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| NAIMA PÉREZ (laopinion.es)

Soledad Puértolas: «Estaría bien abrir un debate en la sociedad sobre los cambios ortográficos»

«En Latinoamérica nos dan mil vueltas al hablar».

 

Tomó posesión de su puesto en la Real Academia Española el pasado fin de semana. Soledad Puértolas, la quinta mujer académica, recaló ayer en Tenerife para participar en un debate cultural sobre la memoria literaria. Y lo hizo justo el día en que se dio a conocer el nombre del Premio Cervantes 2010, un galardón que recayó en Ana María Matute, con quien comparte un hueco en la institución académica.

¿Qué valoración hace de la concesión de este premio a Ana María Matute?

–Ah, pues produce una gran alegría para todos sus lectores y amigos. Es algo que veníamos deseando desde hace muchos años y por fin ha llegado.

¿Cree que se dan pocos premios de estas características a mujeres escritoras en España?

–Pues no hay mas que hacer un recuento, porque es la tercera mujer que recibe un Cervantes. Ahí están las estadísticas, no es lo que yo crea o no, es lo que hay.

La Academia tiene un poco alborotada a la opinión pública con las novedades en el alfabeto español, después de eliminar la ch y la ll y cambiar el nombre de la i griega por ye

–Se trata de la ortografía y de una serie de normas que debaten los lingüistas y especialistas de todas las academias. Yo no he estado presente en esos debates, pero me imagino que se probará a ver si funciona. Si no, tendremos que replantearlo.

¿Replantearse el qué, el recuperar las letras perdidas?

–Puede ser, es lo que he oído.

¿Pensó que estos cambios pudieran provocar tal cantidad de comentarios contrarios en la opinión pública?

–Pues no, la verdad es que ha sido curioso. Esto debería llevarnos a pensar que tal vez deberíamos abrir el debate a la sociedad para que la gente opinara sobre la Lengua, ya que interesa tanto. Quizá esas reacciones son una llamada de atención para que debatamos estos asuntos de una forma más general, pienso yo.

¿Nos vamos a llevar alguna otra sorpresa en ese sentido? ¿Peligran la h o la ñ?

–Bueno, la ortografía no está fijada para toda la vida y puede cambiar, pero lo que de verdad sería bueno es que estos asuntos se debatieran más ampliamente.

¿Podría abrirse al respecto un debate ciudadano?

–Sí, por qué no. No estaría mal.

Ocupa usted el asiento g minúscula. Elíjanos algunas palabras que le gusten que empiecen por esa letra.

–Pues hay muchas que me gustan, como gracia, gente o gentil. Y luego hay muchas muy bonitas que llevan la g en medio, como enigma, sigilo…

¿Se siente cómoda con la g?

–Sí, muy cómoda.

Le podía haber tocado otra letra, quizá

-Por supuesto, cualquier letra, pero la g, por su forma, me gusta.

¿Cómo se siente ante un colectivo mayoritariamente masculino como es la Academia?

–Digamos que es una situación que no es la normal, en el sentido de que hay muchas mujeres que escriben y podrían estar en la Academia. Lo veo como lo que es: una institución que cambia muy lentamente, sobre todo porque la forman personas y éstas se van abriendo poco a poco a los cambios.

¿Sería partidaria de cambiar determinadas definiciones de palabras del diccionario, como la de matrimonio?

–Desde luego. Soy partidaria de revisar siempre las definiciones. Si es por mí, se puede cambiar la definición de matrimonio para adaptarla a los tiempos actuales.

¿Viven las letras hispanas un momento dulce después de la concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa?

–La verdad es que lo de Vargas Llosa ha sido muy importante, porque le ha dado a la lengua castellana ese empujón de méritos cara al mundo, relevante para una lengua como la nuestra que se habla en tantos países.

En su discurso de ingreso en la Academia dijo que la lengua ha sido siempre su aliada. ¿Cómo se siente alguien como usted ante las patadas continuas que muchos políticos de nuestro país dan al diccionario en sus intervenciones públicas diarias?

-Pues es lo que pasa en este país y es una pena, porque no cuidamos el vocabulario ni nuestra lengua, siendo algo que interesa tanto.

