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TODOS LOS REGIONALISMOS DEL PAÍS COMPONEN EL MOSAICO LINGÜÍSTICO QUE HABLAN LOS BOGOTANOS

Camilo Sixto Baquero M. y Viviana Pineda Hincapié
eltiempo.com, Colombia
Lunes, 28 de abril del 2008

Casi 3 millones de habitantes de Bogotá (cerca del 40 % de la población total) nacieron en otro municipio o departamento según el censo.


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Para los paisas, tina es calentador. Para los costeños, grifo es pluma; queca, empleada doméstica en Santander y pipa es el cilindro de gas en valluno.

Debido a su geografía, en Colombia la lengua varía notoriamente entre regiones, según María Bernarda Espejo, lingüista del Instituto Caro y Cuervo. «El español que llegó a América ya veía dividido por los castellanos y los andaluces. Esa dicotomía, sumada a las lenguas indígenas, a la frontera con Brasil, a los afronegrismos y tecnicismos, ha hecho que varíe el sentido de algunas palabras y expresiones», explica.

Sexo, donde más se nota

Michael Ruiz, estudiante de agronomía de la Nacional, de Santana (Boyacá), cuenta cómo sus amigos lo malinterpretan. «Vamos a comer piquisucia, dije en una salida de campo, refiriéndome a una gallina. Se burlaron de mí porque pensaban que me refería a una prostituta».

Lo mismo pasa con los santadereanos que dicen estar arrechos (bravos) o los metenses cuando se refieren a alguien como pija (ordinario). Pero el bogotano también confunde a los foráneos. La putumayense Jadi Casas se sonroja cuando le mencionan una góndola. Para ella es pene.

A Adriana Fernández aun le causa risa cuando hablan de «la chucha de algún deportista»: en su natal Cartagena le dan ese apelativo a la vagina. En Leticia se le llama buseta y los coterráneos de Emiliano García, un comunicador que vive en Bogotá hace 10 años, se maravillan de saber que él las coge.

¿Mejor el español de Bogotá?

Muchos bogotanos se burlan de las variaciones regionales del idioma y aun sigue viva la legendaria 'pureza' del español de la capital.

Según Espejo, aunque esta ya no existe, en el pasado tuvo una justificación histórica: «Hubo varios presidentes gramáticos como Miguel A. Caro y Marco F. Suárez, que se preocuparon porque hubiera un uso culto del idioma, principalmente en Bogotá. El cachaco quería distinguirse por su buena forma de expresarse».

De hecho, aquí se fundó la primera Academia de la Lengua de América en 1872.

Esto ha cambiado. Las migraciones y la influencia de los medios han universalizado ciertos regionalismos, como parce, palabra salida del sociolecto de las cintas de Víctor Gaviria.

Francisco Celis, autor del Diccionario del colombiano actual afirma que las palabras más aceptadas en el «español colombiano provienen de Antioquia grande y la Costa y en buena parte se trata de vocablos relacionados con la droga y la delincuencia».

Así mismo, los jóvenes están influyendo en el lenguaje de sus padres, al contrario de lo que ocurría antes. «Los regionalismos no atentan contra el lenguaje, sino que al contrario le imprimen variedad. La vuelven una entidad viva», finaliza Espejo.

No se pierda hablando con un foráneo

Chuspa: bolsa en el Valle

Olla atómica: Olla a presión en Antioquia

Purichi: boli en Amazonas

Chorombí: Loco en Tolima

Nona: Abuela en Santander

Enzorrar: molestar en la Costa Cierre mágico: velcro en Norte de Santander

Chivo: morral en el Valle

Agregado: mayordomo en el Eje Cafetero

Corredera: cremallera en Tolima

Entundao: Atolondrado en Nariño

Charro: gracioso en Antioquia

Pipas: dulces en el Norte de Santander

Mirella: Escarcha en Antioquia Foco: bombillo en la Costa

Loca: camisa de dormir en el Valle

Manga: césped en Antioquia

Canilla: grifo en Antioquia

Indio: Olla grande en Caldas

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