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| Elena Álvarez Mellado (eldiario.es, España)

«Sólo» y la tilde de la nostalgia

Lejos de ser una disquisición peregrina entre especialistas, la tilde en solo despierta ánimos encendidos en los no pocos hablantes que la defienden con pasión.

Más que la cebolla en la tortilla, más que los grumitos del Colacao, un cisma divide irreconciliablemente a las dos Españas: la tilde en sólo.

Durante años la RAE recomendó usar la tilde cuando solo fuese equivalente a “solamente”, hasta que en la Ortografía de 2010 la desterró al rincón de las tildes demodés como ya pasó con fué, á y otros vestigios acentuales.

Un reducto no despreciable (incluyendo ilustres académicos) se declaró insumiso ante esta nueva disposición ortográfica. ¿La razón? Aseguraban que sin la tilde, solo pasaba a ser ambiguo. Lejos de ser una disquisición peregrina entre especialistas, la tilde en solo despierta ánimos encendidos en los no pocos hablantes que la defienden con pasión.

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