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| Yanet Aguilar Sosa
El Universal, México
Martes, 5 de agosto del 2008

TRADUCTORES, SIN GREMIO NI REGALÍAS

O bien muchos no tienen espacio para trabajar, o les falta preparación literaria, señalan los especialistas.


La vieja y manoseada frase de que «traducir es traicionar» irrita a los traductores literarios. Estos profesionales no sólo enfrentan la exigencia de la «fidelidad» a la obra y al autor, también la soledad; contrario a España y a otros países, en México no hay un gremio que los agrupe ni reciben regalías por las ventas de los libros traducidos. Son solitarios que buscan escribir la obra universal perfecta.

En un encuentro, el premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago declaró: «Los escritores hacemos obras locales, los traductores hacen obras universales1K; tal vez su comentario tenía algo de personal —está casado con su traductora—, pero para Aída Espinosa —especialista en letras inglesas— representa el reconocimiento a una carrera que en México todavía no se profesionaliza.

Octavio Paz, Sergio Pitol y José Emilio Pacheco son algunos de los escritores que han traducido de forma magistral a autores como Samuel Beckett, Oscar Wilde, Tennesse Williams, T.S. Eliot, Henry James, Joseph Conrad, Jane Austen, Lêdo Ivo, Fernando Ferreira de Loanda, Fernando Pessoa, José Saramago y William Carlos Williams, pero no son traductores profesionales, sólo lo hacían o hacen en ratos libres; no son la opción de las casas editoriales.

Aída Espinosa asegura que hay muchos traductores pero no todos tienen formación y menos se especializan en literatura. Dice que si existen malas traducciones literarias es porque la gente a cargo de ese departamento en las editoriales a veces no tiene la capacidad para exigir una buena traducción pues tampoco saben.

«Hay muchos; a cualquiera que habla una lengua bien se le considera traductor y muchas veces las personas que están en esa área en las editoriales tampoco son traductores y desconocen la formación y las condiciones que debe tener un traductor para hacer un buen trabajo; muchos no ejercen por falta de un lugar y aún se ejerce sin las credenciales suficientes».

Por su parte, Eduardo Rabasa, editor de Sexto Piso, señala que en México no hay los suficientes traductores y por eso las editoriales se ven obligadas a contratar a profesionales españoles que cobran más y suelen hacer una traducción del español coloquial; así, lo difícil es encontrar a traductores con un español más neutro.

«En México hay traductores de tiempo libre, de noches o fines de semana; eso no quiere decir que no existan traductores, pero no es un gremio como en España, donde en obra de autor cobran 1 % ó 2 % y en obra de dominio público reciben las mismas regalías que un autor: 7 % u 8 %», afirma.

Para Eduardo Langagne, director de la Fundación para las Letras Mexicanas, México tiene buen nivel de traducción: «hay quien se deja llevar por la literalidad y sobre eso hay prólogos bellísimos como el de Borges».

Indica que hubo épocas en que se discutía si un traductor debía trabajar sin diccionarios y otros decían que no se debe ser tan irresponsable. «Hay gente que domina el idioma del que traduce hablándolo y al traducir tiene un gran rigor hasta para el cotejo de términos».

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