que el mayor peligro de El arca de las palabras es la abundancia, al reunir en torno a cinco mil palabras, porque «la gente puede creer que basta con ir picoteando en sus páginas y no lo leen entero, y es un libro con argumento, vago si se quiere, pero con un argumento en el que unas palabras llevan a otras», añadió.

«Está escrito día a día, y contiene una modulación del tiempo, como un diario, aunque sea de manera muy sutil pero, por ejemplo, refleja el paso de las estaciones», señaló Trapiello, que se mostró satisfecho con la observación de un amigo suyo que lo ha leído entero y le ha dicho: «Es una especie de ‘Ocnos’ tuyo».

Este particular diccionario, en efecto, contiene «muchísimas historias de memoria familiar, porque cuando se piensa seriamente en una palabra te asalta a la memoria la primera vez que la oíste o la primera persona a la que se la oíste; es un libro muy de primera infancia porque la mitad de las palabras nos retrotraen al origen del Paraíso, porque la primera vez fueron pronunciadas con la mayor inocencia».

Además, señaló Trapiello, «el escritor tiene la obligación moral de descubrir cada palabra en su estado de inocencia, de ahí que los grandes escritores sean los que nos dan el mundo por primera vez, nos ponen una realidad virgen, y eso se consigue con palabras puras».

«D’Ors decía que la idea era la palabra misma y Juan Ramón Jiménez quería que en la palabra viviera todo, que la palabra fuera la vida misma», señaló el autor, quien también admitió influencia ramoniana: «Es muy difícil hacer aforismos sin pagar un tributo a Ramón (Gómez de la Serna), pero yo los derechos de autor he procurado pagarlos», en referencia a haber citado a Ramón o a su arte de la greguería cuando, efectivamente, ha escrito una greguería.

Para Trapiello, las palabras «tienen el valor de lo corpóreo y consiguen materializarse en la escritura», de ahí que el autor sea más partidario de la idea de que «el verbo se hizo carne» que del dicho de que «las palabras se las lleva el viento».

A la pregunta de si le parece buena idea que cada escritor construya su propio diccionario, el autor contestó que «antes que en mí me hubiera gustado ver este libro en Unamuno; hubiera sido un libro pintiparado para él, porque además era filólogo y le hubiera gustado jugar con el origen de las palabras también».

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