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| Paula Echeverría (Noticias de Alava.com, España)

Soledad Puértolas, escritora y académica de la RAE

«Se está perdiendo el buen uso del lenguaje, y se pagará»

 

Consciente de la necesidad que tiene todo ser humano de comunicarse, Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) incide en la importancia de cuidar la lengua, a la que desde este año está más ligada aún, por su ingreso en la RAE. La escritora habló el martes de su obra en Pamplona y Estella (España).

Recuerda que le encantaba que le leyesen cuentos cuando era pequeña, y cree que ese hábito debería recuperarse hoy. «A escribir y a expresarse bien se aprende leyendo», dice Soledad Puértolas. La autora aragonesa ultima su discurso de ingreso en la RAE, que leerá en poco más de un mes y versará sobre el Quijote, y trabaja ya en una nueva novela, después de su último libro de relatos Compañeras de viaje.

¿Cómo lleva su discurso de ingreso en la RAE?

Estoy en ello, todavía no hay fecha fijada, pero será a finales de noviembre. He elegido hablar de el Quijote porque pensé que los creadores le tenemos siempre mucho respeto a hablar de los libros importantes, son sólo casi materia de análisis de los lingüistas y los especialistas, y quiero tener también esa osadía. Además, es una manera de demostrar que, como yo, puede leerlo más gente. Es un gesto de querer acercar las grandes obras y de perderles ese respeto disuasorio. Un respeto, cuando es disuasorio, es mejor dejarlo y ser un poquito más irrespetuoso (ríe).

¿Qué supone para usted ser la quinta mujer académica de la lengua?

Desde luego una sorpresa, era algo que no consideraba en mi vida, veía la Academia como algo de otro mundo. Los escritores andamos muy erráticos y perdidos por la vida, y esa sensación de pertenencia a la lengua, a aquello a lo que dedicas tu vida, produce mucha satisfacción.

¿Por qué dice que los escritores siempre andan erráticos y perdidos?

Porque es verdad, ¿qué nos liga? No tenemos una misión clara, pero la lengua está por encima y por debajo, entonces es una posición de búsqueda continua de expresión, de situaciones, de momentos… Es una manera de estar en el mundo, buscando.

¿Es de la opinión de que como mejor se aprende a escribir es leyendo?

Desde luego es uno de los grandes aprendizajes. Sobre todo para utilizar correctamente la lengua, porque leyendo a los buenos escritores te das cuenta de cómo se construyen las frases, y eso te va dejando un poco de un uso muy rico de la sintaxis, la gramática… Cuanto más facilidad tenga uno para eso, mejor podrá expresar sus ideas.

Con el móvil, los mails, los chats, etcétera, ¿se está perdiendo el buen uso del lenguaje?

Sí, se está perdiendo, y yo creo que eso desgraciadamente se pagará, porque el lenguaje es nuestro método de comunicación y de expresión más rico, y si lo perdemos vamos a empobrecer nuestra capacidad de expresarnos, de comunicarnos. Ahora, yo pienso que como necesitamos por encima de todo comunicarnos y expresarnos, tendremos que reajustar ese lenguaje; no sé cómo, pero desaparecer no puede desaparecer.

¿Qué lee Soledad Puértolas?

Pues aparte de los clásicos a los que siempre recurro, y en este caso aparte de el Quijote, una vez más, leo literatura de todos los países. Hay varias editoriales que me suelen enviar las novedades y siempre les echo una ojeada y estoy al tanto de lo que sucede. Soy muy lectora.

¿Ahora está con algún libro en concreto, aparte del de Cervantes?

Pues estoy con uno de un autor sirio, Rafik Schami, que se llama El secreto del calígrafo. Bueno, es un libro entretenido.

En su último libro, Compañeras de viaje, vuelve a apostar por los relatos. ¿Qué encuentra en el género breve que no lo haga en la novela?

Una expresión más cercana a la poesía, más de fogonazos, con una mirada que busca sobre todo ese instante, ese personaje que de repente te revela algo… Los relatos son como fragmentos de vida. Realmente creo que me gustan más que la novela, aunque ésta tiene una sensación de peso y tiempo que también es muy agradable de tener entre manos.

¿A usted le leían cuentos de pequeña?

Sí, me leían cuentos de pequeña, porque fui muy enfermiza, tuve muchas enfermedades, sobre todo el tifus, que pasé aquí en Pamplona, y ahí me leían cuentos y me encantaba.

¿Cree que eso se hace hoy lo suficiente con los niños?

No, yo creo que no se hace o se hace poco. Hoy hay tantas otras cosas… Entonces teníamos sólo la literatura, que es sólo y es mucho, y eso nos daba pie a desarrollar más la imaginación y el lenguaje.

Volviendo a su último libro, ¿quiénes son esas «compañeras de viaje»?

Aquellas mujeres que acompañan a su marido, o a alguien, a un viaje de negocios. Son las compañeras de viaje, no las que tienen el viaje entre manos. Pero tienen el día libre y deben inventarse sus metas y su propio viaje… Esa faceta me interesó.

¿La mujer no se ha quitado todavía la condición de «compañera de»?

Va cambiando, y ahora ya se dan situaciones a la inversa, en las que la mujer es la que hace el viaje de negocios. Pero tradicionalmente el que tiene la meta externa a la familia es el hombre. Las mujeres de mis relatos representan más a la generación de mi madre. En el origen de este libro están los viajes de mi madre y de mi padre, y la pregunta que me podía hacer de pequeña, que ni siquiera sé si me la hacía, pero que me la hice luego de mayor: ¿Qué hace mi madre mientras mi padre está en sus reuniones de trabajo?

¿Los relatos tienen tantas versiones posibles como lectores que los lean?

Desde luego. Eso se ve muy claro en los clubes de lectura y en las discusiones sobre libros, cada persona interpreta a un mismo personaje de una determinada manera, incluso le da un físico distinto. Leemos con lo que somos, con la carga de nuestras lecturas, de nuestras vivencias y de nuestra visión de las cosas.

¿Cuando escribe piensa en un tipo de lector o es contraproducente?

No sé si es contraproducente o no, pero yo no lo hago. Nunca pienso en el lector de una manera clara. Como yo soy mi propia lectora, a lo mejor lo que tengo dentro es lo que me va guiando. Hasta qué punto luego otros se pueden identificar con eso, nunca lo sé, y es una pregunta que no merece la pena hacerse, ya se verá.

¿Le gusta la idea de ver sus obras en soporte electrónico?

Bueno, pues lo que toque. Hay que ir con los tiempos, claro, ¿por qué no? No las he visto todavía, pero no tengo ningún inconveniente. Los inventos son los inventos, y si se utilizan bien y se mantiene la posibilidad de los derechos de autor, que es lo que hay que estudiar, pues claro.

Después de Compañeras de viaje, ¿trabaja ya en un próximo libro?

Sí, estoy muy metida en una novela intensa y desgarrada. No puedo decir más, sólo que es muy distinto a lo último que he hecho.

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