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¿SON LOS PERIODISTAS HOY MAESTROS DEL LENGUAJE?

Conclusiones del V Seminario Internacional de Lengua y Periodismo: «Los periodistas, maestros del español».


Si en un pasado reciente podía hablarse de la influencia que tenía el periodismo en la lengua común utilizando el concepto de magisterio, hasta el punto de considerarse que los buenos escritores periodísticos han hecho por la lengua tanto como los buenos lingüistas, dado que los hablantes se familiarizaban con la norma más por la lectura de la prensa que por la de gramáticas, diversos factores hacen que, en la actualidad, este magisterio pueda ponerse en duda:

  • Hoy la comunicación y el periodismo son principalmente un negocio. La batalla entre los medios y la aparición de nuevas tecnologías que incorporan la inmediatez, obliga a ser el primero en dar la noticia. Se escribe sobre la marcha y el lenguaje es uno de los perjudicados por esta inmediatez.
  • El periodista ya no tiene la última palabra sobre su producto. Muchos medios ya no están en manos de periodistas, sino de empresarios y publicistas a los que no les importa quebrantar el lenguaje para vender. Más que de censura al periodista se podría hablar de autocensura, la que el profesional interioriza para mantenerse en el mercado.
  • La formación escasa, el desdén por el cuidado del idioma, la repetición de modelos admirados sin cuestionar sus posibles errores o la escritura al dictado, asumiendo acríticamente el lenguaje que sirve para ocultar, que intentan imponer por los poderes políticos o económicos, son algunos de los vicios del periodismo que contribuyen a la pérdida del magisterio.
  • El magisterio se encuentra en la actualidad difuminado: lo comparten políticos, publicistas, «famosos», blogueros, opinadores espontáneos… Los medios audiovisuales se convierten en anfitriones de otras voces que no son profesionales del periodismo y que no están especialmente preocupadas por la calidad del lenguaje, mientras que buena parte de los comentaristas de foros abiertos en las páginas virtuales de medios de comunicación se caracterizan por el uso degradado de la lengua, la vulgaridad, la calumnia y en algunos casos la amenaza.
  • Información, publicidad y propaganda ideológica son conceptos cada vez más difíciles de diferenciar en los medios. La ausencia en ellos de controles de calidad favorece el «todo vale», principalmente en televisión.
  • El declive del magisterio periodístico se enmarca en una sociedad con una educación deficiente, bajos niveles de lectura y un lenguaje pauperizado, en la que la ignorancia llega a considerarse una opción y con un público de cultura fragmentaria y poco criterio (aunque, a su vez, con otras habilidades, derivadas de su familiaridad con las nuevas tecnologías).
  • Frente a estas consideraciones pesimistas, hay elementos que permiten valorar el papel de los periodistas:

  • Antes nos basábamos en el criterio de autoridad literaria; en la actualidad el criterio normativo es el uso culto general, y los periodistas representan este uso culto general de la lengua. La norma académica es, en buena medida, la que marcan los medios de comunicación, sobre todo los escritos.
  • Los medios son escaparates de nuevas palabras, muestran productos y crean el deseo de adquirirlos, y en ese sentido son un foco de irradiación de modelos. Los neologismos denominativos necesarios, los que la prensa más precisa y por tanto recoge o crea, son los que permanecen y los que, a la vez, sirven para medir la vitalidad interna de una lengua. También gran número de neologismos expresivos tendenciosos, con valor positivo o negativo, deben su nacimiento a la creatividad periodística.
  • Los medios constituyen hoy, además, el verdadero cauce de la divulgación científica, ya que acercan los conceptos especializados hasta el hablante, que los incluye en su lengua cotidiana.
  • Se producen esfuerzos conscientes por parte de numerosos medios por cuidar el idioma y difundir este cuidado. A la gente le interesa la lengua que habla. La demanda lingüística existe; hay que aprovecharla y ofrecer divulgación lingüística por medio de artículos elaborados por profesionales con formación filológica que contribuyan al mejoramiento de la competencia lingüística de los usuarios; aunque, sin lugar a dudas, la mejor divulgación es la del propio ejemplo.
  • Los periodistas siguen siendo maestros del español en el marco de la educación informal, aunque también alumnos.
  • ¿Contribuye la prensa del corazón a la vulgarización del español?

    La prensa rosa, social o del corazón, en su mecánica, debe ser igual que cualquier otro tipo de periodismo. Responde a una curiosidad que ha existido siempre, lícita, y está cada vez más presente en casi todos los medios.

    De un tiempo a esta parte, la influencia de la televisión, en la que la lucha por la cuota de pantalla se impone a cualquier otra consideración, haciendo que «todo valga», ha empezado a impregnar a otros medios. La «descortesía mediático-lúdica» e incluso la zafiedad, que aumentan la audiencia, no son exclusivas de la prensa del corazón, sino que afectan asimismo a otros ámbitos, como, por ejemplo, el político.

    El proceso de coloquialización emprendido en determinados medios de prensa del corazón para aumentar la audiencia ha derivado hacia la vulgarización, que en los medios audiovisuales se acompaña de un deficiente nivel de dicción.

    Con todo, no se puede generalizar: la trasgresión de la competencia gramatical y comunicativa solo se produce en un determinado sector de este tipo de prensa.

    Plataformas digitales

    Las nuevas plataformas son un reto para los medios de comunicación. Antes estaba claro quién era el emisor y quién el receptor. Hoy son asimismo emisores los aficionados y las máquinas. También la audiencia ha cambiado. Los receptores son ahora activos, indóciles, intervienen e interactúan entre sí. El diálogo con ellos constituye un género periodístico nuevo.

    Algunos de los mejores periodistas jóvenes escriben en Internet, pero para encontrarlos, para manejarse en ese mundo, hay que saber leer los códigos, y eso solo se consigue por inmersión.

    Empiezan a existir nuevas narrativas y nuevos canales. En este momento se necesitan periodistas que controlen sus nuevos lenguajes.

    ¿Qué se puede hacer?

  • Es necesario reforzar la formación lingüística en las facultades de ciencias de la información para que los alumnos se licencien sabiendo escribir un español lo más correcto y riguroso posible. Se recomienda, además, que a la enseñanza de la Lengua Española en los estudios de periodismo y comunicación audiovisual se le asigne una cantidad de tiempo que garantice una óptima formación y que se oriente a la consecución de las competencias lingüísticas específicas de la futura labor profesional de los estudiantes de periodismo, distinta de la de los licenciados en Filología. Esta enseñanza debería coordinares con las asignaturas de redacción periodística.
  • Los periodistas precisan una formación lingüística continua; forma parte de su responsabilidad como comunicadores y como ejemplos del uso del idioma. Las facultades de comunicación, en colaboración con las asociaciones de la prensa, deberían ofrecer cursos y encuentros de orientación lingüística que aseguren esta formación continua y complementaria.
  • Es asimismo imprescindible la recuperación de controles de calidad eficaces en los medios, especialmente en lo referido a la corrección.
  • Todo ello requiere un esfuerzo en la mejora de la educación general y un refuerzo de la enseñanza de la lengua española desde los niveles iniciales del sistema educativo, y en concreto, el fomento entre los niños del interés por la lectura y el cariño por su propia lengua.
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