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Abel Méndez

eldiario.com.co  (Colombia)

Martes, 30 de octubre del 2012

TALLER DEL IDIOMA: LOS DOS PUNTOS


«... había un casino para jugar: póker, ruleta, veintiuna…». 


Hay una costumbre errada de algunos redactores que cuando el complemento directo de un verbo es múltiple le atraviesan los dos puntos. Observemos para un mejor entendimiento: si lo jugado fuera uno solo de esos elementos, a nadie se le ocurriría anteponerle dos puntos tilde. Así: «Había un casino para jugar póker». Lo mismo cuándo son varios los elementos: «Había un casino para jugar póker, ruleta, veintiuna…».

LOS NOMBRES DE LAS LETRAS «… llevaba listas las tres p, indispensables para viajar, plata, pasaje y pasaporte, amanecía cuando llegó, tomo una buseta para Palmaseca…».
Otro error muy difundido radica en el desconocimiento casi generalizado de los nombres de las letras. Las letras tienen como nombres sustantivos comunes que se pueden pluralizar: la pe, las pes, la a, las aes. «… llevaba listas las tres pes indispensables para viajar: plata, pasaje y pasaporte, amanecía cuando llegó, tomó una buseta…». En la corrección se puede ver que antes de la lista de cosas necesarias para viajar sí se utilizan los dos puntos, pues aquí no se trata de un complemento directo. Por último, lo que parece un error de dedo: la falta de tilde de la inflexión verbal «tomó».

DECADA Y GENTILICIO. «Por los años ochentas, del siglo pasado […]. De pronto llegó a mi oficina un caballero belalcazarista…».

En las primeras columnas escritas por mí hace diecisiete años, había que insistir mucho en que los nombres de los numerales cardinales no se pluralizan, con excepción de las fechas: «visita su familia los sietes de junio». Es erróneo, por tanto decir «los ochentas» para referirse a los años entre 1981 y 1990. Se dice: «la década del ochenta».

Dudo de la legitimidad de los gentilicios terminados en -ita para lugares oficializados antes de 1992, año en el que en el Diccionario, XXI edición, aparece aprobado el gentilicio -ita, Belalcázar fue fundado a finales del siglo XIX cuando el embeleco de los gentilicios en –ita no había pasado por la mentes de sus fundadores ni por las de sus habitantes. El gentilicio de la ciudad española homónima es «belalcacereño» y éste debe ser el de la población caldense.

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