Noticias del español

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| Ilan Stavans
El Diario La Prensa, Nueva York (EE. UU.)
Martes, 2 de septiembre del 2008

SOBRE EL DOBLAJE

Estuve en Madrid hace unas semanas y una vez más sentí vértigo al entrar al cine. Dudo que España sea el único país que se aferra obsesivamente al doblaje como una de las formas de entretenimiento pero el país debe contarse, a mi gusto, entre los más retrógrados a nivel cultural. En un universo políglota como el nuestro, y más aún en Europa donde la gente monolingüe está en proceso de extinción, ¿qué justificación tiene el doblaje?


La costumbre no termina por morir en TV. Soy de la generación que creció en Ciudad de México con Star Trek doblado al español. El público ya está acostumbrado a que los labios tenga un ritmo y el sonido que emitan otro distinto. En la ópera moderna hay subtítulos electrónicos en la parte superior del escenario. Asimismo, he visto obras teatrales subtituladas de esa manera.

Aceptamos el doblaje en televisión porque la calidad que esperamos de la pantalla chica es mínima. En comparación del cine, es un pasatiempo olvidable. El cine es —o debería ser— más ambicioso, más sofisticado, más exigente. En 1986, cuando visité el país por vez primera, vi el film Manhattan de Woody Allen en castellano. Sé que el tono original de la película es cómico pero a lo que fui expuesto era esperpéntico. Nadie sesea el idioma de esa manera en Nueva York.

En esta ocasión entré a ver una película rumana que ganó el premio principal en el Festival de Cannes: Cuatro meses, tres semanas y dos días. La tortura, aunque en escala menor, fue igualmente insufrible.

Me inquietan las varias acepciones de la palabra doblar: aumentar una cosa, haciéndola el doble de lo que era; aplicar una sobre otra dos partes de una cosa flexible; pasar a otro lado o dirección. Ninguna de ellas se asemeja al acto de ocultar un lenguaje a favor de otro.

¿Por qué nos disgusta el doblaje? Porque falsifica la identidad. Porque sugiere que el poliglotismo es una aberración. Porque ignora el hecho de que todo lenguaje es una expresión de una cultura específica y que, como tal, es irremplazable.

De vuelta a la etimología, el doblaje hace pensar en la novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde: es sobre un impostor, un yo ajeno.

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