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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Jueves, 21 de junio del 2007

TRABUCAZOS Y EUTRAPELIAS

Una de las funciones del habla es la eutrapelia, es decir, pasar el rato. No todo va a ser sobrevivir y producir. Uno de los placeres lícitos es reírse de las equivocaciones en el habla del vecino.


Fernando Gómez Gordillo reproduce un discursito de uno de los comuneros de una asociación de vecinos:

Abrir herméticamente las ventanas que aquí hace un calor que nos vamos a morir de inanición. Vamos a mandar un anonimato a ese señor y en el encabezonamiento ya le vamos a ir insultando, porque, señores, nuestra situación es de lo más emigrante. ¡Ah! y qué se dé por aturdido porque si no le vamos a dar dos hostias.

Antonio Vera me envía esta margarita de un presentador de TVE a propósito de una inundación: «El agua arrastró el alabastro (= balasto) de la vía del tren».

José Antonio Martínez Pons relata el caso de dos alumnas de su instituto que piden permiso al profesor para copular (= compulsar) las fotocopias del título de graduado escolar.

Ildefonso Casáis (enfermero, Barcelona) relata algunos trabucazos que se disparan en el centro de salud donde trabaja. Así, un paciente pide pan de tergal (= integral) para las comidas y otro que no recibe visitas porque el hospital está colosal (= colapsado).

José María Navia-Osorio registra en su consulta la petición de inflamatorio (= antiinflamatorio) o de coagulante (= anticoagulante). A mi modo de ver, son buenos ejemplos de la utilidad que pueden tener los trabucamientos para la gente corriente. Si inflamatorio es lo que se relaciona con una inflamación, tiene cierta lógica que un antiinflamatorio sea designado popularmente como «inflamatorio».

Interviene aquí la ley de la economía léxica. Lo más problable es que la voz fax (perfectamente legítima) empezara como un trabucamiento de facsímil. O quizá sea la querencia del inglés por los monosílabos.

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