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| Miriam Velázquez Rodríguez
www.cubaperiodistas.cu, Unión de Periodistas de Cuba
Martes, 14 de julio del 2009

¡SOS A LA ORTOGRAFÍA!

La escritura correcta fue desplazada por el contenido durante años, hasta el punto de no ser considerada por muchos profesores requisito indispensable para aprobar. Ello trajo como consecuencia que, hoy, personas con relevantes títulos académicos exhiban una sarta de faltas a la hora de redactar. También su expansión, cual terrible pandemia, a todo tipo de instituciones.


Aun cuando no existen fórmulas mágicas, está demostrado que la mejor herramienta para lograr verdaderas conquistas en asuntos de ortografía es la lectura.

Y si no, vean esta joya:

Sucedió hace algunos años. El muchacho —en aquel entonces estudiante del último curso de una carrera universitaria—, me solicitó que lo ayudase a mejorar su pésima ortografía. En más de una ocasión, los profesores de la Facultad lo habían alertado de que dicho inconveniente podría impedir su graduación.

Comoquiera que para él representaba un asunto de 'vida o muerte' acepté. Así, pues, la primera sesión comenzó con el dictado de una veintena de vocablos de los archiconocidos en nuestra lengua. Aunque me había advertido de sus frecuentes dislates, no dejó de sorprenderme que al escribir el primero de ellos cometiera los tres errores posibles: aviso, fue plasmado en el papel, con h, con b y con z.

La anécdota puede parecer un tanto insólita, pero es real. Y siempre que me tropiezo con esos enormes gazapos expuestos en tablillas y carteles retorna a mi mente.

Si bien preocupa a los escolares reflejar en los exámenes las lagunas arrastradas de enseñanzas precedentes, episodios como el antes relatado constituyen la señal de alerta sobre un asunto capaz, incluso, de poner en tela de juicio el nivel de instrucción de nuestro pueblo. Si aceptamos que 'al mejor escritor se le va un borrón', como reza un viejo axioma, resulta difícil imaginar a un galeno subrayando en determinado diagnóstico ipoglisemia o diavetis, en lugar de hipoglicemia o diabetes.

Es cierto. La escritura correcta fue desplazada por el contenido durante años, al punto de no ser considerada por muchos profesores requisito indispensable para aprobar. Ello trajo como consecuencia que hoy personas con relevantes títulos académicos exhiban una sarta de faltas a la hora de redactar. También su expansión, cual terrible pandemia, a todo tipo de instituciones.

La ortografía es la parte de la gramática encargada de normalizar y regular cómo escribir un idioma, y urge, por tanto, otorgar todo su esplendor a esa maravillosa creación que es la palabra. Para su dominio no basta con aprender reglas de manera forzada. Menos vale pedir eso a las nuevas generaciones a quienes resulta difícil seguirlas.

Por otro lado, la existencia de palabras homógrafas, homófonas, y de aquellas que dado el proceso de evolución de la lengua admiten escribirse de maneras distintas, nos obligan a prestar la debida atención a sus funciones e incluso, muchas veces, a esclarecer dudas en el diccionario.

Aun cuando no existen fórmulas mágicas, está demostrado que la mejor herramienta para lograr verdaderas conquistas es la lectura, de ahí la importancia de lograr la inclinación hacia ella desde edades tempranas. Si el uso de este vital instrumento falló en algún momento, entonces, intentemos subsanar el error. Prohibamos con h y con b mostrarnos indiferentes a las cotidianas pifias ortográficas.

(Con -sin- su permiso, he hecho una modesta corrección de estilo para adaptar el lenguaje del artículo a sus posibles lectores peninsulares)

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