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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Lunes, 10 de mayo del 2010

SIN RODEOS

Entre el amigo que sufre «cefaleas agudas» y el que tiene «dolores de cabeza tremebundos», es evidente que el segundo será comprendido por un mayor número de personas.


El lenguaje llano es la base de una comunicación clara y directa. El miércoles pasado, la sección de Tendencias publicó un reportaje sobre la nueva reglamentación de los alimentos funcionales, esos que dicen tener propiedades terapéuticas.

En los «Principios para evitar engaños», el último punto reza: «El consumidor medio puede entender la declaración». Es decir, que el redactado de las instrucciones, de los manuales, de los prospectos… debe emplear un lenguaje claro y directo.

En un folleto distribuido recientemente por el Ayuntamiento de Barcelona sobre el derecho a una muerte digna, en una esquina decía: «Textos de lectura fácil». Tirando del hilo, descubrí que la sede del Collegi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya alberga la Asociación Lectura Fácil.

Constituida en el 2003, esta entidad se dedica a adaptar «a un lenguaje llano textos legales y documentos informativos para instituciones y empresas que quieren mejorar la comunicación». Ese lenguaje llano consiste en evitar palabras demasiado técnicas, frases de sintaxis compleja y una presentación poco clara. Así de simple.

¿Y dónde queda la literatura?, dirán unos. ¿Ahora hemos de empobrecer nuestro lenguaje?, dirán otros. No se trata de literatura, sino de lograr una comunicación óptima en cuestiones públicas. La asociación hace hincapié en que un 30 % de la población tiene dificultades lectoras.

Tal interés social nació en Estados Unidos y, paralelamente, en los países nórdicos un movimiento similar fijó su atención en las versiones de libros para personas con dificultad de comprensión. Así, que los literatos sigan escribiendo sus grandes obras, con metáforas, dobles sentidos y analepsis si lo creen conveniente, que, luego, los técnicos en lectura fácil pondrán la historia en orden cronológico, dejarán una sola línea argumental y reducirán el número de personajes, todo ello con letra clara y espaciados generosos. Las directrices las ha establecido la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias.

De este modo, al escribir en lenguaje llano se consigue «una comprensión rápida de los textos; una comunicación más eficaz y cercana con el público destinatario» y, en definitiva, «dar un paso más a favor de la población, especialmente de ese treinta por ciento mencionado.

Propósitos nobles propios de una sociedad avanzada e integradora.

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