Noticias del español

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| José Vanegas Mejía
el-informador.com, Colombia
Viernes, 12 de febrero del 2010

SOBRE CAMBIOS EN LA ORTOGRAFÍA

Hace algunos años pasó por Santa Marta (Colombia) un animoso ex sacerdote dispuesto a gastar el resto de sus días en el empeño de reformar la ortografía de la lengua castellana. El intrépido institutor consideraba innecesarios algunos caracteres que sirvieron a Cervantes y a otros clásicos en épocas pasadas; en la actualidad, aseguraba, esas letras y fonemas no eran sino un lastre, un estorbo que nuestro idioma arrastra con el ánimo de complicar la expresión de las ideas.


Entre las recomendaciones de este clérigo estaba la supresión definitiva de la letra g antes de la e y de la i; se usaría en su remplazo la j. Esta preocupación ya la había resuelto el poeta español Juan Ramón Jiménez, quien escribía todas las palabras que tuvieran la combinación ge, gi.

Si queremos ser estrictos y suprimir todo lo que en tiempos pasados era correcto, habría que excluir de nuestra lectura muchísimas obras de Góngora, pues el acervo de cultismos que hallamos en Fábula de Polifemo y Galatea, por ejemplo, aún hoy dificulta la plena comprensión de esa obra.

Pero no olvidemos que por algo es Góngora el máximo exponente del culteranismo. Y si es cierto que actualmente podemos encontrar el Poema de Mio Cid en prosa sencilla, debemos saber que no pueden compararse esas 'traducciones' con el lenguaje que aparece en el Mio Cid original. Hay, además, una perdida sustancial en esas simplificaciones de la obra original.

Volviendo a nuestro clérigo reformador de la ortografía, al tiempo que exponía sus criterios para el cambio lingüístico vendía dos libros con textos en los que aplicaba los cambios propuestos. Valía la pena leerlos porque en realidad dejaban bien sentada no sólo la erudición de su autor sino su conocimiento y aplicación del arte poético.

Otros muchos intentos de cambio en la ortografía se han producido en la lengua castellana. Estuvo de moda la supresión de la partícula o terminación -mente, que forma adverbios a partir de adjetivos. Ejemplos: simplemente; alegremente y miles más.

Esa partícula evita tener que utilizar toda una expresión adverbial: en forma simple; de manera alegre. Después de este intento de cambio, los adverbios en -mente siguen campantes en nuestra lengua.

El uso de la letra h siempre se cuestiona cuando se trata de introducir cambios o supresiones en nuestro idioma. No se salvan de esos intentos ni la ch ni la rr.

En cuanto a la preferencia entre b/v y c/s/z las razones que se esgrimen no tienen la fuerza suficiente para hacernos olvidar que el latín vulgar y el español arcaico consolidaron el uso de estos fonemas. Como gran conclusión podemos afirmar que la lengua es un sistema y por lo tanto pertenece a todos los hablantes de una comunidad.

El habla, en cambio, es la realización individual que hacemos de la lengua. Por eso podemos cambiar fácilmente el habla, pero las transformaciones en la lengua se producen en forma lenta, es decir, requiere siglos.

Parece que algunos intentos de cambios en la ortografía surgen de la pereza de muchas personas para aprender normas que en realidad no son difíciles. Si hablamos y escribimos como nos provoque, qué fácil sería todo.

Sin embargo, con lenguajes particulares, con código individuales, la comprensión sería imposible. Por otra parte, no se puede hablar de «mala ortografía» pues por definición ortografía es la menara de escribir correctamente las palabras de una lengua. Las que sí existen son las faltas ortográficas.

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