Parece mentira que no nos esmeremos y no hayamos logrado que la gente valore saber expresarse bien. Una persona que sabe expresarse es alguien que va a saber comunicar mucho y mejor. Esto es un signo de que la lengua no ha ocupado en la enseñanza el papel que debería haber ocupado. Convendría reflexionar sobre esto desde todos los estamentos.

¿Podría citarnos algún ejemplo de esas patadas al diccionario?

–Pues son constantes, pero ahora no puedo poner un ejemplo concreto, porque no lo recuerdo . Es algo continuo cuando los oímos hablar en televisión.

¿Deberían los políticos hacer cursos básicos de cómo hablar correctamente en público?

–No sólo ellos; todos deberíamos hacerlos. Pero el político, si de verdad es consciente de lo que tiene entre manos, que es la lengua, debería hacerlo por su cuenta. Creo que el drama de muchas personas es no saberse expresar ante los otros. Es decir, tienes que resolver una gestión y si no sabes expresarte no te van a entender; eso te pone en inferioridad de condiciones. Parece que ahora se ha invertido el orden y quien grita más es el que gana, cuando realmente el enfoque sería que gana el que mejor se expresa. Se ha sustituido la capacidad de expresión por el volumen de la voz.

¿Qué lectura hace de la crisis económica que vivimos?

–Nos hemos dejado llevar por todos los puntales de esta sociedad que han querido meterse en unas aventuras financieras bancarias impresionantes y que hemos seguido todos sin criterio alguno. Desgraciadamente, tiene tanta fuerza el capital y dependemos tanto de los valores económicos que reestructurar todo este sistema, por lo que vemos, es muy difícil. Estamos en una especie de extraño callejón al que no se le ve la salida.

¿Recuerda el último libro que compró?

–Fue la novela Las batallas perdidas, de Eudora Welty, una escritora americana, aunque aún no he empezado a leerla.

¿Envía mensajes de texto desde su móvil?

–No, ni los recibo tampoco.

Lo preguntaba por la influencia de ese nuevo lenguaje creado, especialmente por los más jóvenes, para comunicarse a través de mensajes de texto del móvil

–Bueno, es otro lenguaje, el de los sms, no es el Lenguaje con mayúsculas. Lo importante es saber expresarnos cuando hablamos. Ocurre como con los telegramas de antes, en los que se eliminaban los artículos, porque cada palabra costaba dinero.

¿No debemos preocuparnos por que la lengua pueda desvirtuarse?

–Yo no me preocuparía, francamente, porque eso va por otro lado. Lo que debemos valorar es la forma de expresarnos.

No se da al lenguaje el espacio que necesita en el sistema educativo de este país, quizá

–Claro, ahí está el problema. Si se les educara correctamente para escribir y hablar no tendríamos por qué preocuparnos. Lo que no se cultiva ni se valora hoy es la expresión oral, el poder hacer un resumen de algo, el captar la esencia de las cosas a través del lenguaje. Ésa es la pérdida. A un mensaje de texto escrito con ese tipo de lenguaje no le daría importancia si supiéramos cimentar bien nuestra capacidad para valorar la lengua y de hacerla nuestra.

Entonces, en términos generales, los españoles no nos expresamos bien

–Creo que no es España un país que se distinga por saber expresarse bien. Cuando vamos a Latinoamérica nos asombramos de lo bien que se expresa todo el mundo, desde el primero hasta el último. Qué capacidad tienen, cómo hilan todo, porque han valorado mucho más la expresión y han sido capaces de ver que la lengua era fundamental para ellos. De hecho, nos dan mil vueltas a la hora de hablar. Cuando regreso a España después de un viaje a Latinoamérica pienso: «¡Pero qué cortedad la nuestra, qué poca expresividad, qué mal utilizamos el lenguaje, qué poco lo utilizamos, en definitiva!».

Incluso, esa buena expresión hablada en Latinoamérica la tienen personas que no han recibido una educación básica

–Efectivamente, cualquier campesino de clase humilde habla mil veces mejor que una persona que aquí tiene buenos estudios. Eso ocurre porque allí han tenido un planteamiento diferente con la lengua y eso se nota incluso en la admiración con la que se refieren a ella, con un respeto y un orgullo que nosotros no tenemos.

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