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| Daniel Samper Pizano
El Tiempo (Colombia)
Miércoles, 4 de marzo del 2009

SOLUCIONES MINÚSCULAS A LÍOS MAYÚSCULOS

No contento con perseguir militarmente a las Farc, el presidente Uribe se propone aniquilarlas gramaticalmente. Ya les anunció que no busquen «escondidijos», término que ni siquiera permitirá que se oculten en el diccionario, porque allí no aparece.


Desde hace tiempos, Uribe degrada el nombre del grupo guerrillero llamándolo «la Far». Pero el más reciente y severo ataque fue haber obligado a la OEA a escribir la sigla en letras minúsculas. El 25 de febrero, la delegación colombiana ante el organismo panamericano redactó y obtuvo la aprobación de una nota donde el Consejo Permanente muestra su consternación «por la noticia del brutal asesinato de indígenas colombianos de la etnia Awá (sic), perpetrada (sic) y reconocida (sic) públicamente por las farc (sic)».

A la OEA le llamó la atención la terquedad con que Colombia insistía en que el nombre de la organización guerrillera figurase por entero en minúsculas. Pero los delegados firmaron el documento como lo pedía nuestro gobierno, pues la diplomacia prevalece sobre la gramática. Así, creyendo atropellar a las Farc, atropellaron tres veces el castellano. Primero, porque «brutal asesinato» concuerda en masculino (perpetrado, reconocido), no en femenino. Segundo, porque —a diferencia de otras lenguas— la etnia awá, como todas las etnias, se escribe en español con minúscula inicial: comanche, celta, chibcha… Y tercero, porque, según la Ortografía de la lengua española (1999), todas las siglas llevan mayúsculas completas, aunque, menos riguroso, el autorizado profesor José Martínez de Sousa dice que pueden escribirse en mayúsculas, minúsculas o versalitas (mayúsculas más pequeñas), pero siempre con la primera letra en mayúscula.

Los dos primeros errores son crasa ignorancia de nuestros representantes diplomáticos, algo que a don Rufino J. Cuervo y a cualquier profesor de castellano abochornaría. Pero el tercero es fruto de una delirante obsesión de Uribe y sus subalternos más lambones. Odiar a las Farc hasta el extremo de imponer que su nombre figure en minúsculas en documentos oficiales habla del inquietante estado emocional del Gobierno.

Algunos medios escriben FARC (El País, The New York Times, Le Monde, Clarín) y otros Farc (Jornal do Brasil, Frankfurter Allgemeine, Corriere Della Sera). Casi todas las publicaciones colombianas optan por Farc. Con intención política, el Manual de estilo de EL TIEMPO ordena: «Todas las siglas que representan nombres de movimientos subversivos, como Farc, Eln, etc., solo llevan en mayúsculas la primera letra». Pero ni una sola publicación acoge a la extravagante fórmula impuesta a la OEA.

¿Tiene esta manipulación ortográfica alguna trascendencia? Quienes afirmen que se trata de pendejadas académicas deberán aceptar, entonces, que está bien que las Farc llamen «prisioneros» o «retenidos» a sus secuestrados; el Ejército, «falsos positivos» a los asesinatos por puntaje, y los generales del mundo entero, «daños colaterales» a los civiles muertos en bombardeos.

El lenguaje no es inocente. Dice William Lutz que existe «un lenguaje inflado, diseñado para dar aires de importancia y crear la impresión de que lo ordinario es extraordinario». En este proceso de hinchazón, típico de las dictaduras, son claves las mayúsculas: el Señor General Jefe Supremo… el Benemérito Caudillo Máximo… En la maroma inversa, la aliada es la minúscula: farc, eln… (Querría saber si el Gobierno ha condenado a las Autodefensas Unidas de Colombia como AUC o apenas como auc. ¿Y el DAS es das o Das?)

El lenguaje, repito, no es inocente. Pero las cosas no cambian solo porque el lenguaje cambie. Alterarlo a veces solo esconde la realidad. Aquí se discriminaba a los negros, y ahora vetan a los afrocolombianos. Por mucho que redunden «trabajadores y trabajadoras», las mujeres siguen ganando salarios inferiores. No estamos más seguros los colombianos ahora cuando las FARC son para el Gobierno solo farc. Y los awás masacrados, aunque los escriban con A, no resucitan.

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