Noticias del español

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| Julio G. Pesquera
www.diarioinformacion.com, Alicante (España)
Sábado, 21 de febrero del 2009

TODA UNA VIDA

La realización de un trabajo de carácter lexicográfico me ha vuelto a poner en contacto frecuente con el diccionario de María Moliner.


La realización de un trabajo de carácter lexicográfico me ha vuelto a poner en contacto frecuente con el diccionario de María Moliner. Es una obra que conocía y había consultado, pero ahora he tenido que profundizar en su contenido y se ha acrecentado mi estima por él hasta llegar a la admiración, y no sólo por el libro sino también por su autora, un ejemplo de rigor, laboriosidad y coherencia.

Aragonesa de Paniza, Zaragoza, su vida trascurrió entre libros. Principalmente se dedicó a la biblioteconomía. Trabajó en Simancas, Murcia, Valencia y Madrid. Casada con Fernando Ramón, catedrático de Física, librepensador y radical de izquierdas, tuvieron cuatro hijos. Participó junto con él en la labor educativa de la Institución Libre de Enseñanza durante la República, colaboró con las Misiones Pedagógicas y con la Junta de Adquisición de Libros e Intercambio Internacional. Con esos antecedentes, el desenlace de la Guerra Civil tuvo adversas consecuencias para ellos: Fernando fue desposeído de su cátedra y María rebajada de categoría profesional. En 1946 fue repuesto el marido en su cargo y ella dirigió, hasta que se jubiló en 1970, la biblioteca de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales madrileña, simultaneando este trabajo con la crianza de sus hijos y la redacción del Diccionario cuyos dos tomos publicó en 1966 y 1967 tras quince años de callado pero intenso esfuerzo.

Se levantaba a las cinco y trabajaba hasta la hora de ir al trabajo; por la tarde, después de una corta siesta, volvía otra vez al tajo. Así hasta redactar 3.000 páginas útiles y rigurosas. En cuanto la obra se dio a conocer, supuso un acontecimiento en el mundo de la filología, aunque no debió de sentar muy bien en algunos selectos ámbitos que una bibliotecaria hubiera compuesto un diccionario muy superior al de la Real Academia Española. De hecho, a pesar de que quizá nadie haya tenido tantos méritos para ingresar en ella, no hay duda de que las ronchas de envidia que levantó y el hecho de ser mujer —hubiera sido la primera en ocupar un sillón— motivaron que en 1972, cuando fue presentada su candidatura por Dámaso Alonso y Pedro Laín Entralgo, fuera rechazada. Su humildad le hizo sentirse reconfortada al recibir la noticia pues le horrorizaba tener que pronunciar un discurso de ingreso: «¿Qué iba a decir yo? —afirmó— si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines». Y paradojas de la vida: una persona que trabajó intelectualmente como nadie murió de alzheimer en 1981 con la cabeza absolutamente perdida.

El Diccionario de uso del español es mucho más que un diccionario al estilo tradicional y algo más que un diccionario «de uso». Evita los recorridos circulares en las definiciones que mediante sinónimos remiten a otras palabras para terminar en la de inicio. Logra huir de los bucles mediante explicaciones que caracterizan todas las acepciones de cada término. Los ejemplos de frases en los que el contexto limita cada acepción también están presentes. Además, contiene sinónimos y expresiones equivalentes pluriverbales —«dar por bueno-aprobar», «prestar atención-atender», «hacer reír-divertir»—, y cuando existe un antónimo fundamental también se hace constar, así como las palabras derivadas con prefijos, y sufijos y aquellas otras con la que cada vocablo presenta afinidad: «fe ciega», «ruido infernal», «honrado a carta cabal», «extremar la vigilancia», «burlar la vigilancia», «montar la vigilancia».

Reseña las etimologías y comienza las definiciones por el significado más próximo al origen de cada voz y, sobre todo, cita las raíces que han sido más productivas y han constituido familias numerosas de palabras. Los modismos y las frases proverbiales en relación con cada término también tienen su lugar. Las normas de pronunciación, si pueden existir dudas o particularidades que resulta oportuno certificar, tampoco faltan, y cuando un término pertenece al estrato culto o, por otras razones, es de uso restringido, se destaca en cursiva y con encabezamiento más pequeño.

Los artículos gramaticales, de reunirse todos, constituirían una gramática de uso extensa, útil, prolija incluso. La palabra «verbo» ocupa nada menos que 43 páginas en letra menuda y, aunque la complejidad de esta categoría verbal se considera extrema en español, tal amplitud da para realizar un estudio de la morfología, la sintaxis y la significación verbales casi exhaustivo. Sin que falte en cada verbo su régimen preposicional cuando resulta pertinente: «conversar con», «depender de», «jugar a».

Esta mujer, austera y retirada, pero moderna, publicó un Diccionario que ya consideraba como consonantes dobles la «ch» y la «ll» y las incluyó dentro de la letra por que comienzan, como se hacía en los diccionarios de otras lenguas, veinte años antes de que se generalizara aquí este uso.

Miguel Delibes ha sintetizado en una frase el mérito del Diccionario de María Moliner: «Una obra que justifica una vida».

Julio G. Pesquera es ex catedrático de Lengua del IES Jorge Juan.

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